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La Bolsa se entrega a los resultados empresariales para afrontar el envite del petróleo y los tipos

Las previsiones de beneficios siguen mejorando y sostienen el optimismo de los inversores, pero unas valoraciones cada vez más exigentes dejan poco margen para las decepciones

Vista aérea del parqué de la Bolsa de Nueva York. Getty ImagesxPACIFICA (Getty Images)

Inestabilidad internacional, crisis de suministro energético, presiones inflacionistas, falta de visibilidad sobre la política monetaria... Con este telón de fondo, cabría esperar una corrección bursátil. Sin embargo, la realidad ha ido por otro camino. Salvo episodios puntuales de volatilidad, con ventas masivas de acciones y deuda que evocaron el impacto de la andanada arancelaria anunciada por Donald Trump en abril de 2025, la renta variable se recupera con rapidez tras cada sobresalto y retoma la senda alcista. Los principales índices bursátiles han firmado su mejor primer semestre en seis años y, hasta la semana pasada, siguieron encadenando máximos históricos.

Detrás de este optimismo se encuentra una explicación poderosa: la resiliencia de los beneficios empresariales y de la economía, especialmente la estadounidense. La temporada de resultados siempre es un buen momento para medir la solidez de las cotizadas, pero en esta ocasión adquiere una importancia especial porque gran parte del rally bursátil descansa sobre la fortaleza de las ganancias empresariales. Warren Hyland, gestor de carteras en Muzinich, señala que los resultados de la gran banca de EE UU, conocidos la semana pasada, tuvieron un tono alentador, con cifras mejores de lo esperado que confirman la resiliencia del consumidor estadounidense y de las empresas. “Parecen haber logrado exactamente lo que los mercados necesitaban: proporcionar un ancla basada en los fundamentales empresariales en medio de un contexto de ruido geopolítico”, indica.

Shannon L. Saccocia, directora de inversiones de Wealth en Neuberger Berman, considera que en un entorno marcado por numerosos riesgos macroeconómicos, los inversores están apostando casi exclusivamente por los resultados empresariales para sostener las subidas, lo que deja muy poco margen para las decepciones, al tiempo que crece el riesgo de un revés bajista si se acelera el encarecimiento de la energía y empiezan a subir los tipos en EE UU. “La temporada de beneficios del segundo trimestre está cobrando una importancia mayor de lo habitual, ya que los inversores buscan evidencias nuevas y cada vez más sólidas de que el superciclo de la inteligencia artificial sigue contribuyendo a impulsar las ganancias empresariales, lo que a su vez alimenta las subidas de los mercados”, destaca.

Beneficios en claro ascenso

De momento, las previsiones empresariales invitan al optimismo. La cuestión es si las compañías serán capaces de cumplir unas expectativas cada vez más exigentes, en un entorno con crecientes presiones inflacionistas en el que un giro alcista de los tipos de interés podría deshacer el rally bursátil. Jaime Medem, director de inversiones de Mirabaud WM, estima que las previsiones apuntan a un crecimiento de los beneficios cercano al 23% para las cotizadas estadounidenses, que se sumaría al avance del 28% registrado en el primer trimestre. Algo más moderadas, aunque también positivas, son las previsiones para las compañías europeas, con aumentos de beneficios en el entorno del 12% al 13%, los mejores registros desde comienzos de 2023.

Pero estas expectativas favorables no se limitan a Europa y Estados Unidos. Según datos recopilados por Citi, pese a un entorno de estanflación (una combinación de crecimiento económico moderado y presiones sobre los precios), las previsiones apuntan a que el beneficio por acción agregado de las empresas incluidas en el MSCI All Country World Index (ACWI), uno de los principales índices bursátiles globales y referencia para más de 2.500 compañías de mercados desarrollados y emergentes, crecerá un 27% este año, 10 puntos porcentuales más de lo previsto a comienzos de ejercicio. La temida desaceleración empezaría a hacerse visible ya el próximo año, aunque las estimaciones siguen apuntando a un crecimiento cercano al 16%. “No solo los resultados no se han visto trastocados por los riesgos geopolíticos, sino que las perspectivas han mejorado de manera importante”, señala Medem.

Aunque los datos son positivos, el consenso de los analistas considera fundamental que la mejora de los beneficios se extienda a un mayor número de compañías y sectores. Hasta ahora, los mayores incrementos se han concentrado en los sectores tecnológico, gracias al impulso de la IA, y financiero. Esta ampliación sigue siendo incipiente, pero empiezan a apreciarse las primeras señales. Según datos recopilados por FactSet, en el segundo trimestre las ganancias de las siete magníficas seguirán liderando la tabla con un crecimiento del 31,1%, pero para las otras 493 compañías del S&P 500 las previsiones apuntan a incrementos del 22,8%, el dato más elevado desde 2021.

“Si la tasa de crecimiento global depende de que un puñado de empresas vuelvan a obtener resultados excepcionales, cualquier debilidad entre ellas corre el riesgo de desestabilizar un repunte basado íntegramente en los beneficios”, remarca Saccocia. La necesidad de que el crecimiento de las ganancias gane amplitud refleja hasta qué punto los beneficios se han convertido en el principal sostén del mercado. Para Saccocia, esta evolución es clave para que los beneficios sigan respaldando las valoraciones y sosteniendo el avance de las Bolsas. “Los grandes bancos estadounidenses dieron el pistoletazo de salida a la campaña con cifras sólidas, aunque apenas movieron el mercado. En cambio, la advertencia de IBM de que sus ingresos y beneficios quedarían por debajo de lo esperado provocó un desplome de casi el 25%, el mayor de su historia”, destaca.

