Cómo puede el sucesor de Starmer controlar los mercados del Reino Unido
No parece necesario ni probable un festín de gasto por parte del próximo primer ministro

El sucesor de Keir Starmer y los mercados de deuda podrían aprender a convivir. Los fuertes rumores sobre la salida del primer ministro británico han elevado la rentabilidad del bono a 10 años por encima del 5% –su nivel más alto desde 2008– ante el temor de un giro a la izquierda. No obstante, un festín de gasto ilimitado no parece necesario ni probable.
El posible cese de Starmer tras los malos resultados en las elecciones locales ya sacude los activos del Reino Unido. El interés de la deuda a 10 años ha subido desde hace una semana por la presión de parlamentarios que exigen su dimisión. El riesgo es que un relevo de tendencia izquierdista, quizá el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, prometa gastos excesivos durante su campaña. Los inversores temen un aumento del déficit y una deuda pública que alcanzó el 94% del PIB en marzo.
La sombra de Liz Truss es alargada. Su “minipresupuesto” de 2022, cargado de rebajas fiscales sin fondos, provocó un plante en el mercado de bonos que elevó la rentabilidad 70 puntos básicos en cuatro días, hasta el 4,5%. El interés actual ya supera aquel nivel en 60 puntos, aunque obedece más a la inflación persistente y al shock energético por la crisis de Irán.
El nuevo líder debe evitar ataques gratuitos a las instituciones fiscales. La ministra de Hacienda, Rachel Reeves, lo ha evitado publicando las previsiones de la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria junto a su Presupuesto. También defiende reglas fiscales que exigen equilibrio y reducción de la deuda.
Pero estas normas son flexibles. Reeves espera equilibrar gastos e ingresos –sin contar inversiones– para 2028/29. Esa meta podría posponerse un lustro sin que Londres parezca un caos fiscal. Otra opción es compensar el gasto con recortes en otras partidas.
Los inversores pueden ver los retoques como el inicio de algo peor. Sin embargo, el sucesor ganaría puntos si anunciara una reforma del amplio Estado del bienestar, algo que Reeves y Starmer han evitado. Recortar ahí financiaría rebajas en los impuestos al empleo, lo que impulsaría el crecimiento sin dañar las arcas del Estado.
El relevo de Starmer quizá quiera nacionalizar servicios públicos o vivienda. No tiene por qué salir caro. Poner la débil Thames Water bajo administración judicial, por ejemplo, apenas requeriría más deuda pública. Bajar el agua o la luz elevaría la confianza del consumidor y frenaría el IPC, aunque a costa de los accionistas.
Quien sustituya a Starmer tiene margen de maniobra para girar a la izquierda sin ser devorado por los vigilantes de los bonos. El riesgo es que opte por fuertes alzas salariales en el sector público, como Reeves y Starmer. Pero el miedo a correr la suerte de Truss frenará sus impulsos más radicales.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías