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Las claves
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Claves: el lucrativo ruido del turismo urbano, y los apasionados de las criptodivisas

Las grandes ciudades estudian cómo afrontar la invasión de visitantes

CINCO DÍAS
Barrio de Santa Catarina (Lisboa).
Barrio de Santa Catarina (Lisboa).Horacio Villalobos (Corbis via Getty Images)

La invasión del turismo de masas deja su poso en las ciudades de muy diversas formas: las cafeterías no dejan tomar solo un café, porque dos cervezas son más rentables; debajo del telefonillo de su edificio aparecen candados para depositar las llaves de los pisos turísticos y el alquiler se resiente (por no hablar de comprar un piso), porque poner un Airbnb es la opción más rentable. En ciudades como Lisboa, se suma, además, un recordatorio sonoro diario: el traqueteo de las maletas por sus calles adoquinadas.

Carlos Moedas, su alcalde, defiende que es inadmisible que alguna zona de su ciudad tenga un 65% de pisos turísticos. Entre otras medidas, el regidor ha decidido duplicar la tasa turística desde dos euros hasta la friolera... de cuatro. Además, busca limitar el tráfico de tuk tuks. Acciones de un calado entendiblemente limitado cuando el 20% de la economía de la ciudad depende del turismo, y un 25% de su empleo. La propia urbe se venga, al menos, obligando a todos esos turistas a subir con sus equipajes por sus adoquinadas cuestas. Muchos vecinos sueñan, seguro, con que se prohíban las maletas con ruedas.

La parte socialista del Gobierno intenta suavizar la postura de Trabajo hacia CEOE

PSOE y Sumar suelen repartirse los papeles de poli bueno y poli malo del Gobierno, según el público al que se dirigen. En las cuestiones laborales, los socialistas suelen dejarlo todo en manos de Yolanda Díaz, aunque de vez en cuando intentan mediar un poco con los empresarios, que, de nuevo, se sienten ignorados en una negociación, la de la reducción de jornada. Los de Díaz, y los sindicatos, aducen que no hay voluntad de entendimiento por parte de las patronales. Parece que la influencia de la rama socialista del Ejecutivo se quedará en traerle café a los empresarios, y que el poli malo volverá a imponer su criterio.

Las críticas a la capacidad de Biden no eran solo exageraciones de sus rivales

Durante meses, parecía que las críticas a la capacidad de Joe Biden para afrontar un nuevo mandato eran exageraciones malintencionadas de sus rivales, pero el tiempo ha demostrado que, de hecho, se estaban escondiendo las dudas de su propio partido o de los gobernantes de otros países. Ahora hay un clamor entre los apoyos políticos, mediáticos y financieros de Biden para que de un paso a un lado. Cambiar de caballo a mitad de río es excepcional en la política, y las previsiones electorales de sus posibles sustitutos tampoco son muy halagüeñas, pero la situación parece insostenible. Tampoco es que Donald Trump sea un jovenzuelo, pero su cuerpo parece mucho menos castigado, quizá porque el golf desgasta menos que los despachos de Washington en los que ha pasado su vida Biden.

La frase del día

Si algo distingue a la socialdemocracia y al pensamiento progresista es nuestra capacidad para hacer autocrítica y nuestra disposición permanente a adaptar nuestros principios a las necesidades de cada momento
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno

‘Criptobros’: mucho más que amantes de un activo de inversión

Es raro que un activo defina al que invierte su dinero en él: los inversores en renta fija no son bondbros, igual que los centrados en divisas (en el dólar, básicamente, porque nadie gana al dólar) son currencybros. Hay, sin embargo, una notable excepción: los criptobros, una curiosa legión de hombres, narcisistas, conspiracionistas y victimistas, según un estudio de las universidades de Toronto y Miami.

Las criptodivisas nacieron como alternativas a las monedas tradicionales, en un alarde antisistema. Ahora se han multiplicado a unos niveles que podrían justificar, como dice el BCE, que se trate de un producto especulativo. Pero, ojo, que hasta el mayor fondo del mundo, BlackRock, las compra, y a Larry Fink no le pega ser ningún bro.

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