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Breakingviews
Opinión

Las elecciones japonesas reavivan el fuego de la repatriación

La mera posibilidad de que los nipones se lleven de vuelta su dinero hace que merezca la pena adelantarse

La decisión de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, de convocar elecciones anticipadas el próximo mes ha despertado la preocupación por el despilfarro fiscal, lo que ha provocado una caída del yen y ha empujado los rendimientos de los bonos del Estado a máximos históricos. Esto ha suscitado el temor de que los jugosos rendimientos de la deuda local puedan tentar a los inversores de Tokio a retirar su dinero del extranjero. La mera posibilidad de un cambio hace que merezca la pena adelantarse.

Las preocupaciones sobre la repatriación financiera japonesa son razonables, simplemente porque las sumas son muy elevadas. El país es uno de los mayores acreedores del mundo, en gran parte porque décadas de bajos tipos de interés locales empujaron el dinero en busca de rentabilidad al extranjero. Se estima que sus inversores poseen más de 2 billones de dólares en bonos extranjeros a largo plazo, además de otro billón en reservas, según Brad Setser, investigador principal del think tank Council on Foreign Relations. Los datos oficiales de EE UU sitúan a los residentes japoneses como los mayores propietarios de valores del Tesoro, con 1,2 billones en noviembre. Así, una venta repentina por parte de los fondos de pensiones, las aseguradoras, los bancos y los gestores de activos podría causar estragos. La repatriación sería especialmente perjudicial para la deuda soberana a largo plazo, en la que los inversores japoneses desempeñan un papel desproporcionado a nivel mundial.

Sin embargo, el intercambio de bonos del Estado de EE UU, alemanes y británicos por bonos del Estado japonés se complica por una serie de factores, entre los que destacan la escala y la profundidad del mercado local. El Banco de Japón sigue siendo propietario de la mitad de los bonos en circulación, lo que significa que la deuda pública del país invertible asciende a unos 55 billones de yenes (3,6 billones de dólares), o un décimo del mercado de 30 billones de dólares de bonos del Tesoro de EE UU.

El papel del Banco de Japón como principal tenedor y comprador habitual de bonos del Estado también merma la liquidez del mercado, especialmente en el caso de la deuda a largo plazo, lo que hace que los precios sean propensos a movimientos violentos. Durante una reciente crisis local, el índice de distorsión de Bloomberg para los bonos del Estado japonés se disparó hasta su nivel más alto jamás registrado, lo que indica que los rendimientos eran una décima de punto porcentual más bajos de lo que serían con suficiente liquidez.

Para cualquier inversor japonés que venda bonos extranjeros a largo plazo para comprar bonos nacionales con vencimientos similares, existe el riesgo de repentinos episodios de volatilidad. Esto es especialmente cierto si el Partido Liberal Democrático de Takaichi arrasa en las elecciones y se hacen realidad sus grandes ambiciones presupuestarias.

En todo caso, los inversores japoneses buscarán una mayor claridad sobre los planes de gasto de Tokio tras las elecciones del 8 de febrero. Sin embargo, Prashant Bhayani, director de inversiones para Asia de BNP Paribas Wealth Management, no espera una vuelta precipitada al mercado local: “Este tipo de inversores, especialmente las compañías de seguros y los fondos de pensiones, no se mueven de golpe. Estos flujos se desarrollan a lo largo de muchos años”.

Pero es innegable que los retornos han empezado a parecer tentadores, con los rendimientos de referencia del Gobierno japonés a 10 y 30 años alcanzando el 2,2% y el 3,6%, respectivamente. En diciembre, Toru Nakashima, CEO de Sumitomo Mitsui Financial, declaró que comenzaría a aumentar gradualmente su exposición a la deuda pública local si el rendimiento a 10 años subía “un poco más” y se estabilizaba. Esas palabras, procedentes del jefe del segundo grupo bancario de Japón, son motivo suficiente para que los inversores globales se planteen cómo sería una reducción constante de la demanda japonesa de activos extranjeros, por lenta que sea.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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