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El Banco Mundial advierte del riesgo para los alimentos y el gas de una escalada en Oriente Próximo

El organismo señala en un informe que la tendencia al alza de los últimos meses en las materias primas amenaza las perspectivas de inflación y obliga a los bancos centrales a replantearse su estrategia

Volatilidad en las materias primas
Pierre Lomba

El precio de las materias primas, que puso en jaque a las economías de todo el mundo hace dos años, vuelve a ser un foco de preocupación: si su moderación ayudó a tirar hacia abajo de la inflación el año pasado, el repunte experimentado por algunos productos en los últimos meses —el petróleo se ha encarecido más de un 10% desde el comienzo del año— es ahora un obstáculo para que los banqueros centrales comiencen la esperada senda de bajada de tipos de interés. Así lo señala el Banco Mundial es un informe publicado este jueves, donde advierte de la gran amenaza que sobrevuela a la economía: desde el petróleo a los alimentos, pasando por el gas, una escalada en Oriente Próximo podría disparar la inflación mundial.

Detrás de este nuevo fenómeno inflacionario se encuentran dos pulsiones: por un lado, un empuje de la demanda de ciertos productos, fundamentalmente metales ligados a la transición energética. Por el otro —y más importante, porque afecta al petróleo, la madre de las materias primas— la tensión geopolítica. Las persistentes y elevadas tensiones de los dos últimos años han apuntalado el precio del petróleo y de muchas otras materias primas fundamentales, incluso cuando el crecimiento mundial se ha ralentizado. Las previsiones del Banco indican que los precios del Brent se situarán en una media de 84 dólares por barril en 2024, antes de descender a 79 dólares en 2025, suponiendo, claro, que no se produzcan interrupciones del suministro relacionadas con conflictos geopolíticos.

Si el conflicto de Oriente Próximo se agravara aún más, los precios podrían dispararse: el o prevé que una interrupción moderada del suministro pueda elevar el precio medio del Brent este año hasta los 92 dólares el barril. Una interrupción grave, sin embargo, podría hacer que los precios del crudo superen los 100 dólares, elevando con él la inflación en un punto porcentual. Las amenazas para la oferta de crudo son serias: Irán es el octavo productor mundial últimos 12 meses 36.000 millones de dólares. El barril se paga este jueves en el entorno de los 88 dólares.

Una escalada de la suficiente magnitud podría resultar, además, en el cierre del estrecho de Ormuz. El bloqueo es una amenaza no solo para el suministro del petróleo, sino que puede suponer un repunte del gas, los alimentos o los fertilizantes. El 20% del comercio mundial de gas natural licuado (GNL) y del crudo transitan por el estrecho: si se interrumpiera el suministro, advierten los expertos del Banco, los precios de los fertilizantes también aumentarían sustancialmente. Y, a renglón seguido, los alimentos. Con todo, la previsión de referencia del Banco es que los precios generales de los alimentos disminuyan ligeramente: un 6% en 2024 y un 4% en 2025. Los de los fertilizantes caerán un 22% en 2024 y un 6% en 2025.

“Está surgiendo una sorprendente divergencia entre el crecimiento mundial y los precios de las materias primas: a pesar de un crecimiento mundial relativamente más débil, es muy probable que los precios de las materias primas sigan siendo más altos en 2024 y 2025 que en la media década anterior a la pandemia ″, señala Ayhan Kose, economista jefe adjunto del Banco Mundial: “Un factor crítico de esta divergencia tiene que ver con el aumento de las tensiones geopolíticas, que mantienen la presión al alza sobre los precios de las principales materias primas y avivan los riesgos de fuertes oscilaciones de precios”. “Los bancos centrales deben permanecer alerta sobre las implicaciones inflacionistas de los repuntes de los precios de las materias primas en un contexto de elevadas tensiones geopolíticas”, concluye.

Entre mediados de 2022 y de 2023, las materias primas se desplomaron casi un 40%. Esto ayudó a impulsar la mayor parte de la reducción de la inflación. Sin embargo, desde mediados de 2023, el índice de precios de las materias primas del Banco Mundial se ha mantenido prácticamente sin cambios. Aunque más silenciosa que en lo peor de la crisis de precios, la inflación de las materias primas ha ido cogiendo fuerza. Las preocupaciones se centran, sobre todo, en los metales y en la energía: el índice Bloomberg que recoge el precio de los contratos de futuros de las 12 principales materias ha subido un 8%. Especialmente acusado ha sido el rally del cobre y del aluminio, con subidas de dobles dígitos desde enero de 2024.

El caso de los metales está menos ligado a las tensiones geopolíticas —aunque las sanciones a Rusia no ayudan—, y más a una demanda pujante. Desde el Banco apuntan que las inversiones crecientes en energía verde han tirado hacia arriba de los precios de materias críticas para la transición energética. El cobre, fundamental para la producción de vehículos eléctricos, tocó máximos de los dos últimos años este mes. No es una amenaza nueva: ya el año pasado se avisaba de que el mercado se encaminaba hacia una época de fuerte restricciones de oferta. El Banco prevé que el cobre cierre el 2024 con una subida del 5%, para luego estabilizarse en 2025. El aluminio, sin embargo, no se ralentizará: la institución apunta a un encarecimiento del 2% en 2024 y un 4% en 2025, impulsado por la producción de vehículos eléctricos, paneles solares y otras infraestructuras de energía renovable.

“La inflación mundial sigue invicta”, apunta Indermit Gill, economista jefe del Grupo del Banco Mundial. “Una fuerza clave para la desinflación —la caída de los precios de las materias primas— se ha topado esencialmente con un muro. Esto significa que los tipos de interés podrían seguir siendo más altos de lo previsto este año y el próximo. El mundo se encuentra en un momento vulnerable: una gran crisis energética podría socavar gran parte de los progresos realizados en la reducción de la inflación durante los dos últimos años”.

Los banqueros centrales se encuentran ahora con una nueva piedra en el camino, que viene a sumarse a una economía estadounidense que no acaba de desacelerar. Si hace apenas unas semanas los mercados descontaban que se iban a producir al menos tres bajadas de tipos hasta final de año en Estados Unidos, ahora un nuevo rumor empieza a asomar: que la Fed vuelva a subir el precio del dinero. Las implicaciones se extenderían a toda la economía: tipos altos en EE UU refuerzan el dominio del dólar con el que se paga un petróleo ya caro. Y más caro aún para los países de la eurozona, donde ya se vislumbran unas bajadas de tipos que pueden depreciar el euro frente al billete verde.

Con todo, y suponiendo que no se recrudezcan las tensiones geopolíticas, las previsiones del Banco Mundial apuntan a un descenso del 3% de los precios mundiales de las materias primas en 2024 y del 4% en 2025. Eso sí, los economistas del Banco advierten de que este ritmo no contribuirá a reducir la inflación, que sigue estando por encima de los objetivos de los bancos centrales en la mayoría de los países. De hecho, señalan desde la institución, los precios de las materias primas se mantendrán un 38% por encima de la media de los cinco años anteriores a la pandemia.

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Sobre la firma

Pierre Lomba
Redactor de la sección de Economía. Graduado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y la Sorbona de París. Después de ejercer la abogacía, realizó el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.
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