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La guerra en Oriente Próximo, una bomba de tiempo para el suministro energético de la Unión Europea

El conflicto que enfrenta a Irán contra Estados Unidos, Israel y sus aliados genera un enorme déficit en la oferta de combustible, tras poner en riesgo un 20% del suministro global de petróleo y de gas natural. Si la contienda se prolonga más de un mes, las subidas en el precio de la energía se traducirán en un daño para la economía de la UE

Mapa con la bandera de Irán superpuestaHacer Keles (Getty Images)

El mercado energético global recibe un bombazo por parte Irán, y Europa podría llevarse la peor parte. El bloqueo del estrecho de Ormuz, una arteria clave por donde navega el 20% del petróleo y el gas natural licuado (GNL), supone una pesadilla energética que en pocas semanas podría impactar en la economía del Viejo Continente. El cierre de esta vía implica un déficit de suministro para gigantes industriales como China, Corea y Japón; una situación que ya está catapultando el precio internacional de los hidrocarburos. En este contexto, los expertos alertan de que un conflicto que supere las cuatro o cinco semanas elevaría los costes energéticos dentro de la Unión Europea, pudiendo costar al bloque entre el 0,3% y el 0,8% del crecimiento anual del PIB.

“El conflicto en Oriente Próximo supone una amenaza para la economía de la UE a través de dos vías principales: los precios de la energía y la alteración del comercio. La alteración, y el consiguiente aumento de los precios del GNL, se produce en un momento en el que las reservas de gas de la UE están por debajo de los niveles habituales y el contexto macroeconómico es bastante frágil tras un prolongado periodo de bajo crecimiento e inflación persistente. El riesgo es que una crisis de los precios de la energía vuelva a sumir al bloque en la estanflación, al tiempo que retrase los recortes de tipos del BCE y merme la confianza de los consumidores”, explica a CincoDías ­Rebekah McMillan, gestora de Neuberger Berman.

A primera vista, Europa no parece depender demasiado del suministro energético de los países del Golfo. Las últimas cifras de Eurostat confirman que los mayores proveedores de petróleo de la Unión son Noruega (14,6%), Estados Unidos (14,5%), Kazajistán (12,2%) y Libia (8,9%), apareciendo Arabia Saudí recién en el quinto puesto (con un 6,8%). En el caso del GNL, EE UU cubre cerca del 59,9% de la demanda comunitaria, seguido muy de lejos por Rusia (12,7%) y Argelia (7,7%). Qatar llega en el cuarto puesto con un 6%.

No obstante, los expertos alertan de que la naturaleza global de ambos mercados, sumada a la escasez y al exceso de demanda de los países asiáticos, catapultará los precios. “Aunque Europa importa una parte relativamente limitada de su petróleo y gas directamente del Golfo, la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz ha retirado del mercado una gran parte del suministro mundial, lo que ha provocado un aumento de los precios del crudo y, especialmente, del gas en todo el mundo. Esto significa que los consumidores europeos se enfrentarán a un aumento de los costes del combustible a corto plazo. El impacto será especialmente rápido en los precios de los combustibles líquidos”, señala Felix Feather, economista de Aberdeen Investments, a este diario.

Impacto

En esta línea, desde Crédit Mutuel AM calculan que entre 10 y 15 millones de barriles diarios de crudo están en peligro por el bloqueo, aunque valoran que los efectos a corto plazo de las rutas alternativas, como el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí, podrían atenuar el golpe. “Se espera que la sensibilidad de la inflación general en Europa suba más de un 1% por cada alza de 10 dólares en los precios del petróleo, mientras que el impacto en el PIB real sería de alrededor del 0,3%”, aseveran desde la entidad. Los referentes europeos son el crudo Brent y el gas TTF.

En esta situación, las fuentes consultadas concuerdan en que el daño económico a corto plazo debería ser limitado para la UE. Sin embargo, puntualizan que, si la contienda se prolonga, el Viejo Continente sería una de las regiones más vulnerables, dada su fuerte dependencia de las importaciones. “Europa se enfrentará a una dura competencia por parte de Asia si intenta sustituir el suministro perdido de Qatar pujando por el GNL estadounidense. Esto se traducirá en un incremento de los costes industriales, con un impacto más acusado en los márgenes de las industrias que consumen mucha energía”, comentan desde Aberdeen.

