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El empleo autónomo, el refugio de los senior ante el paro y el edadismo

Más de 670.000 mayores de 55 años recurren al autoempleo para seguir cotizando y esquivar las barreras del mercado laboral

Tener 50 años y más de dos décadas de carrera laboral y, sin embargo, estar en el paro. Por surrealista que parezca, la estabilidad que muchos jóvenes imaginan con el paso de los años es un espejismo. La realidad en España dista mucho del anhelo de la juventud: más de 750.000 personas mayores de 50 años están desempleadas, y más de la mitad lleva más de un año buscando trabajo, según la última Encuesta de Población Activa (EPA) del INE. Este colectivo representa el 30% del total de desempleados, evidenciando las barreras que enfrentan para mantenerse activos en el mercado laboral convencional. Ante estas dificultades, un número creciente de seniors recurren al trabajo autónomo para mantenerse en activo cotizando para su futura pensión, forzados por el mercado a reinventarse y configurando un perfil de trabajador experimentado por cuenta propia.

En un contexto de incertidumbre y escasez de oportunidades para el trabajador senior, el trabajo autónomo emerge como una de las vías más viables para mantenerse en activo y así proteger el derecho a una pensión contributiva al jubilarse. Cuando se es despedido, durante el tiempo que se percibe la prestación de desempleo, el SEPE abona las cotizaciones correspondientes a la Seguridad Social de cara a la jubilación. El problema viene cuando acaban los dos años que como máximo dura el pago del paro.

Si no se encuentra trabajo, se produce un agujero que posteriormente lastra la cuantía de la pensión de jubilación, pero no solo eso. En el caso más extremo, un trabajador que sea despedido a los 48 años y nunca más vuelva a estar dado de alta, pierde su derecho a una pensión contributiva, ya que la normativa ordinaria exige que, al menos, se haya cotizado durante al menos dos años dentro de los últimos 15 años anteriores al momento del retiro. El autoempleo se erige así como una forma de proteger la pensión de jubilación.

Según el último informe del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre sobre el Mapa de Talento Senior, del total de autónomos en el cuarto trimestre de 2024 —más de 3,3 millones—, aproximadamente un millón corresponde a profesionales senior, muchos pertenecientes a la generación del baby boom. Aunque el crecimiento es más acusado entre los trabajadores por cuenta ajena, el número de autónomos mayores de 55 años también ha aumentado de forma significativa, pasando de 882.000 en 2019 a más de un millón en 2024, de los cuales 684.000 son hombres y 344.000 mujeres.

Dentro del colectivo de trabajadores autónomos, el informe de Ageingnomics distingue entre varios perfiles: empleadores, empresarios sin asalariados, trabajadores independientes, miembros de cooperativas y personas que colaboran en negocios familiares. Entre los mayores de 55 años, el perfil más recurrente es el de trabajador independiente, definido por la entidad como “autoempleado”. De los más de un millón de profesionales sénior por cuenta propia, 679.000 se encuadran en esta categoría.

El propio informe señala que el “autoempleo” se ha convertido en “el refugio de muchos profesionales senior que pierden su empleo por cuenta ajena y no vuelven a encontrar una oportunidad”, una situación que atribuye al “edadismo” presente en la mayoría de procesos de decisión y en las políticas de recursos humanos de las empresas. Lejos de responder a una elección voluntaria, más del 60% de los mayores de 55 años que optan por el trabajo autónomo lo hacen como alternativa ante el desempleo y las dificultades de reincorporarse al mercado laboral a pocos años de la jubilación.

Las empresas y su prejuicio al senior

Pero ¿por qué las empresas prescinden de los perfiles senior y muchos de estos profesionales se ven abocados al trabajo autónomo para seguir cotizando? Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre, apunta directamente al “edadismo” y a los prejuicios persistentes en muchas compañías sobre la supuesta menor capacidad de los trabajadores maduros para adaptarse a las nuevas formas de trabajo, con especial énfasis en las competencias digitales y ofimáticas.

