Alphabet bate previsiones, pero no convence a unos inversores cada vez más escépticos con la IA
Las acciones fuera de negociación caen un 4%. Los ingresos en la nube suben un 82% en el trimestre


Con unas valoraciones bajo la lupa y crecientes dudas sobre la capacidad de convertir en beneficios las multimillonarias inversiones en inteligencia artificial, los siete magníficos empiezan a someterse al examen del mercado. La primera en pasar la prueba ha sido Alphabet. A la espera de que los inversores le pongan nota, los resultados de la matriz de Google dejan una lectura mixta: la IA sigue funcionando como un potente motor de crecimiento, pero ya no todos sus negocios avanzan al mismo ritmo. La nueva tecnología sigue impulsando el crecimiento de la compañía, pero ya no basta para disipar todas las dudas de Wall Street.
El gigante tecnológico confirmó que los ingresos de su división de nube se dispararon un 82% en el trimestre, hasta los 24.770 millones de dólares (21.632,5 millones de euros), superando en más de 2.000 millones las previsiones de los analistas. Sin embargo, su negocio de búsquedas, la histórica máquina de hacer dinero del grupo, quedó ligeramente por debajo de las expectativas al ingresar 63.270 millones de dólares (55.412,5 millones de euros), frente a los 63.280 millones (55.421,26 millones de euros) que esperaba el mercado.
Más allá de las diferencias de ritmo entre sus principales negocios, las cifras volvieron a mostrar una compañía en plena expansión. En el segundo trimestre el beneficio ascendió a los 112.107 millones de dólares (98.200 millones de euros), lo que supone un 298% más que en el mismo periodo del año anterior. Las ganancias semestrales se amplían un 178%, hasta los 174.685 millones de dólares (cerca de 152.991 millones de euros). Con estas cifras el beneficio por acción alcanza los 9,11 dólares y supera las expectativas. Alphabet atribuyó el fuerte avance de la nube al tirón de la IA y defendió que sus inversiones en esta tecnología están “redefiniendo qué es posible en cada parte de nuestro negocio”. La compañía no dudó en calificar de “increíbles” sus resultados.
El mercado, sin embargo, parece exigir algo más que cifras sólidas. En la negociación posterior al cierre de Wall Street, las acciones han llegado a caer un 4%, una muestra de que la cuestión ya no es cuánto crecen las grandes tecnológicas, sino si ese crecimiento compensa el coste de la carrera por la IA.
Después de años de euforia bursátil en los que beneficios y cotizaciones se han disparado, impulsando una concentración inédita del mercado en torno a un puñado de gigantes tecnológicos, los inversores comienzan a pasar de la fe a las pruebas. “Alphabet ha demostrado que puede obtener buenos retornos de su gasto, pero la cuestión es si puede seguir logrando esos mismos retornos”, advertía antes de la publicación de los resultados Jonathan Cofsky, gestor de carteras de Janus Henderson Investors.
Y pocas compañías tienen tanto que demostrar como Google. La matriz de Alphabet figura entre las mejor posicionadas para monetizar la revolución de la inteligencia artificial gracias al crecimiento de Google Cloud, su liderazgo en búsquedas y el desarrollo de herramientas como Gemini. Sin embargo, el desafío es de una magnitud igualmente extraordinaria.
La compañía planea destinar este año 190.000 millones de dólares a inversiones y ya ha recurrido tanto a la deuda como a una ampliación de capital de 85.000 millones (74.440 millones de euros) para reforzar su capacidad financiera. Pero la factura seguirá aumentando. Según el consenso recopilado por Bloomberg, las inversiones de capital podrían alcanzar los 262.000 millones de dólares en 2027, casi el triple que en 2025.
En un año marcado por la volatilidad, por el creciente escrutinio sobre la rentabilidad de la IA y por las tensiones energéticas derivadas del conflicto en Oriente Próximo, que han añadido incertidumbre a los mercados, Alphabet sigue figurando entre las grandes ganadoras de Wall Street. La compañía acumula una revalorización cercana al 9% en Bolsa y presume de una capitalización superior a los cuatro billones de dólares, por delante de Microsoft (2,9 billones) y Amazon (2,6 billones). Sin embargo, desde los máximos alcanzados en mayo sus acciones retroceden alrededor de un 15%, una señal de que el mercado empieza a exigir algo más que expectativas de crecimiento. Para Wall Street, la era de las promesas parece estar llegando a su fin; comienza la de las demostraciones.