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Crisis y fragmentación: la herencia del Brexit divide al Reino Unido diez años después del referendum

La crisis económica y la inestabilidad geopolítica reabren la discusión sobre una posible reincorporación británica a la Unión Europea. No obstante, el escenario político se ha complicado por la división en el Partido Laborista y la victoria de los populistas, los verdes y los independentismos en las elecciones locales

Las banderas de la Unión Europea y Reino Unido en un puzzleArtystarty (Getty Images/iStockphoto)

Una década ha pasado desde el referéndum para que Reino Unido saliera de la Unión Europea, y el sueño de los separatistas de crear un “Singapur en el Támesis” ha quedado sepultado. En su lugar, el Brexit le ha costado a la isla atlántica entre el 6% y el 8% del crecimiento del PIB, dando paso a una de las mayores crisis políticas y económicas de su historia reciente. En este contexto, una encuesta presentada hace unos días por YouGov muestra que alrededor del 55% de los británicos apoyaría reingresar al bloque comunitario. Sin embargo, la creciente impopularidad del Gobierno laborista y la abrumadora victoria electoral de la ultraderecha populista y los independentistas escoceses genera incertidumbre sobre el futuro de Gran Bretaña y su relación con los Veintisiete.

El Brexit ya ocasionó que la inversión se redujera entre un 12% y un 18% hasta 2025; el empleo, entre un 3% y un 4%, y la productividad, entre un 3% y un 4%, según cifras del Instituto para la Investigación Económica de la Universidad Stanford. “Estos importantes impactos negativos reflejan una combinación de mayor incertidumbre, menor demanda, desvío de tiempo de gestión y una mayor ineficiencia en la asignación de recursos derivada de un prolongado proceso de Brexit”, revela un análisis publicado por la universidad.

David A. Meier, economista de Julius Baer, asegura a CincoDías que existen “pruebas contundentes” de que una parte sustancial del bajo rendimiento del Reino Unido se debe al Brexit, ya que el crecimiento potencial se ha visto frenado por las restricciones estructurales derivadas de la salida del bloque. “Los principales factores son la menor productividad debido a las limitaciones laborales, la menor intensidad comercial por el aumento de las barreras y fricciones comerciales, y la menor inversión que surge de la persistente incertidumbre”, explica el economista.

Meier desglosa que los sectores con alta integración en el comercio de la UE han sido los más afectados, especialmente los servicios financieros, los servicios jurídicos y la consultoría, pero también la industria manufacturera en general y las exportaciones agrícolas. “Además, las pequeñas y medianas empresas se han visto particularmente perjudicadas, debido a los costes derivados del aumento de la carga administrativa y la reducción del acceso al mercado”, agrega el experto de Julius Baer.

Herencia envenenada

Los laboristas han fallado en reactivar la economía pos-Brexit que heredaron de sus rivales. Tras el fracaso de cuatro primeros ministros conservadores (tories), que intentaron abrir la economía y acercarse a Washing­ton entre 2016 y 2024, el Gobierno laborista de Keir Starmer intentó aplicar un cóctel de disciplina fiscal, infraestructura y reconexión con el resto del continente. Sin embargo, no han logrado estimular el crecimiento británico.

“Cuando aparece incertidumbre política, el mercado empieza a incorporar ese riesgo en los precios. También es importante señalar que Reino Unido ha tenido gasto fiscal, pero ese gasto no se ha traducido en un repunte significativo del crecimiento económico. Esa situación contrasta con la de otros países europeos, como España, donde el crecimiento ha sido mejor”, evalúa Huw Davies, gestor de inversiones de renta fija de Jupiter AM.

En esta coyuntura, el estancamiento de la economía, la inmigración y la polarización respecto a las relaciones internacionales se han convertido en los principales problemas políticos del Ejecutivo. Reflejo de esto es el avance en las encuestas del líder del partido de derecha populista Reform UK (RUK), Nigel Farage, quien a pesar de ser uno de los principales impulsores del Brexit ha logrado canalizar el disgusto popular y las tensiones migratorias para alcanzar entre un 30% y un 33% de apoyo entre los británicos, según las encuestas de Ipsos.

De hecho, las recientes elecciones locales confirman que el sistema político británico, que históricamente fue bipartidista, se está fragmentando. Mientras que Farage roba votos principalmente de los tories, los partidos regionalistas y los verdes sustraen votantes a los laboristas. De acuerdo a los resultados electorales de inicios de mayo, el Partido Laborista perdió más de 1.460 escaños en todo el país, con resultados especialmente duros en Escocia y Gales. En contraste, Reform UK ha conseguido más de 1.450 escaños en los consejos municipales, relegando a los tories a ser la tercera fuerza política nacional.

