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El reto de batir la inflación y lograr un 4% de rentabilidad para el ahorro

Rendimientos superiores al IPC en el corto plazo no son posibles en el ahorro conservador. La búsqueda de rentabilidad real requiere plazos más largos y asumir más riesgo, incluso en oro y Bolsa

Un cliente recibe asesoramiento sobre el destino de sus ahorros.simonkr (Getty Images)

Un volátil hilo invisible une desde hace meses el estrecho de Ormuz con el dinero ahorrado en depósitos, bonos, letras o fondos de inversión. La rentabilidad del ahorro se está viendo sacudida por lo que pasa en Oriente Próximo: el corte de suministro del petróleo y el gas de los países del Golfo por la guerra de Irán ha disparado el precio de la energía, la inflación ha subido y los bancos centrales han elevado en consecuencia los tipos de interés. Los depósitos pagan ahora más que a principios de año, la rentabilidad de las letras del Tesoro ha aumentado y también la de los bonos, especialmente los de mayor plazo. Son en teoría buenas noticias para el ahorrador más conservador si no fuera porque el alza de la inflación va más rápido. Además, para quien ya tiene bonos en cartera, los precios caen, para desgracia de los fondos de renta fija.

El IPC de agosto en España ha sido del 4,3%, superior a la rentabilidad ahora disponible en cualquiera de los productos de ahorro más clásicos. E BCE ha elevado los tipos al 2,5%, que es la ganancia que rondan los fondos monetarios en el mejor de los casos, y el Tesoro paga ya el 2,86% por las letras a doce meses, rendimientos insuficientes para compensar el encarecimiento del coste de la vida. En un entorno de inflación y petróleo al alza, y sin que se vislumbre el final de la guerra en Oriente Próximo, batir a la inflación en el ahorro conservador se convierte en un reto casi imposible. La alternativa pasa de forma inevitable por añadir dosis de riesgo, pero sin que haya que arrojarse necesariamente en brazos de la inversión en Bolsa.

Los fondos y bonos de renta fija corporativa, el oro o incluso el factoring son alternativas al escalón más bajo de riesgo en el ahorro conservador —depósitos o monetarios— con las que aspirar a una rentabilidad anual de al menos el 4%. Y siempre con la consigna constante de la diversificación. Es decir, no meter todos los huevos en la misma cesta —no invertir todo el ahorro en el mismo bono— y estar abierto a incorporar incluso pequeñas dosis de renta variable si el propósito es batir la inflación.

“Lo que mueve el mercado es el precio del petróleo y no tenemos ni idea de cuándo reabrirá el estrecho de Ormuz ni de cuándo habrá paz en Oriente Próximo”, señala Rafael Valera, consejero delegado y gestor de renta fija de Buy & Hold. Ante la incertidumbre, su consejo es elevar la prudencia, lo que en la inversión en renta fija se traduce en posicionarse en bonos de menor plazo y de mayor calidad crediticia. Porque las alzas de tipos de interés que alimentan las subidas de rentabilidad de los bonos esconden una trampa mortal para la renta fija. El rendimiento sube a costa de la depreciación del bono: el emisor tiene que ofrecer más rentabilidad para que el inversor le preste dinero. Y esa es la dinámica que ahora mueve el mercado y que está dejando rentabilidades nulas o incluso negativas en los fondos de renta fija. Mayor motivo aún para afinar la búsqueda de opciones con las que no solo batir la inflación sino no perder dinero.

El B&H Debt —el fondo más conservador que gestiona Valera, con toda la cartera en deuda corporativa de grado de inversión y bonos con un cupón medio del 4,2%—, arroja una rentabilidad media anualizada desde su lanzamiento en febrero de 2020 del 2,8%, aunque en lo que va de este año su ganancia queda en el 0,3%. En los últimos cinco años acumula en cambio una ganancia del 14,9%, lo que da idea de la importancia del horizonte de inversión y del momento de mercado en que se comienza a invertir. Así, adquirir ahora un bono del Tesoro español a 10 años permite una rentabilidad del 4%, pero siempre y cuando la inversión no se toque y se aguarde al vencimiento. Por el camino, el bono puede depreciarse con fuerza, tanta que llegue a anular el efecto de ese pago de cupón anual en caso de que se quiera vender anticipadamente.

Es lo que sucedió en 2022, con el inicio de las subidas de los tipos de interés ante una inflación galopante. El BCE subió el precio del dinero en julio de ese año desde el cero y lo llevó al 4,5% en un plazo de catorce meses, un tiempo que dejó pérdidas históricas en los fondos de renta fija. “Si se es un ahorrador conservador, en un fondo de renta fija a tres años no se puede asumir riesgo”, explica Pablo González Vidal, exdirector de inversiones y creador de El Proyecto K de asesoría financiera. “Lo importante es poder dormir tranquilo; aunque si el ahorrador se queda en un monetario, tendrá lo que fije el BCE para los tipos de interés aspirar a más será imposible”, añade. Imposible, claro está, si no se asume más riesgo. “Hasta para el perfil de riesgo más bajo, es aconsejable tener un poco de todo, también renta variable. Y un 15% de oro en una cartera conservadora es aconsejable, sirve de ayuda en momentos de volatilidad”, asegura.

