Hacer populismo con pólvora de rey
Subir el salario mínimo no puede ser el tapacríticas utilizado para todo

“Hemos subido el salario mínimo” se ha convertido, casi, en el único mantra-comodín repetido por los publicistas del Gobierno cuando les aprietas un poco ante la evidencia de que no sse han aplicado políticas socialdemócratas de redistribución de renta y riqueza, lo que les convierte en un Gobierno cargado de medidas populistas, pero no socialistas.
Según cálculos de Funcas, el reparto del crecimiento económico durante estos años se ha realizado en un 42% para las rentas del capital (con el Ibex 35 en máximos históricos), un 28% ha ido a impuestos y solo un 13% a rentas salariales. Si estas han experimentado un aumento en su participación dentro de la renta nacional en España se debe al aumento en el número de asalariados, pero no al aumento en las remuneraciones salariales. Cuando confrontas a los apologistas del Gobierno con la evidencia de que los salarios medios, en términos reales, del conjunto de los asalariados no han ganado apenas poder adquisitivo durante los ocho años de presidencia de Sánchez porque la cesta de la compra y los gastos en energía han subido mucho, toda su respuesta es: “Pero hemos subido el salario mínimo”.
Bajo el mandato de Sánchez, los precios de la vivienda, tanto en compra, como en alquiler, han experimentado subidas históricas. La principal explicación es la escasez de oferta, porque hemos acumulado varios años en los que, en parte por prejuicios ideológicos izquierdistas, se ha construido mucho menos que hogares nuevos se creaban. Este hecho ha llevado al Informe Cáritas a clasificar la vivienda como el principal factor de exclusión social hoy en España, sobre todo para los jóvenes. Cuando hablas de esto con un partidario del Gobierno y mencionas que este no ha entregado ni el 7% de las 185.000 viviendas sociales prometidas, su respuesta es: “Pero hemos subido el salario mínimo”.
En los años de Gobierno de Sánchez, la tasa Arope de exclusión social se ha mantenido prácticamente inalterable en el entorno del 26%, aún con la aprobación del Ingreso Mínimo Vital. A pesar del crecimiento económico experimentado, seguimos estando a la cabeza de Europa en tasa de pobreza infantil, y crece el número de trabajadores pobres, porque el 48% de los contratos laborales son precarios (la reforma laboral ha sustituido la temporalidad por otro tipo de precariedad). Sin embargo, la respuesta de los sanchistas es: “Hemos subido el salario mínimo”.
La presión fiscal ha aumentado durante los años de mandato de Sánchez más del doble que en los países de la OCDE. Pero, sobre todo, la llamada cuña fiscal, diferencia entre el coste del trabajador y el salario neto que se lleva a casa, ha crecido mucho estos años debido a tres hechos: la subida de cotizaciones sociales incluida en la reforma de las pensiones (Mecanismo de Equidad Intergeneracional), el aumento de las bases y, sobre todo, por la decisión de no deflactar, no ajustar, la tarifa del IRPF al fuerte aumento producido en la inflación. En conjunto, se calcula que, durante el periodo, la cuña fiscal ha crecido unos 2.500 euros al año. Pero, ya se sabe: “Hemos subido el salario mínimo”.
La revalorización de las pensiones por el IPC ha reducido la brecha existente entre pensión media y el salario medio hasta el punto de que los nuevos pensionistas (propietarios de su piso, en general) cobran más que el salario más frecuente de los jóvenes y trabajadores menos cualificados (sin acceso a la vivienda). Esta política electoralista de pensiones genera fuertes déficits contributivos, que se calculan en unos 30.000 millones de euros anuales, además de un aumento de las cotizaciones sociales, que encarece el factor trabajo. A pesar de los serios problemas que esto genera al Estado y al sistema económico, ya se sabe, no importa porque: “Hemos subido el salario mínimo”.
España ha resuelto cerca de 54.000 millones de euros en proyectos asociados a los fondos europeos Next Generation de los casi 80.000 millones asignados. Su ejecución no llega al 40% en parte por exceso de burocracia y por la baja capacidad de absorción por parte de las Administraciones públicas. Pero se ha regado la economía con bastante dinero, cuyo impacto real sobre un cambio de modelo productivo o una mejora en la productividad está siendo lejos de ser evidente. Parece que ha sido una oportunidad perdida, al no cumplir su propósito de transformar la economía española por un mal diseño inicial, una excesiva vinculación a las inversiones públicas corrientes y una peor ejecución posterior. Pero, a cambio: “Hemos subido el salario mínimo”.
España acumula una fuerte infrafinanciación tanto en infraestructuras esenciales como de reposición y mantenimiento. No viene de ahora, ya que en 15 años la inversión total en infraestructuras ha descendido un 60%. En agua, medioambiente y energía, por sí solos, se calculan como necesarios 200.000 millones más de euros, por no hablar del mantenimiento de las carreteras o los ferrocarriles. Alguna responsabilidad tendrá, después de ocho años, el Gobierno actual. Pero, claro: “Hemos subido el salario mínimo”.
Y sí, desde que Pedro Sánchez llegó a la presidencia del Gobierno, el salario mínimo interprofesional ha subido casi un 70% en términos nominales. Es imposible que algo así no tenga impacto en el mercado laboral, ni sobre los costes y los márgenes en las pymes. Según el estudio realizado por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, el principal efecto ha sido aumentar el número de trabajadores que lo perciben, pasando de 540.000 en 2018 a los 2,5 millones actuales. Es decir, no ha desplazado al alza la estructura salarial, sino que la ha concentrado en el nivel más bajo, por lo que se ha producido un cambio en el perfil de los perceptores del SMI, extendiéndolo a trabajadores de mayor edad y afectando de forma negativa, incluso, a trabajadores con mayor cualificación profesional.
Haber subido el salario mínimo no puede ser el tapacríticas utilizado para todo. Porque, además, el Gobierno lo sube, pero ¿saben quién lo paga? Pues eso, hacer populismo con pólvora de rey.