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Campeones europeos: ¿por qué los líderes políticos quieren bancos y empresas más grandes?

Un escenario comercial y geopolítico más tenso reabre el debate sobre la consolidación de compañías europeas que puedan plantar cara a los gigantes de Estados Unidos y China. El foco está puesto en eliminar las barreras y aumentar la competitividad

Luis Alberto Peralta
banco europa
HarriesAD (Getty Images)

Europa necesita “campeones”, o por lo menos así lo piensan algunos de sus líderes. En un entorno comercial cada vez más tenso a nivel global, políticos como Emmanuel Macron han indicado recientemente que Europa precisa de bancos y empresas más grandes para poder competir con China y Estados Unidos. Si bien hay un relativo consenso sobre que la región debe potenciar sus compañías, no todos los actores coinciden en cómo se debe alcanzar esta meta. Dicho esto, en el contexto de las próximas elecciones parlamentarias europeas, el debate sobre la fórmula para lograr entidades más resilientes y relevantes a nivel mundial retoma fuerza entre políticos y expertos.

Pero ¿qué es exactamente un campeón europeo? El término ha sido utilizado recientemente en el contexto de la posible fusión entre los bancos españoles BBVA y Saba­dell. Sin embargo, se extiende más allá de este sector. “Campeones europeos es un término que se acuñó hace 20 años y en principio se refería campeones nacionales. Consiste en tener empresas lo suficientemente grandes para competir a nivel global y que tengan efecto de arrastre en las economías . Ahora se habla de esto porque la región no ha sido capaz, salvo casos puntuales como Airbus, de formar este tipo de compañías. No hemos hecho los deberes, y ahora con el boom de tecnologías como la inteligencia artificial se quiere crear gigantes para disminuir la dependencia de países como China o Estados Unidos”, explica Santiago Carbó, catedrático de análisis económico de la Universidad de Valencia y director de estudios financieros de Funcas a CincoDías.

Según un informe de la consultora McKinsey, el bloque se estaría jugando entre 500.000 millones y 1 billón de euros de valor agregado anualmente hasta 2030 si no mejora su competitividad. “Hemos entrado en una nueva era geoeconómica que hace que la competitividad sea más urgente y más desafiante para Europa en ámbitos importantes para el futuro, desde la energía hasta la tecnología y las cadenas de suministro”, expresa el documento. “Abordar estos problemas determinará la capacidad de la región para desbloquear el crecimiento futuro y al mismo tiempo preservar su incomparable modelo de sostenibilidad e inclusión”, sentencian desde la firma.

En esta línea, y en el contexto de las elecciones parlamentarias europeas de junio, la idea de campeones europeos surge dentro de los programa políticos. Así, se presenta como una posible respuesta al problema de competitividad e inversión que la región está enfrentando en campos dominados por otras potencias. “En determinadas industrias, el tamaño importa debido a las economías de escala. La única manera de seguir siendo competitivo es alcanzar un determinado tamaño. Nuestro trabajo como formuladores de políticas es garantizar que en la UE las condiciones sean adecuadas para que las empresas crezcan y, después de todo, tengan la oportunidad de convertirse en campeones europeos. Esto puede suceder de forma orgánica, pero a veces ocurre mediante fusiones y adquisiciones estratégicas. Lamentablemente, las normas antimonopolio de la UE son muy estrictas y en el pasado han impedido que las empresas europeas consigan ese tipo de escala mediante fusiones”, explica Markus Ferber, eurodiputado y portavoz para asuntos económicos y monetarios del Partido Popular Europeo (PPE) a este periódico.

