Acuerdo UE-Mercosur: una alternativa comercial y estratégica
Desaprovechar esta oportunidad no habría resultado creíble

Este es el acuerdo que inaugura una nueva etapa en la dinámica comercial global. El pasado sábado se firmó el acuerdo UE-Mercosur, tras 25 años de negociación y muchos traspiés, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, por un lado, y la UE27 por otro, han formado la zona de libre comercio más grande del mundo, que abarca 700 millones de habitantes y 31 países en dos continentes. Representará casi un 20% del PIB mundial, una forma alternativa de relación comercial, una alianza simbólica y un beneficio socioeconómico mutuo medible. Aunque, como última sorpresa de este arduo proceso, el Parlamento Europeo ha decidido, por un estrecho margen de 10 votos, remitir el acuerdo al Tribunal de Justicia de la UE para revisar la legalidad de una de sus cláusulas (que compromete a la UE a compensar a sus socios en caso de cambios regulatorios que les afecten). Esta maniobra pretende suspender la aplicación del acuerdo de forma temporal, aunque la Comisión va a intentar que empiece a aplicarse provisionalmente.
A pesar del contratiempo, La firma de este acuerdo supone 1) un punto de inflexión que salva la credibilidad de la UE como socio comercial y político fiable. 2) Además, es un ejemplo de que existe un marco alternativo a la imposición geopolítica y a la confrontación comercial que protagonizan las otras dos potencias económicas (EE UU y China). Un modelo de nuevos acuerdos comerciales basados en relaciones más justas, condiciones de generación de valor y transferencia tecnológica entre ambas partes. 3) Un mensaje para potenciales nuevos socios de la UE: India, México o Nueva Zelanda. 4) Un ejemplo de que la arquitectura institucional de la UE, pese a la coyuntura, sigue respondiendo a una noción de interés general del conjunto.
Algunos países y sectores pueden verse, de entrada, más beneficiados. Es el caso de las industrias del automóvil, química y farmacéutica por superar barreras de entrada y no tener sustitutos en Mercosur. También los componentes, maquinaria y bienes de equipo. Otra beneficiada, en contra de lo que se argumenta, es la industria agroalimentaria europea (muy presente en España), que es, no lo olvidemos, la primera del mundo.
¿Qué consecuencias tendrá para los consumidores europeos y latinoamericanos? Para Mercosur, el efecto más probable es una reducción de precios y un aumento de variedad en bienes industriales europeos que hoy soportan aranceles altos. La Evaluación de Impacto en Sostenibilidad de la Comisión ha estimado descensos del IPC en Mercosur de entre el 0,4% y el 1,5% según el país. Se estima que para los europeos el impacto agregado en los precios sea más reducido, aunque con ganancias en algunos productos por mayor competencia y disponibilidad; pero lo que sí se prevé son ligeros aumentos del salario real en la UE, lo que se traduce en una mejora del poder adquisitivo para los europeos.
En España, el acuerdo tiende a favorecer a los sectores exportadores, en particular manufacturas como maquinaria y equipo, material de transporte, química y otros bienes industriales; esto supone también oportunidades en servicios asociados a presencia empresarial y contratación. En el agroalimentario, el potencial se concentra en productos de mayor valor añadido y, sobre todo, en aquellos apoyados en indicaciones geográficas (como aceite, vitivinícola o lácteos) que la Comisión identifica como un elemento relevante del paquete para España. La Comisión Europea estima que, en el medio plazo, se incrementen en un 50% las exportaciones de productos agrícolas de la UE.
¿Son comprensibles las protestas del sector agrario de varios países europeos? En países como Irlanda, Polonia y Francia, las protestas del sector agrario han presionado en contra del acuerdo, poniendo en riesgo su ratificación. Su argumento principal es que los productores extracomunitarios no se rigen por los mismos estándares ambientales, sanitarios o laborales, lo cual puede desembocar en una competencia desleal y con precios más bajos.
Algunos segmentos del sector primario, como ganadería de vacuno, avícola, azúcar y arroz, pueden verse afectados, aunque se prevén compensaciones. El acuerdo incorpora contundentes mecanismos de salvaguardia (ya convertidos en reglamento europeo) para proteger a los sectores más sensibles y evitar daños graves. Si el volumen es demasiado alto o el precio demasiado bajo, se aplicarán estas cláusulas de freno. El acuerdo también establece estándares para equiparar condiciones productivas y protecciones a los consumidores europeos.
Aun así, la Comisión garantiza la compensación al sector agrario europeo y adelantará 45.000 millones de euros de la Política Agraria Común, respondiendo a la intranquilidad del sector. Las denominaciones de origen europeas tendrán protecciones adicionales y serán reconocidas en Mercosur. Un ejemplo ampliamente citado estos días es que el sector primario español y el del resto de Europa también se opusieron al ingreso de España en las Comunidades por miedo a una competencia destructiva en ambas direcciones; 40 años después, la renta per cápita se ha doblado y la industria agroalimentaria europea y española son las más competitivas del mundo. La UE tuvo un superávit comercial agroalimentario global de 63.000 millones de euros en 2024 y cabe esperar que este aumente con la región Mercosur tras el acuerdo.
¿Cómo impactará en las relaciones comerciales de América Latina con potencias como China, Estados Unidos y otras? Contribuirá a un reequilibrio comercial en toda América Latina, donde China ha sido el socio económico creciente en décadas recientes. Frente al modelo extractivo estadounidense y al excesivo control chino, la UE y Mercosur formarán la mayor región de libre comercio del mundo, con 700 millones de habitantes. El acuerdo también está conectado con las inversiones de la UE mediante el programa Global Gateway e incorpora capítulos sobre sostenibilidad ambiental, estándares sanitarios y laborales o deforestación. Se trata de una nueva dinámica en la que el comercio implica también inversión en capacidades locales con criterios y principios mutuamente aceptados. En términos económicos, es un acuerdo que va a permitir que las economías europeas y del Mercosur crezcan mucho más de lo que harían sin él, lo cual repercutirá en el bienestar y la renta general, y compensará con trasparencia sus consecuencias.
Además, se reforzará la posición de la UE como segundo socio comercial de Mercosur (el 16,8% del total del comercio de Mercosur corresponde a la UE). En consecuencia, el acuerdo estrecha los lazos económicos y políticos de la Unión con América Latina, dos regiones que comparten sistemas de valores, y es un paso decisivo en las nuevas alianzas alternativas que necesitan fraguar muchas potencias intermedias: India, Indonesia, México o Australia. Para España, supone blindar su posición como puente entre la UE y el continente latinoamericano que tanto se ha reivindicado. Por ello, desaprovechar esta oportunidad no habría resultado creíble.