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El sentimiento alcista de los gestores de fondos se eleva hasta “niveles extremos”

Los profesionales de la inversión tienen los ratios de liquidez en mínimos para no bajar de la ola de la inteligencia artificial

Un trabajador de la sala de tesorería de BBVA.Manuel Casamayón

El optimismo de los grandes inversores se ha intensificado en los mercados financieros en pleno verano. La última encuesta global a gestores de fondos, elaborada por Bank of America, muestra que el sentimiento de mercado está en niveles muy elevados, impulsado por la confianza en el crecimiento económico y el avance de la inteligencia artificial, que sigue actuando como principal motor bursátil. El indicador Bull & Bear —que mide el sentimiento general del mercado— indica una “tendencia alcista extrema”.

Una de las señales más claras de este comportamiento es la fuerte caída de la liquidez en cartera. Los gestores mantienen ahora posiciones de efectivo en torno al 3,6% de los activos, uno de los niveles más bajos registrados en los últimos años. Este descenso refleja una apuesta decidida por los activos de riesgo y el temor a quedarse fuera de un mercado al alza. Nadie quiere perderse la ola de la inteligencia artificial (IA).

El flujo de capitales se dirige principalmente hacia la Bolsa, con especial intensidad en Estados Unidos, como ha venido ocurriendo en los últimos años. La exposición a renta variable estadounidense alcanza máximos desde finales de 2024, apoyada en el peso de las grandes tecnológicas y en el impulso de las expectativas en torno a la inteligencia artificial.

El indicador de sentimiento que combina liquidez, expectativas macroeconómicas y exposición a Bolsa se sitúa en zona de máximos, lo que sugiere un grado de confianza poco habitual entre los inversores. Este nivel de optimismo suele asociarse a fases avanzadas del ciclo bursátil, en las que el margen adicional de subida se reduce y aumenta la sensibilidad a posibles cambios de tendencia. Una fuerte corrección podría estar a la vuelta de la esquina.

Las perspectivas macroeconómicas contribuyen a sostener esta lectura. Más de la mitad de los gestores considera que la economía global mantendrá un dinamismo suficiente como para evitar un deterioro significativo en los próximos 12 meses. A ello se suma un repunte de las expectativas de crecimiento y una moderación en las previsiones de inflación, lo que ha reforzado la confianza en los mercados.

El escenario monetario también ha cambiado en los últimos meses. La mayoría de los inversores da por hecho que la Reserva Federal mantendrá una política acomodaticia a corto plazo, con escasas probabilidades de nuevas subidas de tipos antes de las elecciones legislativas en Estados Unidos. Este contexto de tipos estables refuerza la búsqueda de rentabilidad en activos de riesgo.

En paralelo, la IA continúa concentrando gran parte del posicionamiento del mercado. La inversión en semiconductores se ha convertido en la operación más extendida entre los gestores, muy por encima de cualquier otra estrategia. El gasto en infraestructuras tecnológicas por parte de las grandes compañías se percibe como un elemento clave para sostener el crecimiento y justificar las valoraciones actuales.

Sin embargo, esta concentración también aumenta los riesgos. Una parte relevante de los inversores identifica la posibilidad de una burbuja en la inteligencia artificial como la principal amenaza para los mercados. Las dudas se centran en la sostenibilidad del ritmo de inversión y en la posibilidad de que las expectativas actuales superen el crecimiento real de los beneficios.

Las respuestas de los gestores reflejan cierta dualidad. La mayoría considera que las acciones ligadas a la inteligencia artificial se encuentran todavía en una fase de expansión, caracterizada por el aumento de la demanda y el interés inversor. No obstante, un porcentaje significativo cree que algunos segmentos ya han entrado en una fase de euforia, en la que las valoraciones se sitúan en niveles exigentes.

El posicionamiento sectorial confirma la predisposición al riesgo. Los inversores mantienen sobreponderaciones en sectores cíclicos como banca, industria o tecnología, mientras reducen su exposición a áreas tradicionales de carácter defensivo, como el consumo básico o la energía. Este cambio de equilibrio responde a la expectativa de crecimiento y a la menor preocupación por una desaceleración económica inmediata.

Señales de alerta

En términos históricos, la combinación de baja liquidez, elevada exposición a renta variable y fuerte optimismo ha precedido en ocasiones a periodos de menor rentabilidad en los mercados. En estos contextos, cualquier sorpresa —ya sea en forma de desaceleración económica, repunte de la inflación o endurecimiento de la política monetaria— puede provocar ajustes rápidos en las cotizaciones.

Algunos análisis advierten de que el principal riesgo actual no es tanto un deterioro evidente de la economía como un cambio inesperado en las expectativas. La elevada concentración en determinados activos, especialmente en torno a la inteligencia artificial, deja a los mercados expuestos a movimientos bruscos si se produce una revisión de las previsiones.

En este contexto, el ciclo alcista continúa apoyado en factores sólidos, pero con señales de saturación en el posicionamiento inversor. La evolución de la política monetaria, el ritmo del crecimiento global y la capacidad de las grandes tecnológicas para sostener sus inversiones serán determinantes para medir la duración de esta fase del mercado.

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