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Swisscanto reivindica seguir invertido pese a la volatilidad y apuesta por emergentes e IA

Los expertos recomiendan no tomar decisiones a ritmo de titulares y centrar las carteras en tendencias de largo recorrido

El logotipo de Mobileye en las pantallas de gestores de fondo en Wall Street.Richard Drew (AP)

Los mensajes contradictorios de Donald Trump y el aumento de la incertidumbre geopolítica han devuelto la volatilidad a los mercados. En jornadas como la de este miércoles, en la que nuevas declaraciones del presidente estadounidense han vuelto a agitar las Bolsas y han frenado el rally de las últimas semanas, mantener la calma resulta especialmente complicado. Sin embargo, los gestores de Swisscanto Asset Management creen que precisamente ahí reside una de las claves para obtener rentabilidad. “El gran error de 2025 fue no estar invertido”, apuntan.

La gestora suiza, que administra 381.000 millones de euros y desembarcó en España hace aproximadamente un año, considera que muchos inversores reaccionaron de forma excesiva a las tensiones comerciales y geopolíticas registradas en los últimos meses. A juicio de sus responsables, tanto el impacto de los aranceles impulsados por la Administración estadounidense como los episodios de tensión en Oriente Próximo terminaron traduciéndose en correcciones temporales. Una vez disipadas las mayores incertidumbres, los mercados recuperaron con rapidez el terreno perdido.

Con esa visión de fondo, Gonzalo Ramón-Borja Álvarez de Toledo, director general de Swisscanto para España, identifica tres grandes vectores de inversión para los próximos años: mercados emergentes, inflación y tecnología. Aunque el interés por las economías en desarrollo ha ganado fuerza entre analistas y gestoras en los últimos meses, el directivo subraya que se trata de una temática presente en las carteras de la entidad desde hace años. “La tesis de emergentes no es táctica, sino estructural”, señala. Según explica, estas economías están ganando peso tanto en renta variable como en renta fija y deberían desempeñar un papel cada vez más relevante en las carteras globales. Aunque las acciones de estos países representan apenas el 11% del índice MSCI ACWI, aportan alrededor del 60% del crecimiento del PIB mundial.

La misma tendencia se observa en los mercados de bonos. El peso de los emergentes dentro de los índices globales de renta fija ha pasado de alrededor del 5% en 2016 a cerca del 16,6% en la actualidad. Los gestores destacan que estos mercados ofrecen una combinación poco habitual de crecimiento económico superior al de las economías desarrolladas, inflación más controlada y rendimientos reales positivos.

A ello se suma el factor de las valoraciones. Según sus cálculos, los mercados emergentes cotizan con un descuento cercano al 20% frente a los desarrollados. Además, destacan que muchas de estas economías han conseguido estabilizar los precios desde la pandemia sin recurrir a fuertes devaluaciones de sus monedas, un cambio que ven muy positivo respecto a ciclos anteriores.

La visión constructiva sobre los mercados también se refleja en el posicionamiento de las carteras de renta fija. Los gestores han aumentado la exposición a deuda pública y han alargado la duración, convencidos de que el contexto actual es muy diferente al de 2022. Entonces, la inflación se disparaba mientras los tipos de interés permanecían cerca de cero. Ahora, aunque la evolución de los precios sigue siendo la principal variable a vigilar, creen que las tasas de interés se encuentran en niveles más equilibrados y contemplan como máximo una subida adicional de tipos por parte del Banco Central Europeo.

En este entorno, creen que los inversores españoles tienen margen para diversificar más sus carteras. Tras años concentrando el ahorro en depósitos y productos monetarios, recomiendan ampliar el universo de inversión hacia segmentos como la deuda híbrida, los bonos contingentes convertibles (CoCos) o determinadas emisiones de alto rendimiento respaldadas por colateral. El objetivo es mejorar la rentabilidad potencial sin depender exclusivamente de la deuda tradicional.

Si en renta fija la búsqueda de oportunidades pasa por la diversificación, en Bolsa la atención se centra en las grandes transformaciones estructurales de la economía. Una de las principales convicciones de inversión es la electrificación, una tendencia que consideran respaldada por tres fuerzas de largo plazo: la descarbonización, la seguridad energética y la reindustrialización. Los gestores defienden que la transición desde un modelo intensivo en combustibles fósiles hacia otro basado en la electricidad exigirá inversiones masivas durante años. Por ello, prefieren invertir en toda la cadena de valor, desde la generación energética y las redes eléctricas hasta el almacenamiento y el consumo final.

La otra gran apuesta es la inteligencia artificial. A diferencia de lo ocurrido en los últimos años, cuando las oportunidades se concentraban en un reducido grupo de gigantes tecnológicos, ven que el mercado está entrando en una nueva fase en la que la tecnología comienza a extender sus beneficios al resto de sectores de la economía. “La IA ya no es solo una moda”, sostienen. En su opinión, la atención de los inversores empieza a desplazarse desde quienes desarrollan la tecnología hacia las empresas capaces de mejorar su productividad y aumentar beneficios gracias a ella. Sectores como la salud figuran entre los que podrían beneficiarse de esta nueva etapa.

Pese al entusiasmo por estas tendencias, los gestores insisten en la necesidad de mantener la diversificación en un mercado cada vez más concentrado. En su opinión, las decisiones de inversión deben apoyarse en tendencias estructurales y no en los sobresaltos diarios provocados por la política o la geopolítica. La lección que extraen de los últimos meses es clara: para muchos inversores, el principal riesgo no ha sido la volatilidad, sino quedarse fuera del mercado.

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