En el ámbito de la digitalización persiste, además, un prejuicio ampliamente extendido: la idea de que, en un mercado laboral cada vez más tecnológico, resulta imprescindible contratar a nativos digitales, principalmente jóvenes de la generación Z o mileniales, por su aparente mayor familiaridad con las herramientas digitales. Frente a esta percepción, Fernández Palacios subraya que los trabajadores senior, formados en un entorno más analógico, suelen ser considerados erróneamente menos capacitados para adaptarse a estos entornos. “Este planteamiento responde más a un prejuicio que a una realidad contrastada”, afirma, y añade que la inversión digital de los mayores de 55 años es elevada y creciente, con un número cada vez mayor de profesionales incorporándose y adaptándose de forma progresiva al entorno digital.

A este prejuicio se suma un factor estrictamente económico. Las propias empresas son conscientes de que un profesional con una trayectoria larga dentro de la organización supone un coste salarial superior al de un trabajador joven que se incorpora a su primer empleo, con, a priori, menores expectativas y necesidades económicas iniciales. Esta lógica, explica Fernández Palacios, responde a una “miopía empresarial” que prioriza el impacto inmediato en la cuenta de resultados y se centra únicamente en el coste del trabajador senior, sin valorar su aportación en términos de conocimiento acumulado, experiencia, oficio y capacidad para aportar estabilidad y criterio a las organizaciones. Esta visión parcial contribuye a limitar la incorporación y permanencia de perfiles senior en las empresas y empuja a muchos de ellos a buscar alternativas para seguir en activo, entre ellas el trabajo por cuenta propia.

La complejidad de reinventarse y la oportunidad de hacerlo

Aunque el autoempleo se presente como el clavo ardiendo al que agarrarse ante la vorágine de no tener trabajo a los 55 años, no quiere decir que esté exento de complejidades y aristas, porque no todos los trabajadores seniors parten desde la misma posición. Mientras algunos cuentan con una red consolidada de contactos, experiencia acumulada y cierta estabilidad económica, que les permite transitar hacia el trabajo autónomo con relativa seguridad, otros carecen de esos recursos y se ven expuestos a mayores riesgos. Fernández apunta que el punto clave del éxito del autoempleo es “promocionar las relaciones que has ido cultivando a lo largo de muchos años”, subrayando que el capital relacional se convierte en un activo clave. Por lo que los resultados y la viabilidad de esta transición varían considerablemente según el perfil.

Aunque no todo lo que rodea al senior autónomo es oscuro, también existen oportunidades y motivaciones positivas. El informe Seniors Trends 2025 de Malt aporta una nueva visión al panorama: para la entidad el salto no radica de la necesidad de trabajar, sino en la posibilidad de flexibilizar horarios, gestionar los tiempos uno mismo y poder trabajar con independencia son las principales causas. De hecho, esta elección no es algo transitorio, ya que casi el 61% de los séniores afirma que quiere seguir ejerciendo como freelance incluso tras la jubilación.

“El freelancing sénior se ha convertido en el arma más poderosa para abordar el reto del empleo de los mayores de 50 años en España. Gracias a este modelo, las empresas están encontrando el talento que necesitan para responder con agilidad y garantías a los desafíos del mundo rápido y cambiante en el que vivimos. Por otro lado, los freelancers senior han dado con la fórmula para seguir transmitiendo todo el valor de sus conocimientos y habilidades con la flexibilidad y autonomía que tanto valoran”, indica Jacobo Bermúdez de Castro, director general de Malt España.

Para mejorar la transición y sostenibilidad del trabajo autónomo entre profesionales seniors, Fernández ofrece un abanico de medidas que impulsen y ayuden al perfil senior, siendo los incentivos fiscales y las cotizaciones a la Seguridad Social los ejes angulares de su propuesta. Con esto se lograría suavizar el inicio de la actividad, reduciendo riesgos y pérdidas durante los primeros años de autoempleo.

Asimismo, Fernández propone formas de vinculación parcial para los trabajadores que siguen siendo valiosos para la empresa, pero cuyo coste completo resulta elevado. Trabajar a media jornada o solo ciertos días permite mantener su experiencia dentro de la compañía, adaptando la carga laboral a las necesidades de ambas partes. Este esquema se basa en mecanismos ya existentes, como la jubilación parcial o activa, que permiten percibir pensión y seguir trabajando con flexibilidad y continuidad.

“El trabajo autónomo no es solo un último recurso, sino una oportunidad para seguir aportando valor y mantener la independencia profesional”, afirma Fernández. Ya sean obligados por motivos de fuerza mayor o en busca de nuevas oportunidades, los seniors autónomos continúan ganando peso en el mercado laboral español.

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