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Australia, un mercado apetecible, con una logística cara y mucha competencia asiática

El acuerdo de libre comercio con la UE rebaja el coste de exportar.  Las compañías nacionales se enfrentan a la fuerte competencia asiática

Belén Trincado Aznar

La economía de Australia es de las pocas en el mundo que ha crecido de forma continuada durante las tres últimas décadas hasta ocupar el puesto 15 en la clasificación en términos de PIB. Las exportaciones españolas a ese país, sin embargo, se han estancado en los 2.047 millones de euros, por debajo de Emiratos Árabes o Argelia, pero a la altura de otros destinos de la región como India o Corea del Sur. De hecho, la rivalidad de esa zona es uno de los principales problemas a los que se enfrentan las pymes españolas que quieren exportar allí.

Ricard Armengol, consejero delegado de Provital, compañía de ingredientes para la industria cosmética, asegura que “competir con los fabricantes asiáticos es una de las principales barreras debido a los precios”. También aclara que, en su caso, la legislación australiana sobre cosméticos complica sus ventas. En cuanto a la logística, explica que la lejanía dificulta el seguimiento comercial con los fabricantes locales, a los que proveen mediante un distribuidor local. Aun así, el responsable de Provital considera que el reciente acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Australia contribuirá a aliviar parte de estas fricciones, especialmente en lo relativo a los costes.

El pacto prevé la eliminación de más del 99% de los aranceles sobre las exportaciones europeas (con un ahorro estimado de 1.000 millones de euros anuales). La Comisión Europea sitúa a los productos lácteos entre los principales beneficiados, con previsiones de crecimiento de hasta el 48% y una especial atención al segmento del queso, el único sobre el que hoy se aplican cuotas de importación.

Para Cerrucos de Kanama, quesería artesanal que inauguró sus ventas en Australia el año pasado, el éxito se vincula al valor añadido del producto. “El mercado exige competir en calidad y diferenciación, no por precio”, afirma Teresa Redondo, su fundadora y directora general, quien destaca su estrategia apoyada en socios locales y dirigida hacia el ámbito más premium, centrándose en canales especializados y clientes que actúan de prescriptores para construir una marca asociada a la tradición y la artesanía. Redondo apunta a la necesidad de “educar al consumidor sobre el queso español” como uno de sus retos. Pero el principal obstáculo es la distancia, que implica “una logística compleja, el seguimiento estricto de la cadena de frío y controles sanitarios exigentes para asegurar la trazabilidad, además de los costes de transporte”, señala.

Proyección

Más allá de la alimentación, cuyo peso relativo se ve nutrido por el aceite de oliva, las exportaciones españolas a Australia se apoyan en mayor medida en las actividades industriales. Como Solera, fabricante de material eléctrico de baja tensión, cuyos componentes se encuentran en este país desde hace cerca de una década a través de un cliente internacional para el que desarrolla productos a medida. “El volumen total es reducido, pero encontramos un nicho donde otros proveedores no podían adaptarse ofreciendo calidad europea, muy valorada”, explica Nichole Andres, responsable del departamento de exportación de la enseña. A este respecto, remarca la fuerte competencia de China y Taiwán, que refuerza la necesidad de competir en calidad frente a soluciones de menor coste. Asimismo, y si bien los actuales aranceles no suponen un freno, sí lo es el marco normativo “híbrido y a veces confuso, que combina estándares europeos y británicos”. A lo que Andres suma la lejanía y la exigencia técnica derivada del clima.

Para la directora de la Fundación Consejo España Australia, Vega Yubero, este destino se trata, en conjunto, de “un mercado exigente, pero con condiciones muy favorables para proyectos a medio y largo plazo”. Sitúa al país como “especialmente atractivo para las pymes españolas por su estabilidad económica, seguridad jurídica y entorno predecible”, a lo que suma su posición estratégica en la región del Pacífico.

En su opinión, el acuerdo de libre comercio con la UE facilitará el acceso a las pymes y favorecerá el crecimiento en los sectores de mayor valor añadido, especialmente en alimentación, ya que los australianos tienden a asociar nuestros productos con calidad y un estilo de vida saludable. No obstante, advierte de que el conocimiento de la oferta española sigue siendo desigual, lo que obliga a invertir en visibilidad antes de dar el salto.

Retos y oportunidades

Madurez. En Australia, el consumidor valora la marca y la historia, resalta Juan Millán, director general de la consultora Gedeth. “El trato comercial es informal, pero la seriedad en el cumplimiento normativo y de los contratos marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso a largo plazo”, avisa.

Consolidación. El acuerdo de libre comercio con la UE abre oportunidades para que más empresas compitan en precio, pero, según Millán, “solo quienes inviertan en relaciones y continuidad se consolidarán”. Los sectores donde ve mayor potencial incluyen la tecnología agrícola y las energías renovables.

Origen. El tratado también blindará casi 400 indicaciones geográficas europeas, como el queso Manchego, en un mercado que “históricamente ha hecho un uso muy libre de ellas”. De ahí que parte de la negociación se haya resuelto tras un debate sobre el queso feta, elaborado por emigrantes griegos que reivindican el uso del nombre.

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