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Minas, colapso logístico e infraestructuras destruidas: una tarea de meses para normalizar el suministro de energía por Ormuz

El acuerdo entre EE UU e Irán promete reabrir el tráfico, pero la recuperación completa del tránsito previo a la guerra podría llevar hasta final de año

Ciudadanos iraníes pasan junto a un mural con la bandera nacional de Irán en una calle de Teherán. ABEDIN TAHERKENAREH (EFE)

Después de tres meses y medio de guerra, Estados Unidos e Irán han alcanzado un pacto que detendrá el conflicto y permitirá la reapertura del estrecho de Ormuz. El petróleo, el gas natural y los combustibles volverán a fluir por Oriente Próximo, con lo que se evita llegar a un punto crítico de reservas agotadas y recesión económica irremediable en buena parte del mundo. El precio del petróleo ha caído con fuerza con el anuncio del acuerdo de paz, en una primera reacción de alivio para gobiernos, empresas y consumidores, pero la vuelta a la normalidad no va a ser tarea sencilla y ni mucho menos inminente.

Queda por delante una ardua tarea, empezando por el desminado del Estrecho. El regreso del tránsito a los niveles habituales requiere de la limpieza de las vías marítimas reconocidas por el derecho internacional, de modo que puedan ser consideradas seguras por las navieras y por las aseguradoras que cubren los riesgos. A ello seguirá la ordenación del tráfico marítimo —con más de 500 buques atrapados en la zona—, la reapertura de pozos cerrados por inactividad y la reparación de las instalaciones energéticas dañadas en el conflicto. En definitiva, trabajos de reconstrucción después de una guerra que van a llevar semanas y meses y que podrían demorar hasta final de año la total recuperación del suministro de energía previo al conflicto.

La reapertura de Ormuz es el primer paso, determinante para la economía mundial, pero no el fin de las negociaciones. En un alto el fuego de 60 días Estados Unidos e Irán negociarán los términos para un acuerdo definitivo que incluya aspectos tan conflictivos como el programa nuclear iraní, el levantamiento de las sanciones o un plan de reconstrucciones para el país. Teherán ha demostrado tener la llave de Ormuz y la capacidad de cerrar su paso al comercio internacional. La vuelta a la normalidad pasa necesariamente por que las negociaciones no descarrilen durante esos 60 días. Y aun así, no será tiempo suficiente para recobrar la normalidad tras un conflicto que va a dejar una profunda huella en el mercado energético.

“Solo a final de año volveremos a los niveles de tráfico en Ormuz de antes de la guerra. Hay que limpiar la zona de minas, lo que puede llevar unas cuantas semanas. Nadie va a querer ser el primero en adentrarse; navieras y aseguradoras van a esperar”, resume Jorge León, jefe de análisis geopolítico de Rystad Energy. Así, el tráfico marítimo se irá restableciendo, pero de forma muy gradual en las próximas semanas y meses y siempre que no surjan nuevos sobresaltos por el camino. La reacción de navieras y aseguradoras va a ser determinante: fueron las primeras en detener su actividad en el golfo Pérsico cuando comenzaron los bombardeos de EE UU e Israel sobre Irán, incluso antes de que la Guardia Revolucionaria iraní decidiera dar cerrojazo al paso de buques. El sector del transporte marítimo reacciona ahora con la máxima cautela al acuerdo alcanzado y de momento, no ve suficiente seguridad en la zona como para lanzarse a cruzar Ormuz.

“No está claro el alcance de los daños causados por la guerra a la infraestructura petrolera”, señala Paul Donovan, economista jefe de UBS Wealth Management. Cerrar el estrecho por la fuerza fue fácil para Irán, como también fue casi inmediato el doble bloqueo impuesto por Estados Unidos. Reabrirlo después de una guerra será mucho más difícil una vez que Teherán ha demostrado al mundo su capacidad de bloqueo, sembrando así una semilla de desconfianza para los operadores marítimos y las aseguradoras que promete perdurar en el tiempo, además de encarecer las pólizas y el precio de las mercancías. Aspectos clave, como el alcance y el calendario del alivio de sanciones o la definición exacta de libre tránsito por el Estrecho, aún no están cerrados. Incluso si se alcanza un acuerdo definitivo, su aplicación sigue planteando riesgos elevados, lo que podría dejar la seguridad regional más frágil que antes del conflicto", explica Christian Schulz, Economista Jefe de Allianz Global Investors.

El paisaje tras la batalla en Ormuz deja zonas de tránsito minadas, cuya limpieza puede llevar entre 40 y 50 días según cálculos del sector; un sector marítimo desconfiado y daños en la industria petrolera del golfo Pérsico que también van a retrasar la vuelta a la normalidad y cuya reparación requerirá “decenas de miles de millones de dólares”, según ha advertido la AIE recientemente. En concreto, la agencia calcula que más de 30 instalaciones energéticas se han visto dañadas, de forma moderada o grave, entre ellas refinerías, plantas petroquímicas, instalaciones de producción de petróleo y gas y dos de las catorce líneas de licuefacción del enorme complejo de gas natural licuado de Ras Laffan, el mayor del mundo y cuya reparación podría llevar varios años.

“Aunque se reabra el estrecho de Ormuz, es poco probable que la normalización de los flujos de petróleo sea inmediata. El aumento de la producción se ve limitado por cuellos de botella operativos y problemas logísticos, mientras que el tráfico de petroleros seguirá siendo cauteloso debido a las continuas incertidumbres en materia de seguridad y seguros”, insiste Kerstin Hottner, responsable de materias primas en Vontobel. En materia logística, el reto está en ordenar el tráfico marítimo de más de 500 buques que siguen bloqueados en el Golfo Pérsico, sin poder disponer de las vías de paso previas a la guerra —las “autopistas del mar” que reconoce la ley marítima internacional— bajo amenaza de minas, lo que va a obligar a usar rutas alternativas, mucho más próximas a las costas de Irán y Omán, y menos seguras para la navegación. Es la vía a la que han recurrido decenas de buques en las últimas semanas, que han conseguido cruzar Ormuz con las señales apagadas y con la ayuda de escoltas navales estadounidenses. Trump aseguraba este lunes que “los barcos están empezando a moverse” por el Estrecho, aunque dar salida hacia el Índico a cientos de embarcaciones llevará semanas.

Superados los retos logísticos y de seguridad, y si el acuerdo definitivo entre EE UU e Irán llega a buen puerto, los analistas coinciden en que el conflicto va a dejar un petróleo más caro. Pasada la reacción inicial de estos días, en que el brent cae con fuerza al entorno de los 80 dólares el barril, al mercado petrolero le aguardan meses de reconstrucción de las reservas estratégicas de petróleo, que han descendido a niveles críticos ante el recorte de suministro desde Ormuz. El llenado de esas reservas de emergencia será por tanto un elemento que mantendrá la presión sobre los precios, mientras los países del Golfo terminan de reparar sus infraestructuras energéticas y de poner en marcha las instalaciones cerradas por la guerra. “La normalización del mercado petrolero llevará varios meses, y los inventarios globales en mínimos históricos mantendrán previsiblemente los precios de la energía muy por encima de los niveles previos a la guerra“, concluye la gestora de Edmond de Rothschild AM.

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