El banco central debe ser independiente, y además parecerlo
Está por ver si en el relevo de Powell pesa más el ansia de poder de Trump o el pragmatismo


El mercado financiero, mucho más imperfecto de lo que plantean algunas escuelas de pensamiento, sí es eficaz para procesar y digerir información, aunque a su manera. Su pragmatismo extremo hace que el terremoto Trump pase casi de soslayo por las cotizaciones de la renta variable, deslumbrada por las cifras de las tecnológicas y sus promesas sobre la IA. Pero eso no quiere decir que no lo tenga en cuenta, y tanto el precio del oro como la evolución del dólar son la señal de que lo hace. La divisa ha mostrado sus peores jornadas desde la declaración de guerra comercial de abril del año pasado, y con el dinero fluyendo a riadas hacia el oro, donde la limitada oferta dispara los precios.
Uno de los motivos es la posible pérdida de independencia de la Reserva Federal, temor que justifican los ataques, personales y legales, a su presidente, Jerome Powell. Como expresó él mismo el miércoles, si el organismo pierde la percepción de independencia, el daño está hecho, y es muy difícil de reparar. En este sentido, las andanadas de Trump siembran la sospecha sobre su sucesor, como han advertido economistas y políticos (incluidos algunos del Partido Republicano). De las otras palabras de Powell, aquellas dedicadas a la que debería ser su única labor, se desprende que no hay necesidad de recortar los tipos de interés, pues los riesgos sobre inflación y crecimiento están equilibrados. Así lo cree el mercado de futuros, que solo espera un recorte del precio del dinero a partir de la reunión de junio. Esto es, cuando Powell ya no sea presidente.
Los bancos centrales, no está de más recordarlo, ni son al 100% independientes (sus cargos son nombrados por la autoridad política), ni viven en una torre de marfil donde no existen los errores. Pero es su actuación la que debe ser independiente de las presiones políticas. Y deben mostrarse así al mercado: cuando se equivocan, se equivocan ellos. La permeabilidad del presidente de la Fed Arthur Burns ante las exigencias de Richard Nixon antes de las elecciones de 1972 realimentó una inflación que llegó a doble dígito, y convirtió a Burns en un icono de lo que no debe ser un banquero central.
Jerome Powell, republicano nombrado por Trump, es hoy un fiero resistentes a la política autoritaria de la Casa Blanca. Está por ver si en su relevo pesa más el ansia de poder de Trump o el pragmatismo. De momento, el consejero Christopher Waller, nada más entrar en la lista de candidatos de la Casa Blanca, se sumó al carro de la disidencia frente a Powell.