La industria de la ciencia, dominada por las pymes: “Les va la vida en ser innovadores”
Las compañías son proveedores en astronomía, aceleradores de partículas o energía de fusión. Destacan porque combinan la excelencia de sus productos con flexibilidad


En 2004, Elytt Energy empezó a participar en el proyecto ITER, el mayor experimento de fusión nuclear del mundo en Cadarache, al sur de Francia. La empresa forma parte del consorcio industrial europeo que fabrica los componentes clave de unos imanes superconductores gigantes (14 metros de altura por 9 de ancho) cuyo campo magnético es un millón de veces más potente que el campo magnético de la Tierra. Los imanes son necesarios para confinar un plasma (estado de la materia en el que se encuentra el combustible de fusión) que está a 150 millones de grados. Lo interesante es que esta empresa es una pyme de apenas 60 empleados cuyo centro neurálgico está en Artea, un pueblo de Bizkaia.
Y no es la única: otras como AVS, de unos 250 empleados, o Btesa, de unos 75, también han participado en grandes proyectos científicos. La industria de la ciencia en España parece saltarse las reglas económicas más básicas: son las pequeñas y medianas las que lideran, frente a las más grandes, la innovación y el desarrollo tecnológico. Erik Fernández, director general de Ineustar, la asociación principal, tiene una explicación contundente. “A las pymes les va la vida en ser innovadores, o innovan o mueren”, asegura. “Las grandes suelen tener un gran producto que elaboran de forma tradicional y se estancan más fácilmente. Las pymes necesitan siempre ser mejores que la competencia”, sostiene.
El origen de esta industria en España, que ya tiene un impacto económico de entre 650 y 800 millones de euros anuales (según cálculos de Ineustar) no fue espontáneo. Todo empieza en los años ochenta, cuando España decide incorporarse al CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear). Además de la contribución monetaria, empezaron a pagar su parte con materiales “en especie”, es decir, con tecnología que se fabricaría en España. “Esa elección fue clave”, recuerda Fernández, “porque en aquel momento el total de empresas que trabajaban en la ciencia era cero”. Esa apuesta permitió que la inversión pública se tradujera en contratos industriales reales, y con ello, en un aprendizaje que después sería esencial.
Flexibilidad y excelencia

Un pequeño grupo de pymes empezó a aprender haciendo, acumulando referencias (importantes para conseguir nuevos contratos) hasta convertirse en proveedores valorados a escala internacional. En la actualidad, España destaca por la excelencia de sus productos, pero también por su flexibilidad y capacidad de adaptación. “Este es un sector peculiar, porque se adquieren cosas que no se han comprado nunca a gente que no las ha fabricado nunca”, resume Fernández, subrayando que en cada acelerador, reactor o telescopio “las especificaciones de detalle surgen a medida que avanza el proyecto”.
Elytt Energy, por ejemplo, nació en 2002 de la mano de tres ingenieros que trabajaban en el CERN, y que “decidieron que había espacio para desarrollar esta industria en España”, cuenta Ángel García, director comercial de la empresa. Casi todos sus clientes son grandes organismos científicos internacionales que les pagan por hitos. Estos se van alcanzando al completar las distintas fases del encargo. “Casi todo lo que hacemos es nuevo, no se había hecho nunca antes”, afirma.
Después de esas primeras experiencias en fusión, Elytt se expandió a otros campos de la industria de la ciencia, especialmente aceleradores de partículas y grandes imanes, participando en iniciativas como el sincrotrón Alba (un acelerador de electrones situado en Barcelona), otro proyecto de imanes superconductores para el CERN o un experimento del Laboratorio de la Física del Plasma, de la Universidad de Princeton. Estados Unidos, apunta García, les ha dado muchas primeras oportunidades, difíciles de encontrar en un campo tan complejo como este.
Internacionalización
Después de ese primer empujón en los ochenta, el sector se desarrolló lentamente. “Éramos mucho más baratos, y al mismo tiempo éramos igual de buenos que los alemanes o los franceses en este tipo de productos difíciles de fabricar y únicos”, cuenta Fernández. Pero tuvieron que esperar al menos 20 años hasta poder hablar de una industria de la ciencia como tal. Luego llegó el proceso de exportación, muchas veces de la mano del Icex (Instituto Español de Comercio Exterior). “Fuimos el primer país cuyas empresas aparecían de manera agrupada en las ferias”, asegura. En el pabellón español, cada compañía tenía su propio espacio.
“No hay una receta única”, cree Fernández. “Algunas compañías no superan los 10 empleados y solo trabajan en un único proyecto (aunque este puede durar hasta 15 años), o son muy buenas en una cosa muy específica del sector, y hacen ese tipo de proyectos una y otra vez”, relata. Los picos de trabajo se producen cuando, en alguna parte del mundo, un país se lanza a la construcción de unas instalaciones científicas de primer nivel como las que se van a construir en Granada. Allí van a montar el Ifmif-Dones, un acelerador de partículas y fuente de neutrones. “Durante la construcción necesitan aparatos nuevos y generan muchos contratos, pero luego ya solo es mantenimiento y renovación”, detalla el experto, que habla de los picos y valles que esto genera en la facturación de las empresas. “Como dependas de un solo cliente, vas a tener ese mismo ciclo, así que la única fórmula es superponer cuantos picos como puedas, y eso requiere de innovar y estar constantemente a la vanguardia”.
