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Europa vuelve a perder la carrera bursátil contra EE UU, lastrada por la guerra y el retraso tecnológico

La fuerte corrección de las empresas del lujo y del sector automoción penalizan la evolución de la renta variable europea. El repunte del crudo y la debilidad del euro añaden inestabilidad al mercado

Un operador en la Bolsa de Nueva York.SARAH YENESEL (EFE)

Nadie que lea estas líneas —ni probablemente sus padres— ha visto en vida a una empresa europea como la más valiosa del mundo. Antes de que las cotizadas de Estados Unidos se hicieran con la hegemonía de los mercados financieros, la última compañía europea en ocupar ese puesto fue London & North Western Railway, la gran compañía ferroviaria de la Inglaterra victoriana. Su valor de mercado rozó los 330 millones de dólares a finales del siglo XIX, según un estudio de la consultora financiera Finaeo. Hoy, Europa palidece frente a los billones alcanzados por las grandes tecnológicas estadounidenses en la vanguardia de la inteligencia artificial. La empresa más valiosa del continente es la holandesa ASML, el fabricante de maquinaria para producir chips. Con una capitalización de unos 630.000 millones de euros, apenas figura entre las 20 mayores compañías del mundo.

Tras el tirón de 2025, cuando el rally de las cotizadas de defensa y la banca permitió a sus Bolsas superar a Wall Street, aunque por un margen mínimo, con ambas en torno al 16%, este año la brecha entre EE UU y Europa va camino de volver a producirse. El Stoxx 600 avanza un 6%, la mitad que el S&P 500. Si mantiene el ritmo y la renta variable no sucumbe a la tormenta que azota la deuda soberana, esta diferencia se ensanchará y los mercados europeos cerrarán el año con una subida del 15%, unos cinco puntos por debajo de lo proyectado para la Bolsa estadounidense. Todo un baño de realidad para Europa.

“La reciente brecha de comportamiento se explica sobre todo por los beneficios empresariales y la composición sectorial”, sentencia Mathieu Racheter, jefe de Estrategia en renta variable del banco suizo Julius Baer, en declaraciones a CincoDías. “Los índices estadounidenses tienen una exposición mucho mayor al auge de la inversión en IA. Al mismo tiempo, la subida de los precios de la energía ha ampliado esa divergencia, al ejercer una mayor presión sobre las economías europeas importadoras de energía”, añade. La guerra en Irán ha impulsado el petróleo casi un 50%, hasta superar los 100 dólares por barril de brent, y ha arrastrado al alza los precios en todo el mundo. No solo en Europa, sino también en mercados clave para las compañías europeas, como China o incluso EE UU. Así, desde el inicio de la guerra, las Bolsas europeas apenas han avanzado, mientras Wall Street ha concentrado en este tiempo todo su avance en el año.

“Los índices europeos tienen más peso en negocios más sensibles al ciclo económico, al consumo y a los costes energéticos”, argumenta el director del departamento de banca privada de A&G, José Manuel Villamor, en declaraciones a este diario. Ningún sector en el Viejo Continente acusa tanto el impacto de la guerra como el de consumo discrecional, uno de los primeros en sufrir cuando suben los precios y se debilita el consumo. Sus cotizadas acumulan caídas bursátiles del 15% y, por su relevancia en las Bolsas europeas, les ha restado más de medio punto porcentual, el mayor lastre entre todas las industrias. A la cola están precisamente las firmas del lujo parisino. Hermès se hunde un 38% y LVMH, propietario de Louis Vuitton, se deja un 41% y queda fuera de las diez mayores cotizadas de Europa por primera vez en casi una década.

Otra industria europea castigada en 2026 ha sido el sector automovilístico. El sectorial cede un 21% en Bolsa, a medida que avanza el despegue de los coches eléctricos chinos en Europa. “China y la competencia china fuera del mercado chino siguen siendo difíciles para las marcas occidentales”, sentencia Rolf Ganter, analista de UBS, en un informe del pasado 17 de septiembre enfocado en el motor europeo. A la competencia china se le suma este año la entrada en vigor de los aranceles estadounidenses del 25% sobre los coches europeos, que, según un estudio de McKinsey de principios de septiembre, “explica gran parte” de la caída de las exportaciones europeas a EE UU. Una de las marcas más afectadas por la doble crisis del sector, Volkswagen, acaba de reducir su previsión de margen para este año hasta casi cero. El mayor fabricante de coches de Europa, y segundo del mundo, ha perdido este año un tercio de su valor bursátil.

El repunte del crudo y el castigo a la deuda soberana, con Francia en el punto de mira de los inversores, arrastran al euro a zona de mínimos de mayo de 2025, hasta los 1,12 dólares. Un círculo vicioso al que aún le queda recorrido, con nuevas caídas de la divisa europea, según estiman los estrategas Anthony Feld y Audrey Childe-Freeman, del servicio de Inteligencia de Bloomberg, en una nota del martes pasado: “A muy corto plazo, la evolución (del euro) sigue siendo incierta y está muy condicionada por la geopolítica y por su impacto sobre los precios del petróleo y la energía”. De acuerdo con los analistas de Bloomberg, la moneda única podría seguir a la baja si las hostilidades se intensifican. Sobre la divisa europea pesa también el hecho de que el petróleo se negocie en esta moneda y que EE UU sea un importante exportador de crudo y refinados.