El grupo socialista del Parlamento Europeo también considera que los campeones europeos son algo que se debe impulsar. No obstante enfatizan que la forma correcta de potenciar a estos gigantes consiste en mejorar y consolidar el mercado único con la unión bancaria, la unión de mercados de capitales, la unión energética y la unión de telecomunicaciones. “Si somos capaces de remover barreras nacionales, el tamaño del mercado irá aumentando. Este proceso lleva emparejado el crecimiento de las empresas, que actualmente está condicionado por la fragmentación de los mercados. Para muchas compañías es difícil operar en distintos mercados cuando existen normativas nacionales que impiden el funcionamiento ordinario del mercado europeo”, manifiesta Jonás Fernández, eurodiputado socialista y portavoz de los socialdemócratas europeos en la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo a CincoDías.

Competitividad

El estudio de McKinsey destaca que la economía integrada de Europa es comparable al tamaño de las economías de Estados Unidos y China (alrededor de 21 billones de dólares, frente a 25 billones y 18 billones de dólares, respectivamente, en 2022). No obstante, desde la firma subrayan que ha sido difícil para las corporaciones europeas escalar. “En 2022, los ingresos combinados de todas las empresas que cotizan en Bolsa con más de 1.000 millones de dólares de facturación fueron de 12 billones de dólares en Europa, en comparación con 18 billones de dólares en Estados Unidos”, revela un informe de la consultora.

El documento de McKinsey detalla que, por ejemplo, para las empresas de telecomunicaciones, aerolíneas y de defensa que operan a nivel nacional en lugar de europeo, esta situación se traduce en un 30% menos de ingresos por compañía que sus pares estadounidenses. “En 2022, la relación mercado-valor contable de las principales firmas europeas era el 60% de la de sus homólogas estadounidenses, lo que significa menos recursos financieros disponibles y una mayor probabilidad de ser presa de fusiones y adquisiciones”, expresa el análisis de la consultora. Cabe destacar que entre las 10 empresas más grandes del mundo no hay ninguna europea, y que entre las 50 más grandes tan solo hay siete de la UE.

Dicho esto, desde Bruselas plantean a la Unión Bancaria y la Unión de Mercados de Capitales como iniciativas clave que fomentarán la integración económica, y por lo tanto el surgimiento de gigantes paneuropeos. “La Unión de los Mercados de Capitales y la Unión Bancaria son proyectos que se refuerzan mutuamente. El desarrollo de una unión de los mercados de capitales se vería facilitado por un mercado más integrado de servicios bancarios. Los bancos que operan a escala de toda la UE son el conducto necesario para explotar mejor las economías de escala; y proporcionar servicios críticos en áreas como las actividades comerciales y de cotización, la banca de inversión, la tesorería y los servicios de depósito”, indica una portavoz de la Comisión Europea a CincoDías. “Junto con una profunda Unión de Mercados de Capitales, una Unión Bancaria en toda regla desempeñará un papel clave en la financiación del crecimiento y las inversiones, mejorando la competitividad de la UE; fortaleciendo la Unión Económica y Monetaria y, en última instancia, fortaleciendo nuestra resiliencia y nuestra autonomía estratégica abierta”, añaden desde Bruselas.

Sin embargo, una de las principales preocupaciones sobre la consolidación de los campeones europeos es que no trasciendan sus fronteras nacionales. “El debate de los campeones europeos es un debate interesante y necesario, pero en algunos casos está conducido por los grandes países. Fundamentalmente es por Francia o Alemania, porque creen que esos campeones europeos en realidad son franceses o alemanes. Pretender hacer pasar por europeas a empresas nacionales, por más grandes que sean, y que eso dé lugar a un mayor respaldo público por parte de los presupuestos de esos países, supone una amenaza para la consolidación del mercado único. Es exactamente el camino contrario al que debemos tomar”, sostiene Jonás Fernández. “En las últimas semanas conocíamos la opa hostil del BBVA al Sabadell. En el mercado estrictamente español una operación de ese tipo probablemente acabaría reduciendo la competencia y generando riesgos de estabilidad financiera. Sin embargo, si esos procesos de consolidación significaran la compra o la fusión de empresas en distintos países dentro del mercado único, serían para beneficio de todos”, agrega el eurodiputado socialista.

