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El mercado, a la expectativa ante la llegada de Burnham y las dudas sobre el rumbo fiscal

La deuda y la libra se estabilizan tras el anticipado relevo de Starmer, frente a la inestabilidad de semanas atrás

El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, y la ministra de Hacienda, Rachel Reeves, el 28 de octubre en Downing Street. ReutersHollie Adams (REUTERS)

La presión ha acabado por imponerse. Tras semanas de rumores y creciente desgaste político, Keir Starmer ha confirmado este lunes su dimisión como primer ministro británico, un desenlace que en los últimos días ya se daba prácticamente por hecho. Los mercados, que semanas atrás habían mostrado inquietud ante la posible llegada de Andy Burnham, reaccionan por ahora con calma. Apenas un mes después de que los rendimientos de la deuda británica a 10 y 30 años lanzaran señales de alarma al dispararse a máximos de 2008 y 1998, respectivamente, el escenario se mantiene estable.

Desde la derrota del Partido Laborista en las elecciones de mayo, las voces que reclamaban su salida no habían dejado de crecer. Pese a reiterar en varias ocasiones su intención de resistir en el cargo, la presión interna y externa fue en aumento hasta precipitar un final inevitable. Su marcha despeja el camino para el exalcalde de Mánchester, Andy Burnham, recién regresado al Parlamento tras su victoria en una elección parcial la semana pasada. Burnham se perfila como el principal candidato a sucederle al frente del Gobierno.

La dimisión de Starmer llega, además, en un momento cargado de simbolismo. Coincide con el décimo aniversario del Brexit: este martes se cumplen diez años desde que los británicos votaron a favor de abandonar la Unión Europea. Desde aquel referéndum, la inestabilidad se ha instalado como una constante en la política británica, con seis primeros ministros en apenas una década. Y la cifra no tardará en aumentar: en cuestión de semanas serán siete, en un giro que recuerda cada vez más a la volatilidad crónica de la política italiana.

En las últimas semanas, los factores externos han tenido más peso en la City que el ruido político. El acuerdo entre EE UU e Irán, la caída de los precios del gas y el petróleo y la decisión del Banco de Inglaterra de mantener sin cambios los tipos de interés han ayudado a templar los nervios. A medida que se han moderado las expectativas de inflación, los inversores han regresado a la deuda, y la dimisión de Starmer no ha alterado esta tendencia. Como resultado, la rentabilidad del bono británico a 10 años se sitúa en el 4,8%, 36 puntos básicos por debajo de los máximos de 2008 registrados hace apenas un mes, mientras la referencia con vencimiento en 2056 ronda el 5,5%, inferior al 5,8% de mediados de mayo.

La estabilidad también se refleja en la libra, que cotiza en torno a 1,32 dólares, cerca de los mínimos marcados el pasado marzo. La divisa británica “después de que el exministro de Sanidad, Wes Streeting, respaldara la candidatura de Burnham, aliviando el temor a una prolongada batalla por el liderazgo y haciendo más probable una transición breve hasta mediados de julio”, explica Martin Wolburg, economista sénior en Generali Investments. Streeting, considerado por la opinión pública como el rival más directo, envía con este respaldo, según los analistas de Nomura, una señal clara de que no surgirán otros aspirantes. “La probabilidad de una coronación ha aumentado tras los comentarios de Wes Streeting respaldando a Burnham esta mañana”, subrayan.

Los analistas de ING atribuyen esta estabilidad, en parte, al tono más moderado adoptado por Burnham. Desde que su nombre empezó a sonar como candidato, el político ha virado hacia un discurso más favorable al mercado en materia presupuestaria, lo que ha contribuido a calmar los nervios de los inversores. Durante meses, Burnham acusó al Ejecutivo de Starmer de estar condicionado por los mercados de deuda. Aunque posteriormente suavizó sus críticas, los inversores siguen sin tener claridad sobre qué políticas aplicaría si llega al número 10 de Downing Street.

El mercado permanece atento a cualquier señal de aumento en la emisión de deuda, en un momento en el que el elevado endeudamiento del país sigue siendo la principal fuente de preocupación. En un escenario en el que las grandes economías se ven cada vez más presionadas por altos niveles de deuda y déficit, el compromiso con la disciplina fiscal que representaban Starmer y la ministra de Hacienda, Rachel Reeves, actuaba como uno de los últimos puntos de estabilidad.

Los analistas de Bloomberg Intelligence señalan que la reacción del mercado ante un posible gobierno de Andy Burnham indica que los inversores lo ven más como ruido político que como un riesgo real para las finanzas públicas del Reino Unido. Desde la crisis de Liz Truss, que provocó un fuerte repunte de las rentabilidades de la deuda y una caída de la libra, la política británica apenas ha tenido un impacto duradero en los mercados. “Los mercados ya tienen en cuenta un cierto nivel de riesgo político. Y eso es, precisamente, lo que parece estar ocurriendo también ahora”, apuntan.

Con todo, no todas las voces comparten esa relativa tranquilidad. Nigel Green, fundador y CEO de deVere, considera que la creciente influencia de Burnham eleva la probabilidad de que los impuestos sobre la riqueza se conviertan en un debate político serio. “El Reino Unido ya tiene un problema de deuda, de crecimiento y de productividad. Lo último que quieren oír los mercados financieros es hablar de impuestos sobre la riqueza, impuestos de salida y mayores compromisos de gasto”, destaca. El directivo advierte de que los grandes patrimonios e inversores internacionales probablemente reaccionarán mucho antes de que surjan propuestas políticas formales.

A su juicio, más allá de los nombres, el foco del mercado seguirá estando en la capacidad del país para sostener la confianza en su trayectoria fiscal a largo plazo. “Si los inversores concluyen que Reino Unido se está desviando en sus fundamentos, exigirán un mayor precio por financiar al país”, apunta . El experto considera que la no reacción es en sí misma una señal de alerta. “La libra está más débil y los rendimientos de la deuda, elevados. Si Andy Burnham emerge como favorito y los mercados se convencen de que Reino Unido avanza hacia impuestos sobre la riqueza y una agenda económica más intervencionista, es probable que la presión se intensifique”, añade.

Una visión que enlaza con la de los expertos de UBS, que describen la situación política en Reino Unido como un déjà vu. “La política británica lleva años siendo ruidosa y la economía, en términos generales, ha aprendido a convivir con ello”, sostienen. Los analistas del banco suizo reconocen que la moderación de Burnham debe interpretarse como una señal de las intenciones de establecer la credibilidad fiscal.

La incógnita ya no es tanto quién ocupará el número 10 de Downing Street, sino qué rumbo tomará la política fiscal británica. Por ahora, los mercados compran estabilidad y descuentan que cualquier cambio será gradual. Pero la experiencia reciente invita a la prudencia. En un país donde la política se ha convertido en una fuente recurrente de incertidumbre, la confianza puede evaporarse con rapidez. La verdadera prueba para el próximo Gobierno no será ganar el liderazgo, sino mantener intacta la credibilidad ante unos inversores cada vez más sensibles al riesgo fiscal.

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