“Es extremadamente difícil obtener rentabilidades superiores al 4% de manera sostenida sin invertir en Bolsa”, añade José María Montalvo, delegado territorial de EFPA España en Asturias. En sus 34 años de experiencia, este veterano asesor recomienda ante todo, a la hora de invertir, preguntarse el objetivo que se persigue: para qué queremos el dinero y qué pretendemos obtener con él: “Una vez que conocemos el objetivo, conocemos el plazo o tiempo en el que esperamos cumplirlo, y ese tiempo nos marca al activo financiero o producto adecuado para ese objetivo”.

Para el más corto plazo, el ahorrador ahora disfruta de un escaparate de depósitos más atractivo gracias a las dos subidas de tipos que ha decidido el BCE desde junio. Myinvestor ofrece ahora hasta un 3,5% TAE en un depósito a un año —del 3% sin vinculación— y EBN Banco ha mejorado su oferta, pagando el 2,75% TAE a un año y el 3,10% TAE a cuatro años. Bankinter ha elevado al 3% TAE la remuneración de su cuenta online para nuevos clientes y Revolut ha recupera la rentabilidad del 3,51% TAE en su cuenta para competir en pleno impulso del ahorro. Los seguros de ahorro también han comenzado a mejorar la rentabilidad, pero todas estas ofertas se quedan, sin embargo, por debajo del último dato de inflación. “El cliente de perfil más ultraconservador se quedará en el nivel de tipos que marca el BCE, a menos que esté dispuesto a algo distinto, como los fondos con bonos flotantes o pagarés o el factoring”, explica Ignasi Viladesau, director de inversiones de Myinvestor. Así, el fondo monetario de Axa que ofrece Myinvestor renta en lo que va de año el 1,6%, frente al 2,1% que logra el Santalucía Pagarés.

El factoring es una fórmula de ahorro con la que se puede alcanzar un 6% anualizado, según explica Viladesau. Se trata de invertir en facturas, dando el adelanto a la empresa que la emite y que está a la espera de que le pague su cliente en un plazo que en el caso de Myinvestor es de tres meses. Esa empresa, por lo general una pyme, consigue así un ingreso inmediato, pero inferior a la cuantía que le pagará su cliente —la Administración pública o una empresa privada— en el momento acordado. Y esa diferencia es el rendimiento para el inversor. “El riesgo principal no es de impago, sino de demora, y hay un seguro de cobertura sobre el capital aportado”, explica Viladesau. Y en caso de demora, el interés es del 11%.

La inversión directa en bonos, al margen de los fondos de inversión, es otra alternativa para apurar rentabilidad dentro del abanico de la inversión más conservadora. Los fondos cuentan con la ventaja de permitir traspasos de un vehículo a otro sin tributar —se paga impuestos solo en el reembolso—, aunque haya riesgo de pérdidas por la depreciación de los activos. Para Sofía Antón, directora del bróker de renta fija Auriga Bonos, “el momento actual ofrece una oportunidad para construir una cartera de bonos sin gran riesgo de crédito con la que batir a la inflación”. Aunque será necesario esperar al vencimiento de esos bonos y sin invertir todo el capital de golpe, “yendo mes a mes y siguiendo el paso de las reuniones de los bancos centrales”, añade Antón. Así, una cartera a un año —formada por letras a doce meses de España, Italia, Francia y la UE— ofrece ahora un 3,109% anual, aún insuficiente para batir la inflación. Pero si se amplía el plazo a cuatro años, la rentabilidad sube al 4,392% anual, según la cartera propuesta por Auriga Bonos, con bonos de Hochtief, Renault, las compañías alemanas de renting Grenke y Sixt.

La búsqueda de rentabilidad real no es una cuestión menor cuando la inflación está al alza y en un país donde domina el ahorro más conservador. Españoles y europeos en general se resisten a la inversión en Bolsa, con mucho menor peso en la riqueza financiera de las familias que en Estados Unidos. Esto supone una menor capacidad de financiación para las empresas europeas y también haberse perdido el rally bursátil de los últimos años. ING calcula que el patrimonio de los hogares podría haber sido 1,17 billones de euros mayor —lo que equivale al 7% del PIB de la zona del euro— entre 2002 y 2025 si tan solo una cuarta parte de las entradas de depósitos se hubiera destinado a fondos de inversión. Y hasta 2,79 billones de euros mayor —o alrededor del 18% del PIB— si, en su lugar, el dinero se hubiera invertido en acciones cotizadas.

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