“El Estrecho de Ormuz está prácticamente cerrado, ya que los barcos evitan el cuello de botella por razones de seguridad. No hay un cierre militar directo. Asia era el principal comprador de petróleo y gas de Oriente Medio y ahora busca alternativas en otros lugares. Por lo tanto, la interrupción afecta a todos, ya que existe una mayor competencia por el petróleo y el gas producidos fuera del Golfo Pérsico. Los precios del gas natural reaccionan en consecuencia para restablecer el equilibrio entre la oferta y la demanda”, expone Norbert Rücker,director de Investigación Económica y Next Generation de Julius Baer.

Cabe mencionar que el consenso de los expertos apunta a que un conflicto extenso parece poco probable, anticipando que podría extenderse unas cuatro o cinco semanas más. A este respecto, Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, alega que existen “poderosas razones” para que la república islámica y sus aliados busquen una resolución rápida.

“Desde el punto de vista de Irán, la venta de petróleo es su principal fuente de divisas. Desde el punto de vista chino, la falta de suministro le debe llevar a buscar mercados alternativos, algo posible pero no sencillo, con Rusia en guerra, Venezuela neutralizada y Estados Unidos como una opción poco viable”, indica Del Pozo,

En este tipo de escenario “moderado”, los expertos de Generali estiman que una escalada limitada, con una interrupción temporal de los flujos de petróleo y gas procedentes del Golfo durante poco más de un mes, supondría un coste no superior al 0,3% para el PIB de la zona euro en 2026. “Los riesgos se inclinan naturalmente hacia un enfrentamiento más duradero y perturbador, pero tanto Estados Unidos como China tienen un interés particular en poner fin al conflicto cuanto antes”, detallan desde la entidad italiana.

De forma similar, los expertos de J. Safra Sarasin contemplan que existe un 50% de probabilidad de que la campaña estadounidense sea “relativamente corta y decisiva”. Este pronóstico supone una estabilización del precio del petróleo en el entorno de los 75 dólares el barril, elevando temporalmente la inflación general en un 0,5% y afectando de forma modesta al crecimiento europeo.

Peor escenario

Por supuesto, existen también pronósticos menos optimistas. Por ejemplo, si Irán llega a dañar gravemente la infraestructura petrolera de los países del Golfo y reduce el suministro de la OPEP+, Generali calcula que los precios del crudo se situarán por encima de los 90 dólares. Mientras tanto, en el “peor de los casos”, los analistas de la entidad temen que una interrupción de dos trimestres en la mayor parte del suministro de petróleo del Golfo llevaría los precios por encima de los 120 dólares por barril, lo que reduciría el crecimiento en Europa en alrededor del 0,8% y elevaría la inflación en casi un punto y medio porcentual.

Malcolm Melville, gestor de fondos de energía de Schroders, también opina que un escenario bélico a largo plazo sería lo más peligroso. “Si el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz sigue viéndose afectado durante un largo periodo, será extremadamente difícil encontrar fuentes alternativas de suministro de petróleo. La OPEP ha anunciado un alza de 200.000 barriles diarios, pero esto es insignificante en comparación con la magnitud de la posible interrupción”, sentencia el experto de Schroders.

En este desenlace negativo, Scope Ratings estima que unos precios elevados y sostenidos, con el GNL cerca de 50 euros/MWh y del petróleo en torno a 100 dólares en Europa, podrían tener graves implicaciones macroeconómicas. “Según estimaciones del BCE, un escenario de este tipo elevaría la inflación de la zona euro en alrededor del 1,25% a medio plazo, lo que podría retrasar el ritmo de relajación de la política monetaria. Del mismo modo, unos precios energéticos más altos, junto con la incertidumbre y los efectos de contagio internacionales, podrían reducir el crecimiento de la zona euro en alrededor de 0,75 puntos porcentuales”, declaran desde la agencia.

