Los mercados prolongan el rally y culminan una semana histórica con las Bolsas en máximos
El acercamiento entre EE UU e Irán, la caída de las rentabilidades de la deuda y la expectativa de una Reserva Federal más paciente impulsan el apetito por el riesgo pese a los focos de incertidumbre abiertos


Del miedo a la euforia en apenas unos días. Agosto suele ser sinónimo de apatía bursátil, pero este año los mercados están empeñados en desafiar esa tradición. El sentimiento de los inversores ha dado un vuelco en las últimas jornadas. Si la escalada de las tensiones en Oriente Próximo reavivó los temores a una crisis energética, un repunte de la inflación y unos tipos de interés más altos, el acercamiento entre Estados Unidos e Irán ha contribuido a disipar parte de esas inquietudes y ha devuelto el apetito por el riesgo a los mercados. Todavía no hay un acuerdo, pero las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, apuntando a avances en las negociaciones han bastado para aliviar la presión sobre el petróleo y prolongar las ganancias de las Bolsas. A pesar de la escasa visibilidad sobre el desenlace del conflicto y de incógnitas tan importantes como el rumbo de la política monetaria, los inversores continúan apostando por la renta variable, una dinámica que está llevando a los mercados a encadenar máximos históricos sesión tras sesión.
La primera semana de agosto de 2026 quedará en el recuerdo de los operadores como un episodio excepcional. Los principales índices de Europa y Estados Unidos han seguido pulverizando récords. Hasta el Ibex 35, que necesitó 18 años para recuperar los máximos previos al colapso de Lehman Brothers, se ha sumado al movimiento alcista. Además de registrar su mejor racha desde diciembre, con seis sesiones consecutivas de ganancias, el selectivo ha superado la barrera de los 20.000 puntos, una cota psicológica que hace apenas un año muchos inversores consideraban inalcanzable. Con un avance semanal del 2%, el Ibex 35 sitúa ahora en el punto de mira los 20.300 enteros, barrera que logró tocar durante unos minutos el pasado jueves.
Como el Ibex 35, también el resto de índices europeos, desde el Dax alemán al FTSE británico, pasando por el Stoxx Euro 600, han terminado la semana en zona de máximos históricos. Al otro lado del Atlántico, Wall Street tampoco se queda atrás: tanto el S&P 500 como el Dow Jones cotizan en niveles récord, mientras que el Nasdaq continúa acercándose a sus máximos. El impulso ha encontrado además apoyo en la fuerte desaceleración del mercado laboral estadounidense. En julio se destruyeron 23.000 empleos, frente a unas previsiones que apuntaban a una creación cercana a los 80.000 puestos de trabajo.
La reacción del mercado vuelve a poner de manifiesto una dinámica que se ha repetido en los últimos años: los inversores celebran con más entusiasmo los datos económicos débiles que los sólidos. En un momento en el que las Bolsas no cejan en su asalto a nuevos récords, encontrar argumentos que justifiquen unas valoraciones cada vez más exigentes resulta complicado. Y la política monetaria ocupa un lugar central en esa ecuación. Cualquier señal que reduzca la presión sobre la Reserva Federal es bienvenida por los inversores. Para una institución que debe compaginar la estabilidad de los precios con el pleno empleo, el enfriamiento del mercado laboral puede interpretarse como una razón para mantener la cautela. Los mercados ya han empezado a poner en precio ese escenario. Aunque siguen contemplando una subida de tipos antes de final de año, las mayores probabilidades se han desplazado a octubre y diciembre. Por ahora, eso basta para mantener vivo el optimismo bursátil. “La inflación sigue siendo una preocupación, pero los datos de hoy podrían dar a los responsables de política monetaria más motivos para mantener la paciencia y a los inversores más margen para asumir riesgos”, señala Bret Kenwell, analista de eToro.
A este renovado optimismo contribuyen también los resultados empresariales y la relajación de los mercados de deuda, que en las últimas semanas habían empezado a emitir señales de alerta. “La campaña de resultados del segundo trimestre ha sido capaz de borrar incluso las manchas que sigue dejando la incertidumbre del crudo”, apuntan los analistas de Ibercaja Gestión. Además de superar las previsiones del mercado, las compañías han seguido mejorando sus expectativas para el conjunto del ejercicio. Según los datos recopilados por FactSet, esta revisión al alza de las perspectivas está contribuyendo a sostener unas valoraciones que, para muchos inversores, empiezan a exigir cada vez menos margen para el error.
La moderación de los precios del crudo por las expectativas de un acuerdo ha ayudado, además, a contener las presiones inflacionistas y a frenar la urgencia de subidas de tipos. Este escenario algo más favorable se ha reflejado también en la deuda. A medida que las rentabilidades de los bonos bajan, el precio, que evoluciona de forma inversa, sube. El bono estadounidense a dos años, especialmente sensible a las expectativas sobre la política monetaria, lidera el movimiento con una caída cercana a los 10 puntos básicos en la semana, aunque los descensos se han extendido al resto de vencimientos y mercados. Los bonos de España, Alemania y Francia registran así sus mayores recortes de rentabilidad desde junio, cuando el fallido memorándum de entendimiento entre Washington y Teherán alimentó las expectativas de una distensión temporal. Por su parte, la deuda estadounidense a 30 años, que la semana pasada llegó a alcanzar su nivel más alto desde 2007 por las dudas sobre la capacidad de la Fed para reconducir la inflación, corrige parte de este avance, pero se mantiene en el entorno del 5,2%, una moderación que contribuye a sostener el apetito por el riesgo y respalda las nuevas alzas de las Bolsas.
A pesar de la alegría que impera en los mercados, los riesgos siguen estando presentes. La primera de las amenazas está estrechamente ligada a la situación en Oriente Próximo. Aunque las negociaciones avanzan y Trump insiste en que el acuerdo está cerca, el equilibrio sigue siendo extremadamente frágil. Lo único que se conoce hasta la fecha es que Irán y Omán trabajan en la redacción de un acuerdo sobre el estrecho de Ormuz. Según la agencia semioficial Fars, algunos políticos iraníes están presionando para incluir cláusulas como la prohibición de que barcos estadounidenses e israelíes transiten por esta vía marítima. Esta exigencia choca frontalmente con la demanda de Washington de garantizar la libre navegación y evidencia que, pese al optimismo de las últimas sesiones, el camino hacia un acuerdo definitivo sigue plagado de obstáculos.
La falta de claridad explica la volatilidad del petróleo. Aunque el viernes el brent fluctuó entre las ganancias y las pérdidas, en el conjunto de la semana acumula un descenso superior al 7% y se mantiene en el entorno de los 83 dólares por barril, lejos de los 100 dólares que alcanzó el pasado 23 de junio, cuando el temor a una escalada del conflicto y a un agravamiento de las tensiones energéticas puso en alerta a los inversores.
Con la vista puesta en el corto plazo, la evolución del conflicto en Oriente Próximo, su impacto sobre los precios de la energía y las dudas que aún sobrevuelan al sector tecnológico seguirán marcando el paso de los mercados. Aunque las empresas de semiconductores mantienen un sólido comportamiento gracias al tirón de la inteligencia artificial, en Bank of America recomiendan cautela. Su estratega Michael Hartnett advierte de que el optimismo de los inversores ha alcanzado niveles extremos y recuerda que la euforia puede ser tan peligrosa como el pesimismo. Cualquier contratiempo podría acelerar las salidas de dinero de la renta variable, un riesgo especialmente relevante en un mercado dominado cada vez más por los fondos indexados, cuya operativa tiende a amplificar los movimientos cuando cambia el sentimiento de los inversores.