La ciencia como motor de investigación y desarrollo

La Fundación Botín lanza una nueva edición de Mind the Gap para desarrollar startups biotecnológicas

Científicos de Vaxdyn en un laboratorio de la compañía, que desarrolla una vacuna contra bacterias resistentes a antibióticos.
Científicos de Vaxdyn en un laboratorio de la compañía, que desarrolla una vacuna contra bacterias resistentes a antibióticos.

En España, hace 20 años, la preocupación de los científicos era avanzar en el conocimiento, publicar sus progresos y ser citados. Así se medía la calidad científica. No reparaban en que esos avances podían convertirse en innovación y desarrollo. Ese cambio en la forma de hacer ciencia es el quACe busca desde entonces la Fundación Botín, destaca su director general, Íñigo Sáenz de Miera, “que piensen y que hagan las cosas de modo que aquello que están descubriendo se pueda convertir en algo, un producto, un servicio, que genere riqueza económica y que genere bienestar”.

Ese cambio de la cultura científica es lo que se propone la fundación con su programa Mind the Gap, del que acaba de lanzar una nueva convocatoria y que desde 2011 impulsa la profesionalización de las labores de transferencia desde la detección de la idea hasta su comercialización. A través de este programa la Fundación Botín invertirá 1,5 millones de euros en tres nuevas startups del entorno de las ciencias de la vida y la salud, que se sumarán a las ocho con las que ya trabaja.

El objetivo de esta iniciativa es suplir las necesidades de los proyectos empresariales de ámbito biotecnológico en su fase más temprana, momento en el que es más difícil atraer capital. “Por eso se llama Mind the Gap, porque hay un gap entre el punto al que el sistema de ciencia española (universidades, centros de investigación, incluso las áreas de investigación de las empresas) es capaz de llevar un proyecto y el punto en el que se necesita encontrar a alguien para meter dinero allí. Nosotros lo que intentamos es cubrir ese gap”, remarca Sáenz de Miera.

Se invierten tanto recursos económicos como humanos, de orientación y apoyo profesional

Con este fin, desde Mind the Gap se invierten tanto recursos económicos (hasta 500.000 euros por proyecto) como humanos, a través de directivos y emprendedores experimentados que prestan orientación y apoyo profesional, para impulsar el emprendimiento en el ámbito científico-tecnológico y transformar los proyectos académicos en empresas viables.

Inversión de impacto

La fundación entra en las empresas como accionista, pero no se sienta en sus consejos de administración. “Empezamos a hacer inversión de impacto sin saber que lo hacíamos, porque yo creo que el nombre no existía, ahora parece más normal”, señala el director general de la fundación. “El invertir como accionistas no solo te da la posibilidad del retorno financiero y la sostenibilidad financiera, sino que además te da una capacidad de acompañamiento de la empresa de muchísima más calidad que si eres un donante”. Porque una parte del dinero se ha de destinar a contratar a un asesor externo, que pone la propia fundación. “Son nuestros ojos en la empresa”, remarca Sáenz de Miera.

Desde su lanzamiento hace 11 años Mind the Gap ha invertido 5 millones de euros

Además de con estos colaboradores, en una primera fase la fundación cuenta con expertos que ayudan a seleccionar las empresas, los proyectos. Son los que miran la calidad de la tecnología, la propiedad intelectual, cómo está el mercado y hasta qué punto pueden lograr tanto el objetivo social como el financiero.

La inversión, al principio, se hacía únicamente con fondos de la Fundación Botín, pero en los últimos años participan también inversores privados, “gente de confianza, que estaban interesados en invertir en biomedicina, bien por motivos sociales o por objetivos financieros. Con lo cual estamos logrando los mismos objetivos, dividiendo por tres el dinero que nos cuesta”, relata Sáenz de Miera. Y siempre con la premisa de “asegurar el retorno social y luego intentar maximizar el financiero”.

Además, en el momento en que un proyecto consolida su viabilidad empresarial, cumpliendo así con el objetivo social de Mind the Gap, la Fundación Botín recupera su capital y lo reinvierte en nuevos proyectos. Un ejemplo de ello se produjo en 2018 con la primera desinversión del programa, al vender la participación que la Fundación Botín tenía en Dreamgenics seis años después de la inversión inicial. La empresa se dedica al desarrollo y explotación de productos y servicios bioinformáticos dirigidos a la aplicación del conocimiento sobre el genoma humano, al diagnóstico médico y a la investigación básica y preclínica

Desde su lanzamiento hace ya 11 años, Mind the Gap ha invertido 5 millones de euros en sus proyectos en cartera, unas iniciativas que a su vez han logrado captar más de 18 millones de euros de capital privado, lo que significa que, por cada euro invertido por Mind the Gap se han movilizado 3,6 euros de la iniciativa privada. La nueva convocatoria está abierta hasta el 2 de mayo.

Un impacto positivo en la salud y la calidad de vida

Las empresas que tiene en cartera Mind the Gap alcanzaron en 2021 una facturación conjunta estimada de cerca de 19 millones de euros y mantuvieron 100 puestos de trabajo, en su mayoría altamente cualificados. Estas compañías trabajan en proyectos que pueden llegar a convertirse en avances cruciales para la sociedad, unas iniciativas que buscan un impacto positivo en la salud y en la calidad de vida de las personas.

Aunque todavía están en fase de desarrollo, algunas de estas compañías trabajan en el tratamiento o detección precoz de distintos tipos de enfermedades, como el cáncer, las patologías asociadas al parto, la escoliosis o el desarrollo de vacunas contra las superbacterias resistentes a los antibióticos. Las empresas que están actualmente en la cartera de la Fundación Botín son: Gate2Brain, Miwendo Solutions, Vaxdyn, Cyclomed Technologies, EpiDisease, Innitius, Nostrum Biodiscovery y Life Length.

La primera empresa que financió el programa fue Life Length, dedicada a la medición de los telómeros, que se utilizan para la detección precoz de enfermedades crónicas. El proyecto está basado en los resultados del laboratorio de la doctora María Blasco, ahora directora del CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas).

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