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La tribuna de los fondos
Opinión

Una casa con dos pilares

Todo sistema, desde las relaciones personales a los mercados financieros, necesita una base sólida

Un 'trader' de la Bolsa de Nueva York con una cruz de ceniza en la frente, este jueves. Brendan McDermid (REUTERS)

Las previsiones de principio de año son ya una costumbre. Todo el mundo intenta hacerse una idea, más o menos certera, de cómo será el ejercicio al que nos enfrentamos. Sabemos que es imposible conocer el futuro con precisión, pero el análisis sirve, al menos, para descartar situaciones extremas. En 2026, sin embargo, el problema es otro: cuesta eliminar escenarios que se alejan del consenso y, aun así, son plausibles.

Tomemos, por ejemplo, Europa. 2026 debería ser el año en el que tendríamos que ver el impacto positivo de las políticas fiscales expansivas. El fondo de 500.000 millones de euros que Alemania va a inyectar gradualmente a su economía (amén del gasto en defensa del resto de países europeos) debería empezar a relanzar el crecimiento y a estimular una demanda interna que lleva demasiado tiempo anestesiada.

Sin embargo, muchas cosas pueden salir mal. Europa, y en especial Alemania, es una economía abierta, y por mucho dinero que inyecte el gobierno, si la demanda global no se recupera, el cuadro puede quedar incompleto. Además, el tipo de cambio vuelve a ser un factor clave. La fortaleza del euro penaliza el incremento del PIB, al tiempo que añade presiones deflacionistas. Esta circunstancia, ignorada hasta hace poco, abre una pequeña ventana a nuevas bajadas de tipos en la eurozona. Por ahora es un escenario improbable (el mercado descuenta apenas un 25% de posibilidades de ver una bajada de tipos), pero ya es una situación que se incorpora a la discusión. Es solo un ejemplo de la incertidumbre que atraviesa el mercado estos días. La volatilidad de la renta fija se ha desplomado y quizá no sea por la claridad del futuro, sino precisamente por todo lo contrario; el futuro es tan incierto que nadie sabe a qué carta quedarse.

Si cruzamos el Atlántico, la incertidumbre se transforma directamente en esquizofrenia. Los datos macroeconómicos buenos suceden a los malos y viceversa. La Fed se mantiene firme (hagamos siempre caso a la Fed, por favor) en su prudencia, mientras que el mercado insiste en añadir apuestas sobre los recortes de tipos. Trump marca la pauta de tipos bajos y dólar débil, al tiempo que impulsa un candidato a gobernador de la Fed, conocido por su tendencia a controlar la oferta monetaria, y al que se va a exigir bajadas de tipos.

A pesar de esto, contamos con dos buenos puntos de anclaje en este entorno, y que son las dos principales circunstancias que están sosteniendo al mercado: la liquidez y los beneficios empresariales.

La liquidez es el soporte principal, es la gasolina de un coche que sigue acelerando, aunque vengan curvas. Todos los factores apoyan la liquidez abundante; la oferta monetaria, los tipos de interés bajando, la debilidad del dólar, los diferenciales de crédito en mínimos, el fin de la reducción de balance de la Fed… todo ello permite una corriente de dinero constante que alienta la subida de los activos de riesgo (oro y plata incluidos).

El reverso negativo de esta afluencia de liquidez estriba en que, como en una subasta en la que todo el mundo puja por el mismo cuadro y se acaba pagando por este más de lo que vale, la abundancia de capital encarece los activos y reduce los retornos futuros. Quizá no sea algo que vayamos a ver en unos meses, pero los retornos sufrirán estos excesos, en la medida en que los múltiplos corren más que los beneficios a la espera del milagro de productividad de la IA.

Dicho esto, mientras haya liquidez, se incrementan las posibilidades de continuar con el mercado alcista. Si los tipos continúan bajos, la oferta monetaria creciendo y el crédito abaratándose, el dinero irá fluyendo a la economía y a los mercados. Sin embargo, esto no puede ser un circuito infinito. La inflación es una amenaza real (aunque ahora no hablemos de ella): si se sigue incrementando la demanda de bienes y servicios y no se crea una oferta equivalente, los precios tenderán a subir. Siempre ha sido así y ya sabemos que el “esta vez es diferente” no suele funcionar. También deberemos tener un ojo puesto en el nuevo gobernador de la Fed: Reanudar la reducción del balance de la Fed supondría una restricción de liquidez que no sabemos si nuevas bajadas de tipos podrían compensar.

El otro pilar son los beneficios empresariales. La mejor noticia y el mayor argumento contra los que anuncian una nueva burbuja es que las valoraciones se sostienen por los beneficios, las mejoras de márgenes y por los altos retornos de capital. No estamos todavía en la situación en la que las valoraciones se han ido a los cielos sin un soporte real detrás. Todo lo contrario, las compañías que lideran el avance son negocios de una calidad excelente, con caja neta (por ahora), posiciones cuasimonopolísticas y altos retornos sobre el capital empleado. No estamos en 1999 (de nuevo, todavía) y los altos múltiplos tienen una explicación lógica.

Si atendemos al consenso, 2026 va a seguir siendo un buen año de beneficios. Todo apunta a ello, pero esto es algo que ya se incorpora en los precios actuales, con lo que aumenta la capacidad de decepcionar al mercado y para muestra la evolución de algunas compañías que, en estos últimos días, han cometido el grave pecado de cumplir y no superar por mucho sus expectativas de beneficios.

Ante esta situación, nos queda la búsqueda de certidumbres. Si vamos a invertir en renta fija en un mundo macroeconómicamente incierto, debemos buscar obtener la mayor rentabilidad posible, sin incurrir en extremos de duración o empeoramiento de la calidad crediticia. Por lo tanto, invertir en plazos medios en activos de calidad parece lo más adecuado para el momento actual. Esta estrategia no nos va a dar un año histórico de rentabilidad, pero nos protegerá si vemos un movimiento inesperado en términos de crecimiento y/o inflación.

En renta variable, los avances de sectores que hasta hace apenas un par de meses estaban totalmente olvidados, como es el caso de la energía y las materias primas, ya nos indican esa búsqueda de retornos más consistentes en el medio plazo. Tampoco podemos olvidar las compañías de dividendo elevado y, en la medida de lo posible, creciente. No son tan emocionantes como otro tipo de empresas, pero tienden a ser inversiones todoterreno, algo ideal para el momento actual.

La cimentación no solo es una cuestión importante en campos como la construcción o la ingeniería. Todo sistema, desde las relaciones personales a los mercados financieros, necesita una base sólida, pero dos pilares son pocos. Como inversores, necesitamos más puntos de apoyo a la hora de construir nuestras carteras. Debemos buscar certezas que apuntalen nuestras inversiones, por si no todo sale como esperamos.

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