Islandia, Noruega y Suiza miran hacia la Unión Europea en medio del caos global
Las crecientes presiones comerciales y políticas de las grandes potencias como Estados Unidos están empujando a los países de la AELC hacia una mayor integración con la región. Mientras que Islandia quiere convertirse en el miembro 28 de la UE, Noruega no se decide y Suiza mantiene su neutralidad apostando por acuerdos bilaterales


La crisis del sistema internacional, potenciada por los conflictos en Oriente Próximo y las guerras comerciales, está reavivando la llama de la integración comunitaria en los países de la Asociación Europea de Libre Comercio (conocida como AELC o EFTA por sus siglas en inglés). Ante la creciente inestabilidad global, Islandia, Noruega y Suiza, tres de los cuatro países miembros de esta organización, están apostando por incrementar el acercamiento a la Unión Europea, cada uno en diferente medida. Así, mientras los islandeses contemplan convertirse en el miembro 28 del bloque en el corto plazo y los suizos apuestan por los acuerdos bilaterales, los noruegos debaten cuál de estas vías protege más sus intereses.
Sophie Altermatt, economista de Julius Baer, explica que estos países se enfrentan a crecientes presiones externas derivadas del aumento de las tensiones geopolíticas, la evolución de los patrones comerciales y las políticas nacionales de superpotencias cada vez más intervencionistas. En esta línea, considera que fortalecer alianzas ayuda a reducir las vulnerabilidades en las cadenas de suministro y las tecnologías críticas.
“Estados Unidos se ha convertido en un aliado menos predecible en materia de comercio, seguridad y defensa, mientras que las crecientes ambiciones de China ponen en peligro la competitividad industrial de Europa. Asimismo, la dependencia de las cadenas de suministro dominadas por Pekín genera vulnerabilidades. Una mayor integración entre la UE y los países de la AELC reduce los costes de transacción, previene la divergencia regulatoria y mejora la previsibilidad para las empresas europeas que operan transfronterizas. Esto contribuye a un mercado global más eficiente, estable y homogéneo”, asegura Altermatt a CincoDías.
Integración
En el pasado, los tres países ya plantearon distintos referendos para que sus ciudadanos decidieran si querían formar parte del bloque. Suiza y Noruega votaron no en 1992 y 1994, respectivamente, mientras que Islandia congeló el proceso en 2013 tras distintos choques con la UE por la crisis financiera.
Sin embargo, a pesar de estas decisiones, las tres economías (como también Liechtenstein, el cuarto miembro de la AELC) aceptaron participar del mercado único a través del Espacio Económico Europeo (EEE). Suiza, por su parte, lo hace mediante más de 120 acuerdos bilaterales. Dicho esto, ninguna de ellas pertenece a la Unión Aduanera, por lo que pactan sus propios aranceles, políticas aduaneras y acuerdos comerciales.
La inestabilidad global, no obstante, ha cambiado las reglas del juego. La intención del Gobierno estadounidense de Donald Trump de anexarse Groenlandia, sumada a las disrupciones en las cadenas de suministro, los conflictos bélicos, la pandemia del coronavirus y el avance del proteccionismo comercial han hecho más atractiva la posibilidad de pertenecer a un bloque con mayor influencia, resiliencia y capacidad negociación como la UE.
Así, en una entrevista reciente, la ministra de Exteriores de Islandia, Thorgerdur Katrin Gunnarsdottir, sugirió que su país celebrará un nuevo referéndum de adhesión a la UE el 29 agosto de este año, y que podría convertirse en el socio número 28 de la Unión “en un año y medio”. La líder agregó que la incorporación puede ser imprescindible para que las empresas e industrias islandesas reciban “refugio” y “protección” dentro de la Unión ante la actual volatilidad en los mercados y la guerra comercial.
Tras verse presionados por la ola arancelaria del Gobierno de Trump en los últimos meses, los líderes de los principales partidos políticos de Noruega también reconocieron que permanecer fuera de la Unión supone una gran desventaja en materia de política exterior. “Todos podemos ver que nuestra actual situación con la UE nos genera muchas vulnerabilidades, ya que cada vez estamos más al margen de todo aquello en lo que queremos entrar”, lamentó Ine Marie Eriksen Søreide, actual líder del Partido Conservador de Noruega, durante un debate parlamentario a finales del año pasado.
Como dato, en diversas encuestas de 2025 y 2026 el porcentaje de ciudadanos de estos países que ven como favorable incorporarse a la UE ya ha llegado a superar el 55% y el 40% tanto en Islandia como en Noruega, respectivamente, aunque estas cifras pueden variar de acuerdo a la coyuntura.
Suiza, otra historia
A diferencia de los países nórdicos, Suiza prefiere mantener su distancia. En el país alpino, la vía preferida para protegerse ante la inestabilidad global siguen siendo los acuerdos bilaterales. Esta opción les permite participar del mercado único, del sistema energético y en distintos proyectos comunitarios (como Horizonte Europa, Euratom, Europa Digital o Erasmus) sin sacrificar su conocida neutralidad ni comprometerse en ámbitos como la defensa.
El hito más reciente en la relación con los suizos es la firma del paquete Bilaterales III el pasado 2 de marzo de este año. Estos nuevos compromisos introducen normas más claras para la armonización regulatoria dinámica y la resolución de controversias, reduciendo la inseguridad jurídica y restaurando la previsibilidad para las empresas transfronterizas.
“Este paquete actualiza los acuerdos fundamentales sobre libre circulación, transporte y reconocimiento mutuo de normas, e incorpora nuevas áreas de cooperación como la seguridad alimentaria, la seguridad sanitaria, la integración del mercado eléctrico y la participación en los programas espaciales de la UE. Sin embargo, el paquete aún requiere su plena ratificación, con una considerable incertidumbre por parte de Suiza”, señala Sophie Altermatt.