Para Diego Rodriguez, catedrático de economía de la Universidad Complutense e investigador asociado de Fedea, la cuestión también se centra en la complejidad y viabilidad de las fusiones transfronterizas. En esta línea, resalta que el hecho de que una empresa sea grande en uno de los países miembros no significa que sea importante a nivel regional o que pueda acceder a los mercados de otros países miembros. “El problema es el tamaño de los mercados domésticos y que no hay economía a escala. Sabemos que son pequeños para crear grandes jugadores que compitan con los de países que tienen un mercado integrado, como Estados Unidos. La UE enfatiza mucho la necesidad de que las reglas sean integradas y de crear mercados, pero la realidad es que no es suficiente”, expresa Rodríguez. “No hay que pensar en crear campeones nacionales dirigidos, sino sentar bases regulatorias y normativas que permitan que esas empresas surjan de forma natural. Esto tiene que ver con políticas de innovación y eliminación de barreras”, asegura el experto a este periódico.

En esta línea Carbó opina que una de las grandes limitaciones que se debe superar es la noción de que las empresas nacionales se deben favorecer por encima de las de otros países miembros. “Tendriamos que tener arraigado que somos un mercado único y que deberíamos tener empresas que no solo compiten de un país a otro sino a escala global. Sin embargo, siempre va a haber resistencias nacionales. Ahora se esta viendo con el sistema de pagos que se quiere crear en Europa. Los españoles quieren proponer Bizum porque es eficiente. En algunos países tal vez lo acepten, pero en otros no porque prefieren sus propios sistemas”, apunta el experto de Funcas.

Innovación y tecnología

Según McKinsey, las empresas más grandes de Europa en conjunto también vienen un tiempo rezagadas frente a sus homólogas estadounidenses en cuanto a inversión en innovación. “De 2015 a 2022, gastaron aproximadamente la mitad en I+D en proporción de los ingresos e invirtieron menos, incluso ajustando su tamaño más pequeño. A su vez, crecieron a dos tercios del ritmo y su retorno sobre el capital fue cuatro puntos porcentuales menor. En 2022, la capitalización de mercado total fue 2,5 veces mayor en Estados Unidos que en Europa; y la escala de las empresas estadounidenses fue casi el doble. Los problemas parecen ser sistémicos más que cíclicos”, asegura un informe de la consultora.

Dicho esto, el domino extranjero en campos como los semiconductores o la inteligencia artificial es un problema del que los políticos europeos ya están conscientes. Por ejemplo, mientras que los “siete magníficos” estadounidenses están enfocados en el sector tecnológico, entre las 10 empresas europeas más grandes solo ASML se dedica a este sector. “En este momento, vemos a menudo que grandes empresas estadounidenses o chinas dominan ciertos mercados. Pensemos, por ejemplo, en el sector tecnológico. En algunos casos, esas empresas pueden incluso estar respaldadas por el Estado o estar muy cerca del Gobierno. Las empresas y los consumidores europeos dependen en gran medida de esos actores, lo que les otorga una inmensa cantidad de poder y crea dependencias que un Estado nación hostil podría explotar algún día. Tener alternativas europeas crea redundancias y, por tanto, autonomía estratégica”, responde Ferber.

Así, algunos expertos confían en que facilitar el movimiento de capitales y el financiamiento potenciará estos avances. “Para competir con las grandes empresas tecnológicas no pertenecientes a la UE, Europa necesita unir fuerzas para que puedan surgir campeones europeos de los ecosistemas industriales nacionales a escala global. Para fortalecer su posición tecnoindustrial, la UE necesita crear recursos centralizados. Esto permitirá a la Comisión cofinanciar proyectos tecnológicos críticos en fase inicial y que requieran un uso intensivo de capital. Esto se aplica no solo a la alta tecnología, sino también a la defensa y la seguridad nacional”, afirman los investigadores Paolo Guerrieri y Pier Carlo Padoan, en un estudio publicado en febrero por la Universidad Internacional Libre de Estudios Sociales Guido Carli, de Italia.