El alto coste de decepcionar

En un entorno en el que los inversores dan por descontados unos resultados robustos, una decepción basta para cambiar el ánimo del mercado. Tras meses de revisiones al alza de las previsiones, ya no es suficiente con cumplir. Así quedó patente esta semana con Alphabet y Tesla. Aunque la matriz de Google superó las expectativas, especialmente en su negocio de la nube gracias al empuje de la IA, el anuncio de un plan de inversiones más ambicioso de lo previsto desencadenó una fuerte corrección entre las grandes tecnológicas y arrastró al conjunto del mercado. El jueves, un día después de rendir cuentas ante los inversores, Alphabet sufrió su peor sesión 14 meses, con una caída del 6,9%, mientras Tesla se desplomó un 14,5%, su mayor castigo desde marzo de 2025.

Antonio Castelo, analista de iBroker, reconoce que resulta sorprendente cómo, hasta la fecha, los riesgos han generado más ruido que impacto sobre los beneficios empresariales y la economía. “El mercado no está ignorando los riesgos, está concluyendo que, de momento, sus efectos económicos serán manejables”, subraya.

Además de la mejora de los beneficios empresariales en Estados Unidos y Europa, una región esta última más vulnerable al encarecimiento de la energía, los últimos datos macroeconómicos, especialmente los de la economía estadounidense, han confirmado una tendencia de fondo positiva. El crecimiento se ha moderado y el empleo ofrece algunas señales de enfriamiento, pero no se ha producido una recesión ni una caída significativa del consumo. Con este telón de fondo, Castelo señala que el temor de los inversores a quedarse al margen de las subidas ha terminado pesando más que el miedo a una corrección. A su juicio, cada episodio de tensión ha provocado ventas iniciales, pero mientras el petróleo no se dispare de forma permanente y la economía no se deteriore, esas caídas acaban convirtiéndose en oportunidades de entrada para los inversores. A ello se suma el respaldo de las expectativas sobre los bancos centrales. Según el analista de iBroker, el mercado ha desarrollado una lógica favorable a los activos de riesgo: cuando los datos son sólidos, refuerzan la idea de una economía resistente; cuando se debilitan o la inflación se modera, los inversores interpretan que las autoridades monetarias disponen de mayor margen para relajar su política, lo que da continuidad a las subidas de las Bolsas.

En definitiva, se ha creado una dinámica en la que prácticamente cualquier dato encuentra una lectura favorable para los mercados, una situación que algunos expertos interpretan como una señal de complacencia. Esa es la conclusión que se desprende de la última encuesta a gestores de Bank of America, que revela cómo el sentimiento de los inversores es el más alcista desde febrero de 2025, impulsado por el mayor repunte del optimismo sobre los beneficios desde julio de 2020 y por un aumento récord de la disposición a asumir riesgo en los últimos tres meses. Los niveles de liquidez han caído al 3,9%, activando una “señal de venta”, una advertencia de que el optimismo podría estar alcanzando niveles excesivos tras meses de subidas casi ininterrumpidas.

Ante este escenario, Castelo recomienda prudencia. El analista de iBroker reconoce que el aumento de los ingresos, los pedidos y los presupuestos de inversión respaldan la idea de que se está produciendo un auténtico ciclo de gasto empresarial. Aun así, cree que las cotizaciones reflejan sobre todo las oportunidades y apenas descuentan los riesgos. “Esta confianza puede ser razonable, pero deja muy poco margen para el error”, apunta Castelo.

El experto sostiene que, hasta el momento, los inversores solo están contemplando el escenario más benigno: un conflicto en Oriente Próximo contenido, precios del petróleo manejables, crecimiento resiliente, inflación moderada y resultados sólidos. Mientras este escenario se mantenga, el apetito por el riesgo puede seguir su curso, pero las valoraciones son muy exigentes y cualquier decepción puede acelerar la corrección. En las últimas semanas ya han empezado a aparecer las primeras grietas entre las firmas de semiconductores, las estrellas de la pasada temporada. Tras firmar su mejor arranque desde 1999, en pleno auge de la burbuja puntocom, el índice de semiconductores de Filadelfia se deja más de un 16% desde los máximos alcanzados hace apenas un mes.

Pendientes de la Fed

De momento, el optimismo sigue imponiéndose, aunque los riesgos empiezan a ganar protagonismo. Saccocia destaca que, si bien muchos inversores reconocen que existen argumentos para la corrección, no están actuando en consecuencia. “El reequilibrio estacional entre los inversores institucionales, que suele lastrar las acciones en esta época del año, no se ha materializado con la amplitud que cabría esperar. La narrativa de los resultados puede sostener a los mercados hasta julio, pero un cambio en el tono de la Fed podría convertirse en el riesgo dominante de cara a la segunda mitad del año”, apunta. El repunte del petróleo en las últimas semanas ha reavivado el temor a tipos más altos. A la espera del veredicto de la Fed la próxima semana, vuelven a cobrar fuerza las apuestas a una o más subidas. Septiembre (55% de probabilidad) y diciembre (38%) siguen siendo los meses con más papeletas.

Por su parte, la última encuesta internacional de Fidelity advierte de que el encarecimiento de la energía, el transporte y las materias primas podría hacerse más visible conforme expiren las coberturas energéticas y se agoten las existencias acumuladas que han protegido hasta ahora a muchas empresas. Niamh Brodie-Machura, directora de inversiones de renta variable de Fidelity International, considera que la capacidad de las compañías para gestionar ese aumento de costes será un factor diferencial cada vez más importante.

En otras palabras, los beneficios siguen respaldando el optimismo de los inversores, pero también se han convertido en su principal punto de vulnerabilidad. “El mercado tiene argumentos para ser optimista; lo que empieza a faltarle es margen de seguridad”, concluye Castelo.

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