El Ibex vive su mejor trimestre desde 2020 con el petróleo en retroceso
El selectivo español se anota un 14% y el ‘brent’ cae un 38% entre abril y junio. El Nasdaq logra su mejor registro desde el estallido de la covid


Ormuz y el petróleo han vuelto a marcar el pulso de los mercados en un trimestre que se salda con fuertes contrastes: mientras el precio del barril de brent encadena un desplome cercano al 40%, las Bolsas firman su mejor periodo desde la pandemia, con el Ibex 35 avanzando un 14% entre abril y junio. En este contexto, a medida que se desvanecían las expectativas de un conflicto breve y las reservas de crudo se reducían con rapidez, los precios de la energía repuntaban y, con ellos, resurgían los temores a un escenario de estanflación. Como ya demostró el año pasado en la guerra comercial, el margen de sorpresa en la política estadounidense es elevado. Pero esta vez el riesgo de enquistamiento era mayor. A la imprevisibilidad de la Casa Blanca se sumaba un actor igualmente volátil: Irán. Entre episodios de presión y distensión, y con los organismos internacionales redoblando sus llamamientos al entendimiento, los inversores seguían con máxima atención las negociaciones entre Washington y Teherán.
El acuerdo llegó en el tiempo de descuento, a mediados de junio, justo en la ventana que los economistas señalaban como crítica para que la actividad regresara al estrecho de Ormuz y se evitara un impacto mayor sobre la economía global que pudiera derivar en recesión. Si bien las Bolsas ya venían mostrando una fortaleza inusitada, fue el acuerdo preliminar del 14 de junio el verdadero catalizador que desencadenó la corrección del petróleo y un nuevo tramo alcista de las acciones.
Por la mínima, el brent no logra cerrar el mes por debajo de las cotas previas a la crisis —un nivel que sí llegó a alcanzar la semana pasada—, pero registra en junio una caída superior al 20%, la mayor desde marzo de 2020. Entonces, el shock de la pandemia, el abrupto parón de la actividad y los confinamientos hundieron el precio del crudo un 55%. En el balance trimestral, el retroceso alcanza el 38%, una corrección de gran calado, pero lejos del desplome del 65,5% registrado en el arranque de 2020, cuando economía, mercados y sociedad se enfrentaban a un escenario inédito.
El giro del petróleo marcó también el paso de las Bolsas. A medida que los precios de la energía se alejaban de los máximos, el apetito por la renta variable fue ganando tracción. “Cada escalada en el conflicto ha empujado a los inversores hacia posiciones defensivas, pero cada paso atrás desde el precipicio ha devuelto con rapidez el apetito por el riesgo. Los recortes del mercado han sido interpretados como señal de entrada y no de cambio de tendencia”, señala Alberto Blanco, profesor del Máster de Bolsa y Mercados Financieros del IEB.
Con ese telón de fondo y las promesas del fin de las hostilidades, los inversores aceleraron las compras en la renta variable, aunque en la última sesión del mes se impuso la cautela y muchos optaron por reajustar carteras antes de encarar la segunda mitad del año. Con todo, el Ibex 35 se anota un 14,2% en el trimestre, su mejor registro desde finales de 2020, cuando el despliegue de las vacunas de Pfizer, Moderna y AstraZeneca abrió el camino hacia la normalización tras el shock sanitario.
La Bolsa española no es una excepción. El movimiento se repite a ambos lados del Atlántico y apunta a un patrón común: los principales índices están firmando su mejor trimestre desde aquel giro de mercado que siguió al colapso de la covid. El Stoxx 600 avanza en torno a un 10% y el Mib italiano destaca con una subida del 16,6%, las mayores en más de cinco años. El resto de plazas europeas se mueven en una horquilla más estrecha, que va del 13,6% del Euro Stoxx 50 a un más moderado 3,1% del FTSE británico.
