Ir al contenido
_
_
_
_
Breakingviews
Opinión

La ofensiva de Trump contra la Fed llega a su Waterloo

La Casa Blanca elige un momento especialmente inoportuno para atacar

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Po­well, reveló en una extraordinaria declaración en vídeo el domingo que es objeto de una investigación penal, describiendo sin rodeos la medida como un “pretexto” para influir en la política monetaria por parte de la Casa Blanca. A pocos meses de dejar la presidencia y con el Tribunal Supremo y el Congreso respaldando por ahora la independencia del banco, Powell ha elegido el momento adecuado para plantar cara.

La intermitente guerra de Donald Trump para controlar la Fed comenzó a centrarse hace meses en las reformas de la sede del banco. Cuando Powell llevó a Trump a visitar las instalaciones, con cascos de seguridad, manejó con destreza las preguntas de los medios sobre los supuestos sobrecostes. La decisión de investigar penalmente a Powell por este asunto supone una escalada impactante. También es torpe: los propios comentarios de Trump de que quiere destituir a Powell por desacuerdos sobre la política monetaria dejan al descubierto la artimaña.

Powell, hasta ahora, se ha abstenido de responder con contundencia. Ha acumulado un inmenso capital durante las últimas cuatro décadas entre republicanos y demócratas, tras haber sido nombrado primero por Barack Obama, luego por Trump y luego por Joe Biden para puestos en la Fed. Igualmente importante es que las sentencias del Supremo han aislado el banco central de los peores excesos de la Casa Blanca, mientras la firme gestión de Powell de los programas de préstamos de emergencia por la pandemia y su posterior ecuanimidad han reforzado su credibilidad y sus alianzas en el Capitolio. Como era de esperar, el senador republicano Thom Tillis, un voto clave en el Comité Bancario del Senado, se comprometió rápidamente a bloquear a todos los candidatos de Trump a la Fed hasta que finalice la investigación penal.

Por el contrario, el presidente ha elegido un momento especialmente ino­portuno para atacar. La presidencia de Powell termina en mayo, lo que significa que pronto se producirá una batalla por su sustitución. El Supremo escuchará la próxima semana los argumentos sobre el intento de despido de otra gobernadora de la Fed, Lisa Cook. Un tribunal inferior ya ha dictaminado que Trump no puede remodelar el consejo del banco por decreto.

Powell también puede contraatacar. Aunque su mandato como presidente está llegando a su fin, su cargo como gobernador se extiende hasta 2028, lo que le permite mantener uno de los siete puestos más altos de la Fed. Trump sigue contando con los inmensos poderes del Estado a sus espaldas, de los que podría seguir abusando. Pero, a menos que se produzca una provocación aún más impactante, la guerra política de la Casa Blanca podría haber llegado a su crucial batalla perdida.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
_