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Opinión

La respuesta de ‘vender América’ de la UE por Groenlandia es una fantasía

El equilibrio financiero se ha construido a partir de los flujos comerciales, y debe deshacerse de la misma forma

Calle helada en Nuuk (Groenlandia), el día 20. MADS CLAUS RASMUSSEN (EFE)

Dado el aparentemente imparable crecimiento económico de Estados Unidos, su ventaja tecnológica y su poderío militar, es natural que los países agraviados por la política exterior de Donald Trump busquen vulnerabilidades. Para Europa, que está furiosa por los planes del presidente sobre Groenlandia, deshacerse de unos 14 billones de dólares en acciones y bonos de EE UU podría parecer la solución perfecta. Pero este equilibrio se ha construido principalmente a partir de los flujos comerciales, no simplemente de las decisiones de inversión, y solo puede deshacerse de la misma manera. Esto significa que la respuesta vender América es errónea: los líderes deberían ignorar las fantasías de represalias financieras y, en su lugar, reducir la dependencia de los consumidores, la tecnología y la defensa estadounidenses.

Los intentos de Trump de anexionar Groenlandia han reavivado el debate sobre el proteccionismo financiero. El fondo de pensiones danés AkademikerPension anunció el martes que vendería sus 100 millones de dólares en bonos del Tesoro. Culpó a las malas finanzas del Gobierno de EE UU, pero también reconoció que la creciente brecha política entre los dos países “no lo hacía más difícil”. Un fondo de pensiones sueco ha hecho algo similar con entre 8.000 y 9.000 millones de dólares en bonos del Tesoro, informó ayer el periódico local Dagens industri. A primera vista, EE UU parece especialmente vulnerable a este tipo de amenazas a gran escala: el país debe en total 69 billones a otros países, frente a solo 41 billones en activos extranjeros, lo que deja una posición de inversión internacional neta de -28 billones.

Los obstáculos prácticos para la desinversión son bien conocidos: EE UU tiene los mercados financieros más profundos y los bonos del Tesoro están respaldados en última instancia por la Reserva Federal. Tampoco existe un mecanismo legal claro para que los Gobiernos europeos obliguen a los fondos de pensiones, las aseguradoras y otras entidades similares a deshacerse de los activos de EE UU.

Pero hay un problema más fundamental: el mundo en su conjunto no puede realmente “vender” los activos estadounidenses. Las transacciones financieras implican a dos partes. Si el fondo de pensiones danés se deshace de un bono del Tesoro y vende los dólares resultantes, una posibilidad es que un inversor no estadounidense los adquiera, en cuyo caso no cambiaría mucho la propiedad extranjera de los activos de EE UU. Alternativamente, un actor de este país podría comprarlos. Pero, en conjunto, los compradores de EE UU tendrían que vender o pedir prestada la moneda extranjera que dan a los daneses, lo que dejaría la posición de inversión internacional neta donde estaba.

De hecho, la única forma en que EE UU ha podido acumular una posición exterior negativa es a través de un déficit comercial histórico. Desde los 80, el país ha comprado muchos más bienes y servicios en el extranjero de los que ha exportado, en parte debido al poder sin igual de sus consumidores. Eso significa enviar dólares al extranjero, que se reciclan en activos de EE UU. Una huelga extranjera de compra de nueva deuda del país no cambiará mucho las cosas mientras se mantenga este desequilibrio. Los exportadores alemanes que venden sedanes a los habitantes del Medio Oeste seguirán recibiendo dólares a cambio.

Sin duda, los activos de EE UU y el dólar pueden seguir abaratándose cuando los vendedores están más interesados que los compradores, como ha sido el caso esta semana. En el pasado, esto ha disuadido a Trump. Pero, históricamente, los efectos de los cambios de precios en el tamaño global de las cifras han sido pequeños: la mayor parte de la posición inversora global negativa de EE UU desde 2005 sigue la trayectoria de los déficits comerciales acumulados. Es cierto que ambas cifras han divergido desde 2020, aparentemente debido al auge de las acciones tecnológicas. Eso sugiere que cualquier sell America podría afectar más a las acciones que a los bonos. La pregunta es por qué los titulares de activos privados europeos estarían dispuestos a coordinarse para hundir su inversión de mejor rendimiento.

En última instancia, la deuda externa neta de EE UU con respecto a Europa es una expresión del hecho de que Alemania, Italia, Dinamarca y otros países dependen de los consumidores del país norteamericano para comprar coches, artículos de lujo y medicamentos. A cambio, EE UU ha hecho que los europeos dependan de su soft­ware, la computación en la nube y los grandes modelos de lenguaje. Si la UE quiere ejercer influencia, debe persistir en sus objetivos de impulsar el gasto interno de los consumidores y relanzar la política industrial. Las represalias financieras son más rápidas, pero también son un callejón sin salida.

Los autores son columnistas deReuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, deCarlos Gómez Abajo, es responsabilidad deCincoDías

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