Crisis económica

La dimensión económica es una de las que más perjudica a los laboristas, y los expertos consultados concuerdan en que la crisis geopolítica actual complicará la situación en el corto y medio plazo. “En general, se considera que el Reino Unido se encuentra en una posición más débil que antes del Brexit. Si bien conserva fortalezas [servicios, finanzas, innovación], los desafíos estructurales y las crisis globales lo hacen menos resiliente en comparación con sus principales pares. Un factor relativamente nuevo podría ser la política comercial estadounidense, que ha beneficiado al Reino Unido con un arancel medio inferior al de la UE. Sin embargo, es improbable que esto compense los obstáculos estructurales generados por el Brexit”, expresa Meier.

En particular, la disrupción del suministro de combustibles por la guerra en Oriente Próximo está agravando el panorama. Desde Schroders subrayan que si la escasez energética se traduce en presión sobre los precios de los alimentos, el aumento de los costes del combustible y el transporte marítimo, sumado a una renovada presión sobre insumos como los fertilizantes, podría impulsar la inflación de los productos alimenticios en 2027. “Como reflejo de ello, hemos reducido a la mitad nuestra previsión de crecimiento del PIB para 2026 hasta situarla en solo el 0,5%”, indica George Brown, economista sénior de ­Schroders.

Los analistas de Scope Ratings también prevén un crecimiento bajo, argumentando que las incertidumbres políticas internas coinciden con un entorno internacional complejo. En concreto, pronostican que el PIB real del Reino Unido disminuya hasta el 0,9% en 2026 y el 1% en 2027, frente al 1,3% de 2025, principalmente por una menor demanda interna y un incremento de la tasa de desempleo, que se espera que supere el 5% en 2026-2027 (cerca de su máximo de la pandemia).

Ante estos pronósticos, profundizar las relaciones comerciales con la UE se vuelve una cuestión de supervivencia. “A largo plazo, las perspectivas económicas del Reino Unido dependerán principalmente de las reformas internas, la consolidación fiscal [teniendo en cuenta la proyección del déficit del 4,9% del PIB en 2026] y su capacidad para profundizar en las relaciones con la UE tras el Brexit, especialmente en un contexto en el que las relaciones comerciales bilaterales y exteriores con EE UU son ahora más complicadas”, apunta Thomas Gillet, director de ratings del sector público y soberano de Scope Ratings.

División laborista

Hasta ahora, la propuesta de Starmer ha sido intentar reiniciar (reset, en inglés) las relaciones y la integración con los Veintisiete para recuperar la intensidad comercial, aunque incorporando un enfoque tímido que marca algunas “líneas rojas”. Entre estos límites, se descarta reincorporarse al mercado único o a la unión aduanera.

“El Gobierno de Starmer busca reiniciar las relaciones con la UE para reducir las fricciones comerciales, fortalecer la cooperación en materia de seguridad y reconstruir la confianza tras años de relaciones tensas a raíz del Brexit. El enfoque parece ser bastante pragmático, al buscar mejorar los lazos económicos y la coordinación geopolítica sin reincorporarse formalmente a las instituciones de la UE”, indica David A. Meier.

El primer ministro también ha prometido marcar un “nuevo rumbo para Gran Bretaña” en su cumbre con la UE en julio. Sin embargo, estas promesas parecen no ser suficiente. Ante la reciente derrota electoral, una encuesta de YouGov sugiere que un 50% de los británicos consideran que Starmer debería dimitir y ser sustituido por un nuevo líder laborista, mientras que solo un 22% considera que debería permanecer en el cargo. Su popularidad actualmente roza el 19%.

Entre los posibles sustitutos para el primer ministro, las cifras favorecen al alcalde de Mánchester y político más popular de Gran Bretaña, Andy Burnham, partidario de reincorporarse a la UE. En segundo lugar, le sigue el exministro de salud Wes Streeting (partidario de una reincorporación al mercado único), y en tercer lugar, la parlamentaria Angela Rayner (que pide reducir las barreras comerciales con los Veintisiete). Esta tendencia se podría interpretar como un creciente apoyo laborista a la reintegración comunitaria, por lo menos en el ámbito comercial.

“Las elecciones locales y regionales del 7 de mayo hirieron gravemente al primer ministro. El Partido Laborista perdió muchos votos frente a los verdes, que quieren reincorporarse a la UE, mientras que los conservadores perdieron votos frente al Reform UK de Farage. Starmer está bajo una fuerte presión para dimitir. Una contienda por el liderazgo del Partido Laborista estaría electrizada por la controversia sobre la renovación de la membresía en la UE”, acusa Andrew Duff, investigador académico del think tank European Policy Centre.

¿Retorno a la UE?