Cabe decir que, según el consenso de las fuentes consultadas, otro escenario terrible para Europa sería que Irán termine en una situación similar a Libia. En este caso, las disputas políticas y étnicas generarían una inestabilidad persistente en la región, haciendo impredecible el final del conflicto y dificultando el tránsito de combustible por Ormuz de forma indefinida.

Sin alternativa

La crisis es una carrera de tiempo, puesto que el bloqueo a los países del Golfo deja pocas alternativas en el mercado internacional. Desde Schroders subrayan que Irán produce 3,4 millones de barriles diarios y exporta 1,7 millones, principalmente a China, un déficit que el mercado tendrá que absorber de una u otra manera. “Estos son los flujos que corren un riesgo más inmediato. China podría intentar sustituirlos por crudo ruso, que, por otra parte, está sujeto a sanciones. Otro factor a tener en cuenta es si la India vuelve a comprar petróleo ruso”, aseguran.

Asimismo, la capacidad de los saudíes para exportar por vía terrestre no parece estar del todo garantizada. “Arabia Saudí exporta entre 7 y 7,4 millones de barriles diarios y, en teoría, podría desviar los volúmenes a través de su oleoducto Este-Oeste. Sin embargo, el oleoducto nunca ha funcionado a plena capacidad y esto también requeriría un cambio en las rutas de transporte marítimo, lo que llevaría tiempo”, apuntala Melville.

Finalmente, la alternativa de recibir combustible de EE UU tampoco parece viable, ya que el crecimiento de la producción se ha estancado. Según Schroders, ni siquiera unos precios más altos generarían una respuesta inmediata en la oferta, dada la disciplina de capital y los elevados obstáculos a la inversión. “En resumen, si el estrecho sigue bloqueado, no hay ninguna fuente fiable de suministro sustitutivo rápido, lo que deja al mercado expuesto a un déficit significativo”, lamenta Melville.

Los más afectados

Los especialistas resaltan que, si se tiene en cuenta la estructura económica de los países europeos, aquellos que dependen del petróleo y el gas y cuya producción económica presenta una elevada intensidad en combustibles fósiles son probablemente los más vulnerables a un aumento duradero de los precios de los hidrocarburos. “Entre ellos se encuentran Chipre y Grecia, pero también países de Europa Central y del Este como Polonia y Bulgaria”, dice Alvise Lennkh-Yunus, director de calificaciones del sector público y soberano de Scope.

Según la agencia calificadora, entre las cuatro mayores economías de la UE, Italia, España y Alemania presentan exposiciones similares, dada la composición e intensidad de su mix energético; mientras que Francia, gracias a su amplio parque de centrales nucleares, está menos expuesta a las posibles implicaciones de este golpe. “No obstante, el margen fiscal para responder a este shock varía significativamente entre países, como reflejan nuestras calificaciones soberanas”, detalla Lennkh-­Yunus a este diario.

De forma complementaria, McMillan agrega que Alemania también se enfrenta a un riesgo industrial significativo, dada su base manufacturera intensiva en gas, mientras que Grecia e Italia están expuestas tanto por los costes energéticos como por los posibles efectos en el comercio y el turismo.

Dicho esto, a favor de Europa juegan las precauciones que se tomaron después de la disrupción del suministro de gas ruso por la invasión a Ucrania. Aunque las reservas de gas de la UE se sitúan en niveles bajos, en torno al 30% de su capacidad, se prevé que la demanda dependiente de las condiciones meteorológicas disminuya de forma significativa a medida que finaliza el invierno. “Además, las fuentes de energía de Europa están ahora mejor diversificadas que al inicio de la guerra de Rusia en Ucrania”, añade Lennkh-Yunus.

“A diferencia de la crisis de 2022, cuando la disponibilidad de gas era problemática, hoy en día las capacidades de producción e importación de GNL son mucho mayores. Antes de que comenzara esta crisis, el mercado estaba más preo­cupado por el exceso de oferta que por la escasez. No obstante, la pérdida de la producción de GNL en Qatar supone un duro golpe, ya que este país representa casi el 20% del suministro mundial”, indica Nabil Milali, gestor de multi asset & overlay en Edmond de Rothschild AM (EdRAM).

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