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Las claves
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El pragmatismo de fondo de los sindicatos, y los ecosistemas urbanos

CC OO y UGT mantienen una retórica dura mientras llegan a acuerdos sectoriales con la patronal

CINCO DÍAS
Los secretarios generales de CCOO y UGT, Unai Sordo (d) y Pepe Álvarez, presentan en rueda de prensa su campaña los actos para la celebración del Primero de Mayo, día internacional del trabajo, este jueves en Madrid.
Los secretarios generales de CCOO y UGT, Unai Sordo (d) y Pepe Álvarez, presentan en rueda de prensa su campaña los actos para la celebración del Primero de Mayo, día internacional del trabajo, este jueves en Madrid.Jennifer Gómez (EFE)

Contrasta la relativa tranquilidad de la negociación social en España con los grandes conflictos que se están dando en países como Reino Unido, Francia o Alemania. Son, cierto es, situaciones distintas, pues en esos lugares se protesta por las pensiones o por los sueldos públicos, que en España están siendo, sobre todo las primeras, las rentas mejor paradas de esta crisis y la anterior. A eso se suma una gran atomización empresarial, que dificulta las reinvidicaciones globales. Pero este es uno de los países donde más están bajando en términos reales los salarios, así que el anuncio de CC OO y UGT de dejar para el otoño las movilizaciones en los sectores cuyos convenios sigan bloqueados es una forma de procastinar, de ganar tiempo y mostrar firmeza ante los trabajadores: lo cierto es que sí se están firmando acuerdos puntuales, aunque la patronal rechace un marco global. Siempre es de agradecer que las cuestiones laborales se solucionen mediante el diálogo, en un contexto que exige un esfuerzo por parte de todos, y también es valorable que, pese a la retórica, los representantes sindicales adopten una postura pragmática.

Digi mantiene su ambición mientras trata de mantener a raya su deuda

En plena época de grandes dificultades para las operadoras de telecomunicaciones, y de concentración del sector, destaca el éxito de la rumana Digi, que sigue expandiéndose de forma enérgica, con tarifas más que atractivas, casi inverosímiles, en mercados como España, donde también está extendiendo su red de fibra propia. Para mantener ese ritmo, acaba de firmar préstamos por 382 millones de euros, después de reducir su deuda el año pasado en una cantidad similar. La compañía piensa ya incluso en adquirir competidoras en Rumanía o España. ¿Dónde estará su límite?

Los pisos turísticos alteran mucho los ecosistemas urbanos

Las ciudades, especialmente las europeas, se han convertido en los últimos años (con el drástico freno de la pandemia) en verdaderos parques temáticos para turistas; tal es así, que algunos barrios se han vaciado de ciudadanos locales. Aunque eso genera réditos a los dueños de los pisos (que no suelen ser pobres de pedir, aunque tampoco son todos grandes y poderosas corporaciones), y también a la ciudad en general, en la que los viajeros hacen gasto, sí genera desequilibrios urbanos, puesto que los vecinos y los comerciantes nativos ejercen una labor de cuidado y vigilancia del entorno del que puede prescindir el visitante efímero. Esos excesos no se dan en general con los hoteles, que por su naturaleza no alteran tanto los ecosistemas demográficos.

La frase del día

Los bancos que han quebrado recientemente no estaban bien gestionados. El sistema bancario estadounidense es la envidia del mundo

Jane Fraser, CEO de Citigroup

La entrada de las tecnológicas en la banca debe controlarse de forma estricta

Tras intentos fallidos por parte de Facebook (la criptomoneda libra, por ejemplo) y otros modestos de Google, Apple ha entrado en el negocio financiero con todas las de la ley, con cuentas bancarias con un interés del 4,15%, en asociación con Goldman Sachs. Los bancos son lógicamente renuentes a colaborar con estos gigantes tecnológicos, que pueden acabar parasitando su estatus regulatorio y sus obligaciones de capital para explotar los datos de los clientes como solo las compañías informáticas saben hacer. Será más complicado un modelo similar en Europa, y bien está que sea así, porque manejar el dinero de la gente es una actividad sistémica, con enormes riesgos que también se han observado en las compañías de sistemas de pagos.

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