A pesar de lo anterior, las fuentes consultadas consideran que un regreso a la UE sigue siendo improbable pese al respaldo público. “Entre los principales obstáculos se incluyen la resistencia política, las preo­cupaciones sobre la soberanía y las condiciones de la UE, como las contribuciones presupuestarias, la armonización de las normas o la libre circulación de personas. Las líneas rojas de Starmer limitan significativamente el margen de reintegración, reforzando el enfoque pragmático y gradual”, apuntala Meier.

Por si fuera poco, la Unión Europea tampoco parece estar muy interesada en acelerar una mayor integración con el Reino Unido. “Trump se ha vuelto contra el país y Keir Starmer busca aliados en Europa. El Brexit ha paralizado la economía, la Casa Blanca ha mostrado su desprecio y la opinión pública británica ha cambiado discretamente. Por primera vez en años, un Gobierno británico aboga seriamente por un acercamiento en materia de comercio, defensa y otros ámbitos. Sin embargo, tras años de hostilidad, la UE se muestra escéptica ante las propuestas británicas”, señala la analista Ros Taylor en un análisis reciente publicado por el think tank Fundación Heinrich Böll.

Por supuesto, el avance del Reform UK también complica una mayor integración. De hecho, la Unión Europea ha llegado a plantear una posible “cláusula Farage” para las relaciones. Esta medida consiste en una penalización por rescisión propuesta en las negociaciones preliminares de “reinicio” entre la UE y el Reino Unido (a principios de 2026) que obligaría a los británicos a pagar una compensación económica si un futuro Ejecutivo anula los nuevos acuerdos comerciales con el bloque.

Dicho esto, los expertos concuerdan en que una mayor integración entre el Reino Unido y la UE es imprescindible si ambos actores quieren mantener su relevancia en el escenario internacional. “La interminable indecisión británica en los márgenes de Europa pronto resultará muy perjudicial, especialmente dado que la guerra de Trump en Oriente Próximo y la guerra de Putin en Ucrania no muestran signos de terminar. Si Gran Bretaña realmente pertenece a una Europa liberal, democrática y unida, debe decidir pronto cómo piensa llegar allí y permanecer en ella”, concluye Andrew Duff.

Radiografía de la relación comercial entre Europa y el Reino Unido

Socios. En 2025, las exportaciones de bienes y servicios del Reino Unido ascendieron a 931.000 millones de libras esterlinas y las importaciones, a 970.000 millones. La UE representó el 41% de las exportaciones de bienes y servicios del Reino Unido y el 49% de las importaciones en ese año. Actualmente, el Reino Unido es el segundo socio comercial más importante de la UE (13,1%), después de Estados Unidos (23,3%) y antes de China (10,7%).

Bienes. Las principales exportaciones de bienes de la UE al Reino Unido incluyen: maquinaria y electrodomésticos (21%), equipos de transporte (19%), productos químicos (12%), alimentos, bebidas y tabaco (9%) y metales básicos (5%). Por su parte, las importaciones primarias de bienes de la Unión procedentes del Reino Unido engloban: maquinaria y electrodomésticos (19%), productos minerales (15%), productos químicos (15%), equipos de transporte (14%) y metales básicos (7%).

Déficit. La mayoría del déficit comercial del Reino Unido proviene de la UE. En 2025, el déficit comercial total fue de 39.000 millones de libras esterlinas. Su balanza con la UE supuso unos 89.000 millones de déficit, un cifra que se contrapone al superávit comercial de 50.000 millones con el conjunto de sus socios extracomunitarios.

Burocracia. Actualmente, el Gobierno laborista busca alinearse con normas de la Unión Europea para alimentos y productos agrícolas, reduciendo los trámites burocráticos y los controles fronterizos que dificultan el comercio desde el Brexit.

Movilidad. Ambas partes negocian un pacto para facilitar intercambios laborales y educativos, especialmente relevante para profesionales jóvenes, sin restablecer la libre circulación completa. El Reino Unido también se reincorporará al programa Erasmus+ a partir de enero de 2027, permitiendo nuevamente el intercambio de estudiantes, personal educativo y jóvenes entre el Reino Unido y la Unión Europea sin costes de matrícula adicionales. Este acuerdo, anunciado a principios de 2026, pone fin a la ausencia del Reino Unido tras el Brexit y busca fortalecer la movilidad académica.

Innovación. Recientemente también se acordó iniciar negociaciones sobre la participación del Reino Unido en el Fondo del Consejo Europeo de Innovación, incluido el Fondo Scaleup Europe, que proporcionará apoyo a empresas tecnológicas prometedoras de alto crecimiento para que se expandan y respaldará las ambiciones de retener a los innovadores más prometedores en el continente.

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