Sin embargo, no todos piensan que eliminar las barreras sea suficiente. “Todo el mundo está viendo que está llegando una revolución que va a impactar en la productividad, en la que nosotros seremos usuarios. Todas las soluciones vienen por parte de empresas no europeas. La discusión tiene un contenido político; pero es muy difícil llevarla a la práctica. Las soluciones de siempre ha sido facilitar el crecimiento y la financiación, pero no hay una respuesta obvia. Estas políticas tienen que ser a muy largo plazo y la palabra clave es innovación”, asegura Rodríguez.

La opinión del regulador

A pesar del reciente discurso de integración, lo cierto es que existen precedentes de que bloqueos por parte de Bruselas a fusiones transfronterizas por motivos de competencia. Un caso relevante fue el de las compañías Siemens y Alstom, a las que en 2019 se les negó la posibilidad de unirse para conformar una megafirma para el sector ferroviario. En ese entonces, la comisaria de competencia, Margarethe Vestager, contradijo el deseo de los gobiernos de Alemania y Francia; que argumentaban la necesidad de crear un “campeón europeo” para competir con China.

En el caso particular del sector bancario, la Comisión Europea considera que los “bancos fuertes” que operan a nivel transfronterizo mejoran el acceso de los ciudadanos y las empresas de la UE a fuentes de financiación más asequibles. Así, desde Bruselas destacan que, actualmente, algunos bancos europeos son grandes en comparación con el PIB de los Estados miembros en los que están establecidos, pero no lo son en comparación con el tamaño de la economía de la UE. “La escala es importante en la banca como en muchos otros sectores. La consolidación del sector bancario mediante fusiones transfronterizas podría ayudar a mejorar la rentabilidad de los bancos. Las fusiones transfronterizas podrían mejorar los efectos de la diversificación geográfica y permitir a los bancos europeos tener modelos de negocio más eficientes, seguir estrategias de crecimiento e invertir en digitalización, de modo que estén mejor equipados para competir con sus homólogos internacionales”, indica una portavoz del ejecutivo comunitario a este periódico.

Sin embargo, un aspecto ambiguo en relación a la consolidación de los campeones europeos en el sector bancario es la posición de los reguladores. En el caso de la banca, el Banco Central Europeo (BCE) declara no estar a favor ni en contra de la formación de entidades más grandes. De hecho, una portavoz de la institución ha indicado a CincoDías que la entidad ha enfatizado en “numerosas ocasiones” que no le corresponde promover activamente o evitar cualquier forma de consolidación bancaria. “Como autoridad supervisora, el BCE debe mantener una postura neutral y evaluar cada proyecto presentado por los bancos basándose exclusivamente en motivos técnicos”, destaca la portavoz.

Dicho esto, desde el Banco Central Europeo resaltan una opinión plasmada en 2020 sobre este asunto por el presidente del consejo de supervisión, Andrea Enria, y el miembro del Consejo de Supervisión Edouard Fernández-Bollo: “Un cierto grado de consolidación sería útil para abordar algunos de los desafíos estructurales que enfrentan actualmente los bancos de la zona del euro. Puede impulsar la baja rentabilidad de los bancos de la zona del euro ayudándolos a lograr economías de escala, ser más rentables y mejorar su capacidad para afrontar un futuro cada vez más digital y definitivamente global. […] La consolidación puede ayudar a los bancos a diversificar sus fuentes de ingresos y fomentar la participación privada en el riesgo dentro de la unión bancaria, profundizándola así. Esto debería ayudar a que la zona del euro en su conjunto sea más resistente a shocks idiosincrásicos”, apuntaron los expertos citados por la portavoz. Cabe resaltar que hoy en día hay más de 4.500 bancos activos en la Unión Europea, y se trata sobre todo de bancos pequeños o medianos que operan en uno o dos mercados nacionales.

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