Esa es la batalla de Miguel Ángel Carrera, cofundador y director de AVS, una empresa del sector de casi 250 empleados. Empezaron hace 20 años en Guipúzcoa, pero ahora tienen capacidad de producción allí, en Álava, Reino Unido y Estados Unidos. Su estrategia es tan compleja como sencilla: “Tratamos de identificar retos científicos importantes a escala mundial que requieran una tecnología específica para llevarlos a cabo, concursamos en su desarrollo y ganamos”. La actividad de AVS se extiende tanto al espacio y la astrofísica como a la fusión nuclear y los aceleradores de partículas, con proyectos que pueden durar “de dos a diez años” y que exigen una altísima fiabilidad técnica.
El camino de Btesa fue diferente. Creada en 1995, se centró inicialmente de forma exclusiva en el sector del broadcast, para el que fabricaba “transmisores de televisión terrestre, unidades móviles y equipamiento de electrónica y sistemas”, hasta que hace aproximadamente una década dio un giro estratégico. Recibió una petición del Ciemat (Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas). Estaban buscando a alguien en España capaz de fabricar amplificadores de radiofrecuencia para acelerar partículas y no encontraban proveedores. “Nos llegó la petición de si queríamos intentarlo”, evoca Carlos Rosa Pérez, director comercial de la compañía.
El salto no fue sencillo –“nos gastamos más dinero en I+D y en equipo del que ganamos con la primera licitación”–, pero esa primera petición les permitió evolucionar hacia amplificadores de estado sólido con transistores de potencia, hoy su principal seña de identidad. Actualmente, con una plantilla de alrededor de 75 empleados, la empresa trabaja para clientes como el CERN, el Sincrotrón ALBA, el Ciemat y aceleradores en Francia, Alemania y Japón (a través de Fusion for Energy), con un peso creciente de los proyectos científicos.
La vuelta de cerebros
La retención de talento sigue siendo un reto, pero parece que poco a poco la diáspora de científicos españoles en el exilio ha empezado a volver. “No somos capaces de encontrar el talento que necesitamos”, lamenta Fernández, en un contexto de competencia con países donde los salarios son más elevados. “Pero estamos empezando a notar, especialmente en investigadores que llevan diez años fuera, en Suiza, Francia o Alemania, que quieren regresar a España”.
Pérez, de Btesa, señala un problema añadido: la fuga de ingenieros más reciente hacia la defensa, un sector con gran capacidad financiera que utiliza tecnologías muy similares a las de muchas de estas compañías. “Nos están quitando talento”, critica. Carrera, de AVS, opina que retener talento va mucho más allá del salario: “Mi labor esencial es que cada proyecto aporte valor a la empresa y a los trabajadores. No basta con que esté bien pagado, tiene que ser estimulante”. La compañía trabaja con ingenieros que podrían elegir otros sectores más cortoplacistas o mejor remunerados. Su labor es atraerlos con retos estimulantes que se encuentren en los límites del conocimiento: “Satélites, aceleradores, fusión… Lo que hacemos está en el estado del arte”, cierra.
Instituciones y centros de referencia
- CERN. La Organización Europea para la Investigación Nuclear es el mayor laboratorio de física de partículas del mundo y uno de los principales motores de la llamada industria de la ciencia. Con sede en la frontera franco-suiza, alberga grandes aceleradores como el LHC y funciona como cliente tecnológico de cientos de empresas que fabrican equipos únicos, diseñados a medida para experimentos que no tienen precedentes industriales.
- Ifmif-Dones. Se está construyendo en Escúzar (Granada) y será una de las mayores infraestructuras científicas de España y una pieza clave en la carrera europea por la fusión nuclear. No producirá energía: su función es someter materiales a un intenso bombardeo de neutrones para comprobar si resistirán las condiciones extremas de los futuros reactores de fusión comerciales.
- Sincrotrón ALBA. El Sincrotrón ALBA, en Cerdanyola del Vallès (Barcelona), es la mayor instalación científica del país en funcionamiento. Acelera electrones para generar luz de sincrotrón, una radiación que permite analizar la materia a escala atómica. Es una infraestructura abierta, utilizada tanto por científicos como por empresas para investigar desde nuevos materiales hasta fármacos.
- Ciemat. El Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas es el principal organismo público español en energía y tecnologías asociadas. Depende del Ministerio de Ciencia y actúa como puente entre la investigación y la industria, con un papel central en proyectos de fusión, aceleradores de partículas y grandes instalaciones científicas internacionales.
- Fusion for Energy. Es la agencia de la Unión Europea encargada de gestionar la contribución europea a ITER, el mayor proyecto internacional de fusión nuclear del mundo, en construcción en Cadarache, al sur de Francia. Con sede en Barcelona, canaliza miles de millones de euros en contratos industriales y conecta a pymes, grandes empresas y centros de investigación con los grandes proyectos de fusión, convirtiendo la ciencia más avanzada en una oportunidad económica y tecnológica.