Formar parte de la Unión Europea, sin embargo, no está ni siquiera sobre la mesa. De hecho, los suizos incluso están planteando un referéndum para limitar la población de su país a 10 millones de personas en 2027, con el objetivo de reducir el creciente influjo de extranjeros dentro de sus fronteras; una cuestión que puede complicar la ratificación en el Parlamento de los recientes pactos firmados con la Unión Europea por las posibles implicaciones que puede tener en materia de tránsito de personas.
Aliados esenciales
Fuentes de Bruselas confirman que el Ejecutivo comunitario está interesado en explorar las posibilidades de una mayor integración con estos aliados, algo que consideran fundamental para blindarse ante la actual inestabilidad global y que ya vienen impulsando. Además de sus mercados, cada uno de estos países aporta una característica que contribuye a proteger la autonomía de la Unión, ya sea en el ámbito energético, industrial, sanitario, o también en la defensa y las rutas comerciales.
“Noruega suministra grandes volúmenes de gas natural, petróleo crudo y electricidad a la Unión Europea. Su papel se ha vuelto aún más crucial desde la invasión rusa de Ucrania. Una coordinación más profunda del mercado energético ayudaría a la UE a gestionar la volatilidad de los precios y a diversificarse aún más, evitando proveedores políticamente sensibles”, indican desde Julius Baer. En detalle, el país nórdico suministra alrededor del 14,6% del crudo y el 51,8% del gas que llega por tubería, según Eurostat.
Islandia, de manera similar, cumple un papel estratégico fundamental en las rutas comerciales del Atlántico Norte y en las emergentes rutas del Ártico, actuando como un puente logístico y un punto de seguridad entre Europa y Norteamérica. En el contexto del deshielo de las rutas del ártico, la isla se puede convertir en un punto clave para el tráfico de contenedores entre Asia y Europa a través de la Ruta del Mar del Norte, acortando distancias en comparación con el canal de Suez. El suministro de aluminio islandés también es un factor clave, siendo la isla el cuarto mayor proveedor de esta materia prima estratégica para la UE.
En cuanto a Suiza, el beneficio viene principalmente por el lado del flujo mutuo de capitales, el comercio y las industrias médica, química y farmacéutica, ámbitos en los que el bloque ha estado teniendo problemas por su creciente dependencia de las importaciones desde China, Estados Unidos e India.
Viabilidad
A pesar de las ventajas, las fuentes consultadas concuerdan en que la integración total o casi total entre la Unión Europea y los Estados de la AELC es económicamente viable, pero políticamente difícil. “Entre los principales obstáculos se encuentran las preocupaciones sobre soberanía y los requisitos de alineación institucional, como la adopción de una legislación dinámica de la UE; así como las sensibilidades sectoriales, especialmente la pesca en el caso de Islandia y Noruega, y los controles migratorios y del mercado laboral en el caso de Suiza”, argumentan desde Julius Baer.
No obstante, algunos expertos consideran que la posible implementación de una “Europa de dos velocidades” podría facilitar la adhesión. Esta propuesta, impulsada recientemente por el ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, sugiere renovar el sistema comunitario para permitir que los países elijan los ámbitos en los que quieren aumentar su integración.
Así, este régimen facilitaría que nuevas naciones (como Islandia o Noruega) se unan al bloque con menos compromisos, pero perdiendo la facultad de votar sobre aspectos europeos en los que no participen. En esta línea, haría posible que un núcleo duro avance en materias como la unión de defensa o la unión de mercados de capitales sin que exista unanimidad entre los miembros.
¿Cómo es la relación comercial entre la Unión Europea y los países de la AELC?
Tratado. El acuerdo sobre el EEE, en vigor desde 1994, reúne a los Estados miembros de la UE y a Noruega, Islandia y Liechtenstein en el mercado único y establece la libre circulación de personas, servicios, bienes y capitales. “El acuerdo también abarca la normativa sobre competencia y ayudas estatales, políticas horizontales como la protección del consumidor, la energía, el medio ambiente y la política social, así como políticas complementarias como la investigación, la educación, la cultura, la salud pública y el emprendimiento”, explica un documento oficial del Parlamento Europeo. Ambos países también forman de parte de la OTAN y del espacio Schengen.
Noruega. La UE es el principal socio comercial de Noruega, representando el 61,9% de su comercio total de bienes. Los Veintisiete son el principal mercado de exportación de los noruegos, recibiendo el 66,1% de sus exportaciones totales. El país exporta principalmente combustibles a la UE, siendo un aliado clave para el abastecimiento y la resiliencia de la Unión en los mercados del gas y el petróleo. Asimismo, la UE es la principal fuente de importaciones del país nórdico, con una participación del 54,7% de sus importaciones totales.
Islandia. Las importaciones de bienes a la UE desde Islandia son pocas pero estratégicas, superando los 4.100 millones de euros. El aluminio contribuyó a más de la mitad de esas importaciones, convirtiendo a Islandia en el cuarto mayor proveedor de aluminio y artículos relacionados de la UE. Del otro lado, las exportaciones de la Unión a la isla se sitúan en torno a los 4.500 millones de euros. Casi el 40% de esa cifra es maquinaria y equipo de transporte.
Suiza. Actualmente, la UE es el principal socio comercial de Suiza, mientras que Suiza es el cuarto socio comercial más importante de la UE (cerca del 6,5% del comercio total de bienes de la Unión). “Suiza es un socio muy importante de la UE en el comercio de servicios, en particular en el de servicios comerciales. En 2023, el comercio bilateral total de servicios alcanzó los 245.000 millones de euros, lo que representa casi el 9% del comercio total de servicios de la UE”, indican fuentes de la Comisión Europea.