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La Lupa
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Vicepresidenta Díaz, hacen falta más contribuyentes con sueldos altos

Arremete contra los salarios de los directivos, cuando solo 12.178 personas declaran a Hacienda ganar más de 601.000 euros y 13 millones que no llegan a 21.000 euros

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Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda, ministra de Trabajo y Economía Social.JULIEN WARNAND (EFE)

Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, ha vuelto a sacar a pasear sus viejos demonios: los salarios de los directivos. Para defender una subida del 5% en el SMI, sin el acuerdo con la patronal CEOE, tiró de manual y pidió que se abra un debate sobre los “elevadísimos salarios de la dirigencia empresarial de este país”. A la vicepresidenta, que le encantan los datos, hay tres que conviene repasar para entender que el problema de España es que le faltan más contribuyentes con sueldos altos y le sobran millones empleos de miseria.

1. En España solo hay 12.178 personas con una remuneración anual de más de 601.000 euros, que incluye el salario en efectivo, especie, aportación de pensiones y seguros, según los últimos datos disponibles de la Agencia Tributaria, que son de la liquidación del IRPF de 2021 y que no incluyen al País Vasco y Navarra, ya que tienen agencias fiscales propias. Estos ricos representan tan solo el 0,06% de las 22 millones de declaraciones de la renta, sin embargo, su liquidación del impuesto les salió a pagar un total de 2.941 millones de euros, que equivalen al 53% del total. Todo esto, después de que en sus empresas ya les hubiera practicado una retención del 47%, el tipo máximo del IRPF. El 58% de las liquidaciones (12,8 millones) declara unos ingresos inferiores a 21.000 euros anuales. Si se sube hasta 30.000 euros, entra el 75% de los declarantes.

2. La ganancia media por trabajador en España fue de 25.897 euros en 2021, menos de dos veces el SMI de ese año (13.370), según el INE. El tramo más alto de la Encuesta de Estructura Salarial es el que de aquellos que cobraban más de 8 veces el SMI (106.960 euros), donde tan solo está el 0,15% de la población trabajadora. La cruda realidad es que el 53% de los empleados tiene salarios brutos anuales inferiores a 26.740 euros, que son dos veces el SMI, y si se sube hasta tres veces (40.110 euros), entra hasta el 74% de los trabajadores.

3. Los 1.005 directivos que trabajan en las empresas cotizadas en la Bolsa española cobraron una media de 679.000 euros en 2022, según el Informe Anual de Gobierno Corporativo de la CNMV. Si se limita la mirada a las 35 empresas del Ibex, la media salarial sube a 1,14 millones que se reparte entre 423 directivos, importe que sería mucho más alto si se pone la lupa únicamente en el primer ejecutivo. Hay mucha vida fuera de la Bolsa, como las grandes consultoras y despachos de abogados, con grandes y desconocidos sueldos.

Esto lleva al mundo de las grandes empresas, señalado como el coco por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, desde el desastre electoral del PSOE en Andalucía en junio del año pasado. Sánchez sabe que sin empresas no hay paraíso y por eso ahora, cuando tiene una nueva legislatura por delante, se esfuerza en congraciarse con ellas.

La referencia de la remuneración de las grandes empresas españolas, buena parte de ellas multinacionales, no es ni el SMI de España, ni los salarios medios, por mucho que pueda chocar. Las grandes compañías internacionales compiten con sus pares en otros países por la captación de talento. De hecho, cada vez es más frecuente la presencia de extranjeros en los puestos de alta dirección de empresas españolas (los CEO de Cellnex y Cepsa, por ejemplo, son italiano y holandés, respectivamente). También hay españoles al frente de compañías con sede en otros países (Belén Garijo y Joaquín Duato, primeros ejecutivos de Merck y Johnson & Johnson, respectivamente).

Al tiempo, recordar lo obvio, que la remuneración de estos directivos la fijan sus consejos de administración, elegidos por los dueños de las compañías: sus accionistas. Los propietarios de las empresas españolas son, en su mayoría, fondos internacionales que canalizan el ahorro particular e institucional de muchos países, como los fondos de pensiones de los profesores de Ontario (Canadá), los jubilados de Australia o el fondo soberano de Qatar, por ejemplo. Si ellos quieren pagar 10 millones de euros al CEO de la compañía, poco que objetar, puesto que pagan con su dinero. Además, el Estado español debería estar encantado, puesto que Hacienda se va a llevar 4,7 millones de ese sueldo. El Gobierno debe preocuparse de que tribute en España y facilitar que los servicios centrales de esas empresas estén aquí, puesto que implicará que se retengan muchos puestos de trabajo con buena remuneración y, en consecuencia, fiscalidad.

Le puede analizar con datos de la Agencia Tributaria, del INE o de la CNMV, todos organismos del Estado, pero la conclusión es la misma: el problema no es que haya un 0,05% de contribuyentes que ingrese más de 600.000 euros, que el 0,15% gane más de 106.000 euros o que hay un millar de directivos que gana una media de casi 700.000 mil euros. El drama es que en España hay millones de sueldos miserables y unos miles de millonarios.

Es evidente que lo más beneficioso para todos, no solo para el trabajador, sería que hubiera más contribuyentes con salarios altos, puesto que redundaría en una mayor recaudación para el Estado a través del principal impuesto directo (IRPF) e indirecto (IVA). Los sueldos más elevados consumen más, lo que aumenta la recaudación por IVA y genera más empleo. Igual que cuanto más ganen las empresas mejores sueldos y mayor ingreso por impuesto de sociedades. Es el círculo virtuoso: mayor salario/beneficio implica más recaudación y mejores servicios públicos.

Los sueldos de España son consecuencia de la estructura económica del país. Según el INE, los salarios más bajos están en la hostelería, artes, comercio, construcción, inmobiliario, transporte y almacenamiento; todos por debajo de 25.600 euros. En el otro extremo, el de los que más ganan, los trabajadores de los sectores energético y financiero, casualmente los castigados por este Gobierno con impuestos especiales. El problema es que los sectores de bajos sueldos emplean a millones de personas y los otros no llegan al millón.

Por tanto, cambiar la estructura salarial no se hace de la noche a la mañana, ni por real decreto y pasa por redefinir el sistema productivo. Si la vicepresidenta Díaz quiere discutir sobre los salarios de los directivos, tendrá que organizar un profundo debate sobre qué tipo de economía quiere y puede tener España. Una vez definido el plan, se aplican todos los recursos a su ejecución, como debería hacerse con los fondos Next Generation UE. De ahí saldrá país con menor desigualdad salarial y social.

Aurelio Medel es periodista y doctor en Ciencias de la Información

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