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Breakingviews
Opinión

Las elecciones de EE UU son propicias para una reacción contra la IA

La subida del precio de la luz y el temor por el empleo están haciendo ganar comicios a los candidatos demócratas

La apuesta de la Administración Trump por la IA afrontará un reto de asequibilidad este año. Normalmente, un partido en el poder que presida un crecimiento real anual del 2% gozaría de una fuerte aprobación. Pero el auge de la IA está provocando un alza del precio de la energía, lo que ha provocado luchas locales contra los centros de datos y ha fomentado la angustia por el empleo. Desde Nueva Jersey hasta Georgia, el Partido Demócrata está probando estrategias para aprovechar la reacción negativa. Cuando lleguen las cruciales elecciones legislativas de mitad de mandato en noviembre, el descontento podría resultar decisivo para determinar el control del Congreso.

Desde el alcalde socialista de Nueva York, Zohran Mamdani, hasta la ultraconservadora Casa Blanca, la asequibilidad es el mantra del momento. Los precios de la electricidad son el último fantasma, con un aumento del 6,9% durante el año que finalizó en noviembre, según la Oficina de Estadísticas Laborales, lo que supone un incremento del 40% entre 2020 y 2025. En los cinco años anteriores se mantuvieron prácticamente estables. Eso es anterior al meteórico auge de la IA, que requiere enormes granjas de servidores que consumen mucha energía para procesar datos y consultas.

Esto representa un cambio en la política de EE UU, donde durante décadas imperaba un elemento del presupuesto familiar: los precios de la gasolina. Al fin y al cabo, una amplia bibliografía revela que los consumidores son especialmente sensibles a las subidas de precios en las compras habituales, incluso si las medidas de inflación más generales se mantienen moderadas. Dada la afición de EE UU por los vehículos que consumen mucha gasolina, el coste de llenar el depósito encaja perfectamente.

Esto se refleja en la ponderación relativamente elevada de la gasolina, con un 2,9%, en el importantísimo índice de precios al consumo. Pero, en la era de la libre producción nacional de petróleo, los costes de repostaje solo han subido un poco. La electricidad, con una ponderación del 2,3%, ocupa ahora un lugar central, ya que todo, desde la calefacción hasta la recarga de dispositivos, se ha encarecido considerablemente.

Su relevancia política se ha hecho evidente en las últimas elecciones. La demócrata Mikie Sherrill, que prometía congelar las facturas de los servicios públicos, ganó las elecciones de 2025 a la gobernación de Nueva Jersey por 14 puntos porcentuales. Abigail Spanberger hizo lo mismo en las de Virginia, rechazando explícitamente las subvenciones energéticas especiales para los operadores en un estado que alberga el 15% de los centros de datos de hiperescala del mundo, y donde la inflación del precio de la electricidad casi duplica la media nacional.

Spanberger y Sherrill contaban con innumerables ventajas, entre ellas la pésima valoración de Trump en sus estados. Pero una contienda a menor escala en Georgia acentúa este punto. Los demócratas obtuvieron una victoria aplastante en las elecciones para dos puestos en la junta reguladora de servicios públicos del estado, prometiendo obligar a las grandes tecnológicas a pagar la factura de una ampliación de capacidad “sin precedentes” del 50% por parte de la mayor utility del estado. El partido no había ocupado puestos en la junta desde 2007.

Trump se ha enfrentado de lleno a la crisis de la IA. Los defensores dentro de la Casa Blanca, sobre todo el asesor y capitalista de riesgo David Sacks y el secretario de Comercio, Howard Lutnick, han impulsado una visión maximalista del lugar que ocupa la IA en la economía de EE UU. El Plan de acción de IA de la Casa Blanca pretende eliminar las regulaciones de la Administración Biden y debilitar la capacidad de los estados individuales para imponer salvaguardias a la tecnología, incluidas las relacionadas con la energía y la construcción de centros de datos. Trump se situó junto al jefe de OpenAI, Sam Altman, cuando este presentó un plan de 1 billón de dólares para hacer granjas de servidores y diversas infraestructuras, y ha emitido un decreto para acelerar la concesión de permisos, al tiempo que ha cancelado miles de millones en fondos para energía limpia de la era Biden.

