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A los millonarios se les queda pequeña la Tierra: así son los vuelos al espacio en cápsula

Un hotel en órbita y un viaje para ver el halo del planeta, entre las propuestas del congreso Sutus

Manme Guerra
vuelos espacio
Recreación del hotel que proyecta Above Space.

Qué lleva a una persona que puede tener todas las comodidades y lujos en la Tierra a meterse en un espacio estrecho e incómodo de camino a un ambiente inhóspito? “Antes el lujo se medía en las instalaciones. Ahora se mide por la exclusividad y la experiencia”, asegura Carlos Díez de la Lastra, director general de Les Roches, la escuela de alta dirección hotelera que organizó esta semana en Marbella la cumbre internacional sobre turismo espacial y subacuático Sutus.

Y pocas cosas más exclusivas que viajar al espacio. Un lugar reservado para un puñado de personas. En el pasado solo para astronautas, tras duros procesos de selección y entrenamiento. En la actualidad también para multimillonarios, después de desembolsar un buen pellizco. Compañías como SpaceX, Virgin Galactic o Blue Origin ya han realizado vuelos con turistas espaciales. “Las personas que hacen estos viajes tienen la motivación de que es una experiencia única”, afirma Díez.

“A pesar de no tener comodidades y de someter al cuerpo a la fuerza g, la experiencia de estar en el espacio, de ver la Tierra desde esa perspectiva es muy exclusiva. Eres una de las pocas personas entre millones y millones de humanos que estás ahí. Para muchos, además, es un sueño”, cuenta Sam Scimemi, exdirector de la Estación Espacial Internacional en la sede de la NASA y actualmente asistente especial en la dirección de misión de desarrollo de sistemas de exploración de la agencia estadounidense.

Para aquellos que quieran ver el planeta desde muy arriba, pero sin tener que meterse en una nave espacial, la empresa española Halo Space está probando ya vuelos en una cápsula, que podrá llevar casi a una decena de viajeros a una altura de entre 80 y 120 kilómetros, altitud suficiente para poder contemplar la curvatura de la Tierra. “Es una perspectiva que transforma a las personas, que hace ser consciente de lo pequeños que somos en el espacio”, sostiene Carlos Mira, director general de la compañía.

Recreación de la cápsula de Halo Space sobre la Tierra.
Recreación de la cápsula de Halo Space sobre la Tierra.

La experiencia de vuelo, que prevén se pueda comercializar a finales de 2025, durará entre cuatro y seis horas. La cabina presurizada, que tendrá una ventana de casi metro y medio de alto por metro y medio de ancho, se elevará a unos 20 kilómetros por hora con un globo, para el que se usará hidrógeno verde que obtendrán gracias a paneles solares propios. Estos viajes no necesitarán de una preparación física previa, aunque para los primeros sí se pedirá un examen médico. Y tampoco, asegura Mira, una cantidad astronómica para pagarlos. “El precio será de 150.000 euros por persona. No lo vemos como un capricho de ricos”, añade.

Para lo que ya no hay una fecha concreta, tras señalarse el año pasado que sería en 2025, es para la apertura del primer hotel espacial, en el que está trabajando Above Space, anteriormente conocida como Orbital Assembly. “No hay nada técnico que no nos permita hacer el hotel. El problema es el mercado”, sostiene Tim Alatorre, arquitecto y director de operaciones de la compañía. “Ahora mismo, solo el viaje para llegar cuesta 60 millones de dólares”, explica, antes de agregar que se necesitan más vehículos espaciales. “Cuando tengamos destino, veremos precios más bajos”, dice Alatorre, que no ofrece una cantidad de lo que podría costar una estancia en tan lejano establecimiento.

El proyecto de Above Space recoge una estación con gravedad artificial, lo que permitirá a los turistas tener una experiencia similar a la de un hotel en la Tierra, sin tener que estar flotando, con las dificultades que eso conlleva para, por ejemplo, beber o ir al baño. “Tendremos aseos normales, restaurantes y pistas deportivas”, cuenta Alatorre, quien asegura que ya se está viviendo “el principio del cambio del turismo espacial”. Un sector que, pronostica, no será solo para los multimillonarios en las próximas décadas. El baile de fechas en los proyectos de turismo espacial que se anuncian se debe, en opinión de Díez de la Lastra, a que se ponen “para activar a los inversores”.

Turismo bajo el mar

También ha anunciado fecha, finales de 2026 o inicios de 2027, la empresa Proteus Ocean Group para que se pueda ir a pasar varios días de turismo al fondo del mar. La compañía presidida por Fabien Cousteau, nieto del legendario explorador Jacques Cousteau, tiene proyectada una estación submarina internacional en el Caribe, en concreto, a unos 25 metros de profundidad frente a las costas de Curazao. Proteus, nombre de la instalación, tendrá dos pisos y acogerá hasta 12 tripulantes, algunos de ellos pueden ser turistas. Eso sí, deberán pasar por una formación previa y tendrán un papel activo en el día a día de la estación, en la que se llevarán a cabo investigaciones científicas. “Más que turismo, lo que ofrecemos es una experiencia para que estas personas se sientan parte del equipo que va a hacer las exploraciones”, comenta Gary Rosewell, director de asociaciones de Proteus Ocean Group. Una experiencia que durará entre cinco y siete días y de la que, asegura Rosewell, aún es pronto para hablar sobre lo que va a costar. “No queremos ofrecerla solo a aquellos que puedan permitírselo. Queremos llevar Proteus al público con un museo en tierra en el que, gracias a la realidad aumentada, la gente pueda ver lo que está ocurriendo dentro de la estación”, añade.

Rosewell reconoce que tras el accidente del sumergible Titan, en el que murieron cinco personas que habían descendido a ver los restos del Titanic, “el mercado está viviendo turbulencias”, pero asevera que Proteus Ocean Group está “en una buena posición” ya que cuenta con el aval “de Naciones Unidas y de la Armada de Estados Unidos”.

Bajo el mar, aunque a menos profundidad, lleva también a turistas Karlos Simón, para hacer buceo extremo entre grandes tiburones. En su agencia de viajes, que se llama como él, ofrece, entre otros, dos aventuras de este tipo. Una en grupos de 12 a 24 personas, con un coste que ronda los 8.000 euros. Y otra hecha a medida, en la que el viajero tiene el barco para él solo y sus acompañantes. En esta última, además, se le ofrece un corto periodo de formación para poder acercarse más a los tiburones, tocarlos y alimentarlos. “Colocarte en el centro de la acción”, explica Simón, que cifra el precio de este viaje a partir de los 150.000 euros. “La gente paga verdaderas fortunas para hacer algo que solo lo hacen ellos”, dice el aventurero, quien en los últimos años ha detectado, en la misma línea que Carlos Díez de la Lastra, que “el turista de lujo lo que está buscando es la experiencia”. Sobre viajes exclusivos, Simón revela que “aún quedan rinconcitos de la Tierra que apenas están explotados”. A aquellos que tienen la suerte de conocerlos, siempre les queda la opción de ampliar horizontes en el espacio.

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Sobre la firma

Manme Guerra
Redactora de la sección Fortuna, donde escribe de recursos humanos, empresas, sostenibilidad, lujo y estilo de vida. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de la Escuela de Periodismo UAM-El País. Ha trabajado en El País, Vozpópuli, Microsoft News y la revista ¡HOLA! antes de incorporarse a Cinco Días en 2022.

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