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Negocios que se quedan sin relevo: “Si me jubilo, es una pena tener que cerrar”

Los expertos señalan que este problema se ha agravado en los últimos años por motivos demográficos y económicos, pero los dueños confían en que su negocio siga vivo cuando se retiren

fruteria sevilla
Juan Francisco Gordillo en la frutería de Sevilla de la que es propietarioPACO PUENTES
Guillermo Calvo

Manuel Revilla, de 64 años, heredó de su madre en 1982 la tienda de alimentación que regenta, Autoservicios Nati, en la localidad soriana de Ólvega. Es la tercera generación de la familia al frente del negocio, pero su jubilación se acerca y confiesa que tiene “mucho miedo” de tener que echar el cierre al local. Para remediarlo, lleva tiempo buscando a alguien que tome su relevo. Afirma que, una vez se retire, le gustaría seguir asesorando al siguiente encargado, a quien exige que se comprometa a unos años de permanencia. A cambio, está dispuesto a bajar el precio de alquiler de local. Y también está decidido a retrasar su jubilación “hasta encontrar a la persona adecuada”. Revilla tiene dos hijos, una que trabaja en la docencia y otro que ha estudiado una ingeniería, pero ninguno de ellos se ha interesado por sustituir a su padre al frente del negocio familiar. “No quiero que se pierda lo poco que he aprendido”, ironiza el sexagenario, “por eso busco a alguien que herede mi negocio”.

El problema de la falta de relevo generacional en las empresas, principalmente en las que son familiares, se da cada vez más en España y provoca que muchos empresarios continúen trabajando a pesar de estar en edad de retirarse. Además, el cierre de negocios afecta a la demografía del territorio porque la economía de algunas familias dependen de estos para vivir. “El problema del relevo demográfico se ha acentuado”, resume Iñaki Ortega, doctor en Economía y director general de LLYC en Madrid. Este experto en diversidad generacional cita como causa “dos vectores de carácter demográfico y socioeconómico”. “El primero es la irrupción de una nueva generación: los millennials y los zeta, que aspiran a vivir sus propias vidas con autonomía y han dejado de seguir el principio de autoridad de padres (o maestros). Un negocio familiar es una obligación que en ocasiones exige una responsabilidad y una dependencia que muchos miembros de esas generaciones no están dispuestos a asumir. En segundo lugar está el envejecimiento de la población y el alargamiento de la vida, que ha provocado que muchos propietarios de negocios hayan seguido con la gestión hasta los 70 años o más y sus hijos ya tienen vidas profesionales resueltas a las que no quieren renunciar”, desarrolla.

Juan Gordillo es un vecino de Sevilla que afirma no encontrar a quién dejar su negocio. Lleva desde noviembre de 1991 gestionando una frutería con su nombre en el distrito de Sevilla Este. “Me da pena por el público, pero ya veo que mi local necesita un cambio. El barrio se ha hecho viejo y resulta que necesito a alguien joven y con otro nivel de informática y de visión de negocio para que sea algo más moderno”, relata por teléfono.

 Juan Francisco Gordillo en la frutería de Sevilla de la que es propietario.
Juan Francisco Gordillo en la frutería de Sevilla de la que es propietario. PACO PUENTES

A Gordillo le da pena que sus hijos decidieran no entrar en el mundo de la fruta: “Había pensado en montarles una tienda a cada uno, pero han decidido estudiar y hacer lo que les apasiona”, indica. Con 65 años, le está costando más de lo que pensaba encontrar quien le suceda: “No me da vértigo que una tercera persona se haga cargo del negocio, pero quiero ayudarle a encarar esta nueva etapa y ayudarle a formarse, porque me da mucha confianza”.

El problema de buscar un relevo siempre ha existido y es recurrente. Lo que sucede es que estamos en un contexto en el que esto se está convirtiendo en un problema cada vez mayor”, señala el director de Análisis e Impacto Regulatorio de beBartlet, Ramón Mateo. El reemplazo generacional es particularmente complicado en el sector primario. Claudio Rey, de 67 años, puso en venta hace cuatro la explotación agrarias que posee en Valle de Lónguida (Navarra), con 72 hectáreas cultivo y 2.500 ovejas para producción de leche. Pero dice que en todo este tiempo tan solo ha tenido dos solicitudes de compra y “ninguna de ellas era seria”. Como su hija tampoco quiere quedarse el negocio, los siete trabajadores que tiene a su cargo son su última esperanza: “La única salida que encuentro es dejarle la explotación a alguno de mis empleados”, afirma al otro lado del teléfono. Se ha puesto como fecha límite el próximo 1 de enero.

“La problemática se intensifica en zonas que sufren de despoblación y por ello es necesario mantener el tejido empresarial y es esencial que se intensifiquen las políticas de apoyo”, reclaman en la patronal Cepyme. “Desde la pandemia, en España estamos sufriendo graves problemas para encontrar trabajadores”, desarrolla un portavoz de la patronal de pequeñas y medianas empresas. “Esta problemática se ha generalizado a todos los sectores y territorios y se agrava de forma preocupante en las empresas de menor tamaño que tienen menos recursos para poder afrontar una búsqueda de trabajadores”, agrega.

En la localidad zaragozana de Fuentes de Ebro trabaja Alfonso Soro, un alfarero lleva en el oficio desde los 13 años. No tiene hijos y teme que su hermano no se quede con su negocio porque tendría que echar el cierre. “Es una labor que no se aprende de la noche a la mañana ni con un cursillo de dos meses. Coger a alguien para enseñarle no es viable porque tardas mucho en que coja los conocimientos”, asegura.

Alfonso Soro en su taller de alfarería situado en Fuentes del Ebro, Zaragoza
Alfonso Soro en su taller de alfarería situado en Fuentes del Ebro, Zaragoza

Este profesional de la alfarería, con 61 años, quiere continuar con su trabajo porque se ha convertido “en un estilo de vida”, apunta. Pero el tiempo va apretando y teme que el negocio, que compartió con su hermano y ha pasado por cuatro generaciones, no llegue a la quinta. Soro siente “rabia” por esta situación: “Si me jubilo es una pena tener que cerrar por falta de relevo generacional, pero es algo que no depende de mí. Ahora mismo tengo mucho trabajo y gano un sueldo razonable, pero es un sector que fluctúa mucho”.

Para la experta en recursos humanos Pilar Llácer, el mayor problema es “la configuración del mercado de trabajo”. Apunta factores como “la poca atracción que tienen muchas de las empresas familiares y la falta de tecnologías” para explicar los problemas a la hora “profesionalizar” la sucesión al frente de estas firmas. “España está perdiendo la esencia de las empresas familiares: se dan casos de negocios a los que económicamente les va bien, pero tienen que cerrar y esto supone un problema para la competitividad”, indica. Por eso propone que la solución comience por un cambio cultural en muchas empresas: “Es clave concienciar a todos los empresarios de que el relevo generacional es muy relevante para un país donde las pymes ocupan un peso tan importante”, concluye.

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Guillermo Calvo
Redactor de la sección de Economía en El PAÍS. Ha trabajado en varios medios locales, en Capital Radio y en Confidencial Digital, donde cubrió información parlamentaria. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y es Máster Periodismo UAM-El PAÍS.
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