Mientras los mercados del Viejo Continente se estancan, Wall Street brilla como nunca y este viernes el Nasdaq revalidó sus récords. Los inversores extranjeros compraron en los 12 meses hasta julio unos 942.000 millones de dólares (830.000 millones de euros) en acciones y fondos de inversión de EE UU, según datos del Departamento del Tesoro recopilados por el Financial Times la semana pasada. Es el mayor volumen desde el inicio de la serie, en 1985. En comentario a CincoDías, el subdirector de renta variable de la gestora MIFL (Grupo Banco Mediolanum), Giles Worthington, hace hincapié: “Los flujos también se retroalimentan. Las compañías estadounidenses siguen generando beneficios y los mercados de Estados Unidos son profundos y líquidos, por lo que los inversores internacionales tienden a dirigirse hacia ellos en periodos de incertidumbre”.

Los beneficios récord de las grandes tecnológicas de EE UU han sorteado los obstáculos sin apenas resentirse, como en las últimas correcciones del sector de la IA, en junio y julio. El Nasdaq 100 tardó menos de dos meses en recuperarse de estas pérdidas y ya cotiza en máximos desde mediados de septiembre. “El sector tecnológico en EE UU acumula una subida en torno a un 22% en el año, y los semiconductores prácticamente han doblado su valor, una escala difícil de encontrar en otros mercados”, argumenta Flavien del Pino, responsable de BDL Capital Management en España, en comentario a este diario.

Wall Street tampoco ha acusado la debilidad de la economía de EE UU, donde la inflación roza el 3,5%, su nivel más alto en tres años, y la rentabilidad del bono del Tesoro está en máximos desde la crisis financiera, por encima del 5,2%. El escenario económico es tan grave que la Reserva Federal acaba de subir los tipos de interés, por primera vez desde 2023, encareciendo el crédito y enfriando el consumo. Desde Julius Baer, Racheter argumenta que “las entradas de capital en EE UU reflejan principalmente un voto de confianza en la rentabilidad de las empresas estadounidenses, más que un respaldo a todos los aspectos de la política económica del país”.

Miguel Ángel Rico, director de Inversiones en Creand Asset Management, señala que los inversores han redoblado su apuesta por EE UU este año, tras ajustar sus expectativas a los vaivenes de la guerra arancelaria de Donald Trump y calibrar su impacto en las arcas públicas. “Una vez superados los miedos sobre la sostenibilidad de la deuda pública, los inversores internacionales vuelven a orientar sus inversiones hacia EE UU”, afirma el analista de la gestora andorrana.

Con el excepcionalismo estadounidense en plena fuerza —como en sus inicios en los mercados, cuando el imperio petrolero de John D. Rockefeller, Standard Oil, arrebató en 1900 el puesto de compañía más valiosa del mundo a la London & North Western Railway—, cada vez más inversores en todo el mundo recortan su apuesta por Europa a corto plazo. Así lo indica la última encuesta de gestores de fondos de Bank of America, realizada entre el 4 y el 10 de septiembre: los infraponderados en el continente hoy superan en 5 puntos a los sobreponderados, y esa diferencia subirá a 8 puntos en los próximos 12 meses.

Irónicamente, el principal miedo de estos gestores no es un prolongamiento de la guerra o de la inflación, sino las eventuales secuelas sobre la economía mundial de futuras correcciones de las tecnológicas. El 43% de los gestores europeos, afirman los de Bank of America, “considera que una decepción en la inversión en IA es el principal riesgo a la baja para el crecimiento mundial”. En un apunte aún más pesimista para el Viejo Continente a largo plazo, “ningún inversor citó la inversión en IA, digitalización y centros de datos como un factor capaz de acelerar el crecimiento europeo”. O, como resume a este diario Philipp Vorndran, socio en la gestora alemana Flossbach von Storch, “el tema de la IA sigue dominándolo todo”.

La nueva revolución tecnológica parece estar diseñada para que las Bolsas europeas fracasen, pero no debería ser así. “Europa cuenta con empresas sólidas, innovación y capital humano, pero sigue dependiendo más de la financiación bancaria y tiene menos acceso que EE UU a capital de crecimiento a largo plazo”, afirma Robert Schramm-Fuchs, gestor de carteras en el equipo de renta variable europea de Janus Henderson. “Unos mercados de capitales más profundos podrían ayudar a corregir esta situación”, añade en referencia a la unificación financiera europea, una de las reformas más debatidas desde la fundación de la UE y recién recuperada por el informe Draghi. Si el continente quiere hacer frente a la hegemonía estadounidense, debe mirar más hacia sí mismo.

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