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Breakingviews
Opinión

La subida del precio del cobre ofrece falsas esperanzas a las mineras

El alza del 50% en la cotización del metal puede no ser suficiente para justificar abrir nuevos yacimientos

Los directivos de mineras como Mike Henry, de BHP, deberían, en teoría, estar excavando en este momento. Los precios del cobre han subido un 50% en el último año, superando los 13.000 dólares por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres el jueves, muy por encima de los 11.000 que suelen justificar construir nuevas minas. ¿El problema? Los precios al alza rara vez se mantienen.

Gran parte de la reciente subida récord se debe a factores temporales. Los operadores están acumulando existencias ante la posibilidad de que se apliquen aranceles estadounidenses en junio, y los principales productores, como Rio Tinto y Freeport-McMoRan, han recortado sus previsiones de producción por problemas idiosincrásicos en instalaciones clave. La escasez resultante ha bastado para impulsar los precios a corto plazo, pero puede no durar. Estos márgenes más altos fomentan una mayor recogida y procesamiento del cobre reciclado, lo que eleva la oferta con el tiempo. Los temores por los aranceles también tienen dos caras: si Donald Trump, da marcha atrás, los precios podrían caer rápidamente.

Las dudas sobre la demanda son otra razón. China sigue consumiendo en torno a la mitad del cobre mundial, pero la combinación de usos está cambiando. La energía limpia y los coches eléctricos están ganando cuota de mercado: Wood Mackenzie y Bernstein prevén que supondrán el 12% y el 9% de la demanda mundial, respectivamente, en 2030, mientras que las fuentes tradicionales de demanda, como la construcción, pierden fuerza. El problema es que los nuevos sectores chinos siguen expuestos a cambios políticos, lo que implica una desaceleración si Pekín cambia sus prioridades o logra poner fin al crónico exceso de capacidad del sector de los coches limpios. A nivel mundial, el tan anunciado auge de los centros de datos solo puede ayudar un poco: según Wood Mackenzie, el sector representará solo el 1% de la demanda de cobre en 2030.

Esa incertidumbre ayuda a explicar por qué mineras como Anglo America y Teck Resources, o Glencore y Rio Tinto, están buscando fusiones en vez de abrir nuevos yacimientos. El mundo necesita nuevo suministro, pero las cuentas están ajustadas. Para que el desarrollo de una mina sea económicamente sostenible, los precios del cobre tendrían que mantenerse en 11.000 dólares, según Wood Mackenzie. Las previsiones de Morgan Stanley sugieren que, de aquí a 2030, la media rondará los 10.700 dólares.

Esto no dejaría margen a las mineras para obtener beneficios en los nuevos yacimientos. Y la cifra real de equilibrio podría ser aún mayor si se tienen en cuenta otros retos, como la obtención de agua y mano de obra, así como los posibles retrasos en la concesión de permisos, que pueden prolongarse durante más de una década, según Amy Gower, estratega de Morgan Stanley

Wood Mackenzie estima que para satisfacer la demanda prevista para 2035 se necesitarán más de 210.000 millones en inversiones. Pero la inversión total de capital en la minería del cobre entre 2019 y 2025 ascendió solo a unos 76.000 millones. En torno a la mitad procedía de mineras chinas, seguidas de las rusas.

También se está dando un cambio geográfico. La próxima ola de suministro se está desplazando más allá de América Latina y África Central hacia regiones como Asia Central, donde países como Kazajistán están más cerca de Pekín. Para las mineras, los precios récord son bienvenidos. Pero, en el caso del cobre, eso no siempre es suficiente para justificar la inversión.

Alguien tendrán que ceder

Los cambios tecnológicos han añadido presión a los precios del cobre. Empecemos por la inteligencia artificial. Las granjas de servidores tradicionales absorben en torno a 27 toneladas de cobre por megavatio de capacidad, según un estudio de una construcción de Microsoft en Chicago en 2009. En la era de la IA, los recintos son más grandes, con clústeres insignia que se acercan a 1 gigavatio, y consumen más cobre que las construcciones antiguas, ya que los sistemas de alimentación y refrigeración requieren un cableado más grueso y más transformadores. Luego están los coches eléctricos, que usan 83 kilogramos por vehículo, muy por encima de los de combustión.

Los megaproyectos de IA son difíciles de paralizar una vez están en marcha. Y las nuevas minas tardan unos 17 años desde su descubrimiento hasta la primera producción, y últimamente se han encontrado menos yacimientos nuevos. Todo esto hace que los precios de los metales suban. Los tipos de interés de los bancos centrales son muy poco eficaces para afrontar la escasez estructural. La verdadera pregunta es si acabarán destruyendo la demanda de nuevos proyectos que requieran un uso intensivo de cobre. Por ahora, los gigantes tecnológicos están ansiosos por llevar a cabo proyectos de IA cada vez más grandiosos.

La presión puede llegar a ser demasiado grande. Los márgenes de beneficio antes de impuestos de las automovilísticas chinas rondaron mínimos en 2025, mientras Tesla lucha contra su propia reducción de rentabilidad. Las utilities, que emiten cada vez más deuda a medida que suben los gastos de la red, ya afrontan la presión de los legisladores, molestos por el aumento de las facturas. Las grandes tecnológicas pueden verse aún más sobrecargadas. Alguien tendrá que ceder.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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