EE UU llega al acuerdo sin margen de maniobra: sus almacenes de petróleo están al límite
Tres meses de conflicto han dejado al límite el estratégico nodo de Cushing, clave para la capacidad exportadora del primer productor mundial


Tiene poco más de 8.000 habitantes pero es el corazón petrolero de Estados Unidos, y en los últimos meses ha sido un punto crítico para la estabilidad energética de todo el mundo. En la ciudad de Cushing, en el estado de Oklahoma, confluyen las decenas de oleoductos que atraviesan el país y que transportan el crudo desde Texas o Canadá. Es el lugar oficial de entrega física del West Texas Intermediate, uno de los principales tipos de petróleo que se negocian en el mundo, y un emplazamiento con gran capacidad de almacenamiento que estos días simboliza el nivel crítico al que están quedando las reservas de crudo en Estados Unidos. El crudo almacenado en Cushing está en mínimos de varias décadas, una situación que amenaza la capacidad de exportación de EE UU, primer productor del mundo y sostén del precario equilibrio petrolero en tres meses con el suministro de Ormuz seco. Un colchón sin el que la presión para acabar con la guerra en Irán ha ido en aumento, hasta anuncio en la madrugada de este lunes de un acuerdo de paz.
Según señala la consultora Kpler, especializada en información sobre flujos energéticos y transporte de materias primas, “el petróleo West Texas se acerca a una situación de escasez física a medida que se agotan las reservas de Cushing”. En un informe publicado la pasada semana, Kpler apunta que las reservas totales de petróleo en EE UU, incluyendo la Reserva Estratégica de Petróleo, “se sitúan ahora en mínimos de varias décadas”, al tiempo que las existencias de Cushing “se encuentran en niveles críticamente bajos, en torno a los 22 millones de barriles, tras otra reducción semanal de 583.000 barriles”.
Estados Unidos guarda sus reservas estratégicas de petróleo —el stock de emergencia creado en 1975 para hacer frente a huracanes o guerras y subidas fuertes del petróleo como las actuales— principalmente en cavidades subterráneas en Texas y Luisiana. El país que preside Donald Trump está siendo el principal contribuyente en la liberación de reservas de petróleo acordada en marzo por la AIE para amortiguar el impacto de la falta de suministro por el cierre del estrecho de Ormuz —por 400 millones de barriles, la mayor de su historia—, de modo que las reservas totales de crudo estadounidense, incluida la reserva estratégica, han caído entorno al 10% este año, hasta los 1.500 millones de barriles, el nivel más bajo desde 2004. En Cushing, las existencias se han ido reduciendo y se aproximan a los 20 millones de barriles, el nivel que se considera el umbral operativo mínimo necesario para asegurar el buen funcionamiento del centro, uno de los puntos críticos para el comercio mundial de crudo.
Para Kpler, “la reducción estructural de las reservas de Cushing ya no es un riesgo extremo, sino el escenario base, y las implicaciones se extienden por todo el ámbito del West Texas”. Para empezar, esa mengua en las reservas ha impulsado estos meses el precio del barril West Texas y ampliado el diferencial de su precio de entrega más inmediata sobre el precio de los futuros a tres meses, con un salto de más de dos dólares el barril. En definitiva, los inversores están dispuestos a pagar más para asegurarse la mercancía cuanto antes. En este escenario para el mercado petrolero estadounidense, el anuncio de Trump de un acuerdo de paz con Irán —aunque lleno de interrogantes— ha bastado para hacer caer con fuerza el precio del crudo.
Otro efecto de ese descenso de las reservas en Cushing, según explica Kpler, es que se está intensificando la tendencia a retener los barriles de entrega inmediata en el mercado nacional en lugar de destinarlos a la exportación. “Las exportaciones de crudo de EE UU podrían reducirse por motivos de precios, pero también se enfrentan a un límite físico difícil de superar”, añade la consultora. Esas exportaciones alcanzaron un récord de 5,6 millones de barriles diarios el mes pasado, en una estrategia con la que EE UU está aprovechando los precios más altos y con la que intenta suplir la falta de suministro del golfo Pérsico. Pero, según apunta Kpler, las limitaciones de los oleoductos y los muelles limitan las exportaciones totales de EE UU suponiendo que toda la cadena de suministro funcionara a plena capacidad sin contratiempos. “Solo dos terminales —el Ingleside Energy Center de Enbridge y el South Texas Gateway de Gibson Energy— pueden cargar directamente superpetroleros (VLCC), lo que significa que EE UU no puede sustituir los volúmenes de Oriente Próximo a gran escala", añade el informe publicado esta semana.
Sobre el nudo petrolero de Cushing se cierne estos días además una amenaza adicional, los incendios forestales que sufre Canadá, con fuegos activos a menos de 20 kilómetros de instalaciones con una capacidad de producción de medio millón de barriles diarios. “Una interrupción de entre 300.000 y 500.000 barriles diarios supondría una gran presión para las refinerías y llevaría la situación en Cushing a niveles críticos”, añade Kpler.
Estados Unidos es el primer productor de petróleo del mundo y lo que suceda en su mercado tiene alcance mundial. Aun así, la disminución de las reservas de petróleo es generalizada. La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) —el organismo de estadística y de análisis del Departamento de Energía de los Estados Unidos— calculaba esta semana que las reservas mundiales de petróleo disminuirán en una media de 6,3 millones de barriles diarios en el segundo trimestre de 2026 y en 7,6 millones diarios en el tercer trimestre de 2026. “En nuestra previsión, las reservas de petróleo de la OCDE caen a sus niveles más bajos desde 2003″. Un incentivo de primer orden para sellar, de una vez, un pacto que parecía cercano a principios de abri.