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La tribuna de los fondos
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Última llamada para el inversor conservador

Tras muchos años de sequía, la renta fija vuelve a vivir un momento dulce, con unos tipos de interés tan atractivos que difícilmente perdurarán en el tiempo

A lo largo de la historia, pocas veces hemos presenciado oportunidades de obtener rentabilidades atractivas sin incurrir en riesgos elevados. Esta es una de ellas y se canaliza a través de la renta fija.

Años atrás, este activo fue defenestrado por muchos inversores, e incluso, en ocasiones, se ha utilizado efectivo en vez de activos de renta fija para descorrelacionar carteras. Pero eso ya es agua pasada y conviene adaptarse a los cambios.

Tras muchos años de sequía, la renta fija vuelve a vivir un momento dulce, con unos tipos de interés tan atractivos que difícilmente perdurarán en el tiempo. El árbol por fin está dando sus frutos, pero estos tienen su proceso de maduración y si no los recogemos a tiempo, la cosecha se pierde.

Tenemos una situación inmejorable que no va a durar para siempre, los máximos en rentabilidades vividos en los últimos meses son únicos y por ello no debemos desaprovechar la oportunidad que se nos está presentado.

Sabemos que la alta inflación es uno de los grandes enemigos de la renta fija, pero las expectativas de que baje con unos tipos de interés tan elevados hace que sea una oportunidad. Ahora bien, todo el mundo habla en el mercado de esta situación, pero la pregunta que se plantean muchos inversores es, ¿cómo puedo aprovecharla?

Un problema que presentan muchos inversores es el desconocimiento a la hora de invertir en este producto, ya sea por restricciones de entrada a los minoristas en diferentes activos, ya sea por emisiones con nominales de adquisición elevados, (mínimo 100.000 euros en muchos casos) o incluso por desconocimiento en el riesgo latente de cada emisión. Por ello, una de las pocas opciones para invertir en renta fija es a través de los fondos de inversión, y es seguramente, la mejor.

Una vez sabemos que tenemos una oportunidad única de inversión, ahora toca pensar cuáles son los mejores vehículos para comprar (analizar carteras con activos de renta fija pública o privada, qué emisores y emisiones, qué vencimientos…), y aquí entra el papel de los gestores de los fondos. Ellos son los encargados de optimizar ese binomio riesgo-rentabilidad a los partícipes (maximizar la rentabilidad con el mínimo riesgo posible), y para ello deberán analizar diferentes variables.

Uno de los factores principales a la hora de invertir en la renta fija es entender el ciclo económico y saber posicionarte en el punto óptimo de la curva. Aquí utilizaremos la primera variable a la hora de invertir en renta fija, la famosa duración (mide la sensibilidad de la cartera ante variaciones de tipos de interés). Cuanto mayor es la duración de la cartera, mayor será su sensibilidad y volatilidad a las variaciones del mercado. Por ejemplo, en ciclos económicos de subidas de tipos, evitar la duración permite reducir las pérdidas, pero cuando esa subida de tipos ha llegado a su fin y se prevé bajadas de tipos a medio plazo, ir aumentando duración paulatinamente te dará esa rentabilidad extra a tus carteras. El principal error que cometen los gestores es intentar anticiparse al ciclo económico, por una mera noticia esporádica, un dato macro discordante o por un comentario de algún miembro de un banco central. En este punto toca ser muy meticuloso y ceñirse al momento de ciclo. Debemos esperar a que todos los factores vayan apareciendo para ir moviéndonos a lo largo de la curva.

Hemos visto estos últimos meses diferentes avisos que nos dan a entender que los tipos terminales han tocado techo. Entre otros muchos, datos de PMI a la baja (indicador económico que incluye encuestas mensuales a diferentes empresas para ver el sentimiento de las mismas), rebaja paulatina de la inflación desde máximos, merma en el crecimiento económico y, por último, uno de los factores más relevantes junto con la desaceleración en la creación de empleo de EEUU: las rentabilidades reales positivas (la diferencia positiva entre el tipo de interés y la inflación).

A corto plazo, el mercado puede ser muy sensible a diferentes tipos de noticias, pero a medio y largo plazo los ciclos económicos acaban prevaleciendo. Este es el quid de la cuestión, ir adaptando la cartera según vayan apareciendo las señales, es decir, ser proactivo.

El segundo factor para analizar es el riesgo. ¿Y cuál es el nivel de riesgo que puede aceptar un inversor? El que nos deje descansar bien, ese es el nivel de tolerancia de cada uno. Deberemos adecuar nuestra inversión a nuestro límite de riesgo. Para ello, podemos consultar a numerosos asesores financieros que podrán orientarnos para tener una cartera diversificada acorde a cada cliente. Pero nos queda pendiente una tercera variable, la rentabilidad; sin ella, las demás no tendrían sentido. Maximizarla controlando el resto de factores es una ardua tarea que compete a los gestores.

Nos encontramos ante una gran oportunidad, con un activo único para invertir y con un binomio riesgo- rentabilidad óptimo no visto en mucho tiempo. Con una buena selección de activos podremos generar carteras únicas (en algunos casos con rentabilidades anualizadas cercanas al doble digito).

Debemos ser capaces de comprender que el mercado no se mantiene inalterado, de ser flexibles en el presente e intentar aprovechar las oportunidades de inversión que se nos van presentando, y esta es una de ellas. Como dijo el recién fallecido Charlie Munger, “sobre todo, vivir con el cambio y adaptarse a él”.

Daniel Martínez es gestor de renta fija en Gesconsult

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