Ha surtido efecto

Pero las dolorosas derrotas electorales, la caída de la popularidad del presidente y la prisa de los legisladores locales republicanos por adelantarse a la cuestión parecen haber surtido efecto. Junto con apresuradas propuestas dirigidas a los costes de la vivienda o a limitar los tipos de las tarjetas de crédito, la Administración se unió a varios estados para instar al mayor operador de la red eléctrica del país, PJM Interconnection, a celebrar una subasta de emergencia en la que los gigantes tecnológicos pujarían para cubrir los costes del aumento de las necesidades energéticas. Quizá intuyendo el riesgo de una crisis energética impulsada por motivos políticos, Microsoft ha prometido colaborar con las utilities para pagar su parte y sufragar cualquier aumento en las facturas. OpenAI ha presentado una estrategia para aliviar los costes energéticos públicos como parte de su desarrollo Stargate.

El problema es la enorme demanda energética de la IA. La Agencia Internacional de la Energía prevé que la demanda de los centros de datos de EE UU podría subir un 130% para 2030 respecto a 2024. En Goldman Sachs calculan que el creciente consumo de luz requerirá un gasto de 444.000 millones en generación durante ese periodo. Mientras, los costes de los insumos clave, desde las turbinas de gas hasta algo tan fundamental como el cobre, se están disparando.

Además del golpe a los bolsillos, la continua y sorprendentemente inusual desconexión entre el crecimiento y el empleo puede volver a convertir a la IA en la villana. El paro en EE UU subió hasta el 4,6% en noviembre, frente al 4% que había cuando Trump asumió el cargo en enero. La subida del PIB, que sigue siendo alta, no es precisamente un bálsamo para los trabajadores normales, que afrontan una precariedad cada vez mayor.

Hay muchas razones para esta divergencia. Pero la percepción pública es clave. Los datos de las encuestas muestran un temor creciente por el impacto de la IA en el empleo. Una encuesta de agosto de Reuters/Ipsos reveló que el 71% temía que la tecnología dejara a las personas “sin trabajo de forma permanente”. Las autoridades también expresan cada vez más su preocupación: “Lo que da miedo es la velocidad a la que se están perdiendo empleos, y no somos capaces de ver los que están por llegar”, dijo en diciembre el gobernador de la Reserva Federal Christopher Waller

Es cierto que las tecnológicas disponen de un enorme fondo de guerra para influir en las elecciones. Podrían encontrar un precedente prometedor en los entusiastas de las criptos. Los fundadores de Andreessen Horowitz, así como Greg Brockman, de Open­AI, están preparando un comité de acción política (que capta fondos para influir en las campañas electorales) de 100 millones a fin de apoyar a los impulsores de la IA.

Pero la industria no siempre saldrá ganando. La presión de la Casa Blanca para que se aplique una moratoria de 10 años a la regulación estatal de la IA suscitó la oposición de una coalición bipartidista de 36 fiscales generales estatales y fracasó en el Senado. El gobernador republicano de Florida, Ron DeSantis, ha propuesto una carta de derechos de la IA que incluye la privacidad de los datos, el control parental y la protección de los consumidores. La política de la IA sigue siendo incierta y nueva, y los peligros para los precios y el empleo podrían aún disiparse. Pero si los candidatos ven éxito en su campaña contra los multimillonarios tecnológicos y sus aliados en la Casa Blanca, es de esperar que esa estrategia se repita en las elecciones de todo el país, y también en las presidenciales de 2028.

Los autores son columnistas deReuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, deCarlos Gómez Abajo, es responsabilidad deCincoDías

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