Prohibir las exportaciones de petróleo de EE UU es una mala idea cada vez más probable
Se trata de una solución fácil... y sencillamente errónea

Para cada problema existe una solución fácil que además es sencillamente errónea. Una prohibición de las exportaciones de petróleo de EE UU encaja perfectamente en esa categoría.
Compradores asiáticos y europeos, desesperados por encontrar sustitutos al transporte por el estrecho de Ormuz, buscan en otros mercados. EE UU resulta ser un gran productor. Donald Trump presume del suministro. Se jactó en las redes sociales de la existencia de numerosos petroleros vacíos y en ruta hacia el país. El país que lidera ya exporta 4 millones de barriles diarios y, además, es el mayor exportador de gasolina. Vender más en el exterior elevaría de forma natural los precios en casa.
El diésel en la costa del Golfo de EE UU ya cuesta un 50% más que a comienzos de marzo. La triplicación del número de grandes petroleros con destino a esos puertos, según el rastreador de carga Vortexa, acelerará esa tendencia.
Los altos precios de la energía son kriptonita política y la Casa Blanca gusta de proyectar una imagen populista. El secretario de Interior, Doug Burgum, dijo en marzo a ejecutivos del sector petrolero que no se estaba valorando una prohibición de las exportaciones, informó Politico. Si los precios se disparan lo suficiente, empero, las autoridades podrían verse presionadas para reconsiderarlo.
Cualquier bloqueo a las salidas introduciría nuevas distorsiones en el mercado. Los perforadores recibirían una señal de precios más débil para subir la producción. Además, aunque el auge del fracking en EE UU extrae ahora abundante petróleo relativamente puro, muchas refinerías nacionales fueron diseñadas para procesar crudo pesado y barato, cargado de impurezas. Para compensarlo, el país vende el primero en el exterior e importa el segundo.
Una prohibición de las exportaciones dejaría a EE UU con un excedente de crudo ligero y dulce. Las refinerías pueden adaptarse, pero con costes de oportunidad. Caros equipos de depuración quedarían infrautilizados, y no existe capacidad suficiente para gestionar todo el exceso. Además, el petróleo ligero de EE UU tiende a producir nafta pesada utilizada para la gasolina. Este tipo de derivados se vende en el exterior. Una prohibición del crudo incrementaría el desequilibrio, dejando al país con más gasolina y menos diésel.
Por último, la producción, el transporte y el refino de crudo constituyen uno de los sistemas más complejos del mundo. Alterar de forma repentina los flujos introduciría resultados imprevisibles. Las recesiones en otros lugares también dañan a la economía de EE UU. El crudo y los productos relacionados ya escasean. Hacer menos eficientes a las refinerías del país no ayudará, y una prohibición invitaría a represalias. En este caso, una respuesta sencilla dejaría abiertas muchas preguntas difíciles.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías