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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Frenazo de la inversión inmobiliaria con el foco en 2024

El cóctel de estabilidad política, seguridad jurídica y certidumbre es la mejor receta para el inversor

CINCO DÍAS
Ley de vivienda
Jennifer Gómez (EFE)

La subida de los tipos de interés no solo está lastrando la demanda de crédito y complicando la concesión de hipotecas, hasta el punto de provocar descensos en el primer semestre que no se veían desde 2013. También alienta otros efectos indeseados que amenazan con frenar la velocidad de crucero de la economía española. En gran medida fruto del encarecimiento de la financiación, la inversión inmobiliaria en su conjunto cerrará el año 2023 en mínimos de la última década y registrará una caída del 50% respecto al pasado ejercicio. Se trata de una reducción sustancial que detraerá del mercado una cuantía no pequeña, entre 9.000 y 10.000 millones de euros.

En la medida en que, según los expertos, el apetito de los inversores no parece haber menguado, cabe esperar que el parón sea consecuencia del necesario impasse para casar la oferta y la demanda entre unos vendedores que no terminan de rebajar el precio de los activos y unos compradores que esperan la estabilización del mercado y del precio del dinero. Fuentes del sector han insistido tradicionalmente en la dificultad del ecosistema español -frente al británico o estadounidense- para acelerar esos procesos de ajuste. Si se tratara de una cuestión de plazos, en 2024 debería retomarse sin más sobresaltos el ritmo normal de transacciones.

Sustenta esta tesis la existencia de activos que presentan una mejor salida, todo un reflejo de la pujanza de sectores que han recuperado el paso y dan pocas muestas de inquietud. De este modo, hoteles urbanos y vacacionales -con la ocupación y las cifras turísticas de nuevo disparadas- son el principal objeto de deseo de los inversores y acumulan el mayor número de operaciones. Residencias de mayores y estudiantes, con retornos casi garantizados, también son un buen reclamo. En el frente opuesto, las oficinas sufren la incorporación del teletrabajo al modelo productivo y continúan en horas bajas, pese a a ser durante años el primer referente en número de movimientos.

La zozobra política natural generada por la celebración de dos convocatorias electorales durante el presente ejercicio tampoco ha ayudado a apuntalar la confianza de los inversores, más partidarios de esperar y ver la resolución de este tipo de citas. Por esa misma razón, no sería deseable, a la vista de los resultados electorales, un bloqueo prolongado o -aún peor- una eventual repetición electoral que alargara en el tiempo la interinidad. El cóctel de estabilidad política, seguridad jurídica y certidumbre es la mejor receta para el inversor.

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