Ni siquiera las dudas de las últimas jornadas sobre el sector tecnológico han alterado ese balance. Pese a los temores recurrentes a una burbuja, el Nasdaq logra recomponerse y registra ganancias en torno al 21%, también en niveles no vistos desde finales de 2020. La recuperación de las tecnológicas en las dos últimas sesiones también se ha dejado sentir en el Dow Jones: la entrada de Alphabet a comienzos de semana ha impulsado al índice a encadenar su segundo máximo consecutivo. Más que una anomalía aislada, el mercado vuelve así a un ritmo de avances que solo se había registrado en momentos de fuerte inflexión del ciclo. “El segundo semestre se presenta como una prueba de validación para un mercado que ha llegado con valoraciones exigentes, expectativas de beneficios elevadas y una narrativa de crecimiento muy apoyada en la IA. El margen de error es muy limitado”, señalan los analistas de Macroyield.
Exceso de complacencia
Detrás del optimismo del mercado asoma una complacencia que inquieta a muchos inversores. Mientras Blanco advierte de que unas Bolsas en niveles récord no son necesariamente señal de fortaleza, Pilar Aranda, analista de Bankinter, anticipa que la caída en picado del petróleo no eliminará las tensiones de fondo: los precios seguirán siendo volátiles y la incertidumbre marcará el paso. “Veremos episodios como el actual, con cotizaciones por debajo del inicio de la contienda, pero en un contexto de oferta insuficiente frente a la demanda, es previsible que la tensión persista”, apunta. La experta sitúa el brent en el entorno de los 85 dólares a finales de año.
Warren Patterson, analista de ING, considera por su parte que, con un barril en torno a los 70 dólares, el mercado no incorpora actualmente ninguna prima de riesgo geopolítico. “Se está interpretando el alto el fuego temporal entre EE UU e Irán como si fuera permanente, pese a que la situación sigue siendo inestable y puede cambiar rápidamente. Alcanzar ese acuerdo ya fue complejo y cerrar uno definitivo —especialmente sobre la cuestión nuclear— en un plazo breve parece poco realista”, añade.
De cara a los próximos meses, el consenso se mantiene moderadamente optimista. Bankinter se sitúa entre las entidades más positivas y otorga al Ibex 35 un potencial del 15% a 18 meses, hasta los 22.328 puntos, mientras que para el S&P 500 prevé subidas de hasta el 30%. “La revisión al alza de los beneficios empresariales da como resultado valoraciones superiores de Bolsas, que vuelven a ofrecer potenciales cómodos”, señalan en la entidad. Más moderado se muestra Blanco que anticipa como escenario más probable un avance más selectivo. “Por ahora, los inversores siguen comprando futuro. El riesgo es que estén prestando cada vez menos atención al precio que pagan por él”, sostiene.
Entre los principales riesgos a corto y medio plazo, los analistas de Bankinter apuntan a un escenario de tipos de interés más altos, un eventual giro en la geoestrategia con la situación en Oriente Próximo como principal fuente de volatilidad y el exceso de optimismo en torno a las salidas a Bolsa vinculadas a la IA. En este sentido, desde la entidad consideran que el BCE ha actuado con cierta premura en el endurecimiento monetario y, con la inflación moderándose, esperan que la Reserva Federal mantenga sin cambios el precio del dinero. Ramón Forcada, director de análisis y mercados de Bankinter, valora de forma positiva el aplazamiento de la salida a Bolsa de OpenAI hasta 2027. “La entrada en el mercado de compañías que no generan beneficios, pero alcanzan valoraciones elevadas, introduciría más riesgo. Si se retrasa, mejor”, señala.
La moderación reciente de la inflación y el tono algo más prudente del BCE han rebajado las expectativas de nuevas subidas de tipos. Este cambio ayuda a contener las rentabilidades de la deuda: el bono español a diez años cierra el trimestre en el 3,3%, en línea con el cierre de 2025, mientras el alemán se mantiene en el 2,8%. En Estados Unidos, en cambio, el mercado sigue descontando tipos altos durante más tiempo, lo que mantiene el rendimiento del bono a diez años en torno al 4,4%.
El arranque del verano introduce un nuevo factor de incertidumbre. La caída de los volúmenes de negociación propia de los meses estivales suele amplificar los movimientos del mercado, convirtiendo cualquier noticia en un catalizador de oscilaciones abruptas. En un contexto todavía marcado por la fragilidad geopolítica y unas valoraciones exigentes, la menor liquidez abre la puerta a episodios de volatilidad más acusada, poniendo a prueba la solidez del rally y la capacidad de los inversores para sostener el apetito por el riesgo.
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