La justicia de Nueva York tumba el recurso de Gotham que buscaba una protección legal como periodista en el caso Grifols
El fondo bajista quiso acogerse a una norma especial de protección para no entregar a la farmacéutica el material con el que la acusó en enero de 2024 de maquillar las cuentas

Gotham City Research pierde una de las últimas balas que aún guardaba en la recámara para mantener alguna ventaja en su batalla legal contra Grifols en los tribunales de Estados Unidos. El juez de distrito (o de apelación) de Nueva York Lewis J. Liman, en una decisión comunicada el pasado 20 de agosto, ha rechazado el recurso que el fondo oportunista y General Industrial Partners (GIP) presentaron contra la decisión inicial de otro juez estadounidense en la que les denegaba la opción de acogerse a la norma que protege a los periodistas para no revelar sus fuentes y materiales ante la justicia.
Tanto Gotham como GIP, que están siendo investigados en paralelo en la Audiencia Nacional española por manipulación del mercado, invocaron la llamada Shield Law de Nueva York para no tener que dar más información a la justicia de cómo actuaron cuando acusaron a Grifols, en enero de 2024, de manipulación de cuentas. Aquel informe inicial empujó a la farmacéutica de origen catalán a una espiral de bajadas en Bolsa e inestabilidad general de la que todavía hoy trata de recuperarse. También se sucedieron los frentes en sede judicial, tanto en España como en Estados Unidos. Grifols siempre ha esgrimido que Gotham actuó de mala fe y reclama algún tipo de resarcimiento. Los bajistas, en cambio, defienden que su acusación estaba debidamente documentada.
Lo que ya parece despejado es la posibilidad de que Gotham se arrogue el carnet de reportero que solo quería desvelar la verdad. Ya en mayo de 2026, el juez Gabriel W. Gorenstein descartó la intención de los dos máximos responsables de ambas empresas, Daniel Yu y Cyrus de Weck, de presentarse como “periodistas profesionales” y escudarse en la ley del Estado de Nueva York que ampara a la prensa. Ahora, la siguiente instancia judicial ante la que recurrieron respalda aquella decisión e incluso aporta más argumentos en línea con que el verdadero negocio de Gotham no es periodístico sino su actividad como bajista (inversores que buscan ganar dinero con acciones en precios reducidos) en los mercados.
“Su pretensión de acogerse a la protección del privilegio no fracasa únicamente porque la fuente de la que reciben su remuneración proceda de ventas en corto en lugar de suscripciones o publicidad. Fracasa porque, aun cuando obtengan su medio de vida a través de Gotham o GIP, no logran demostrar que se les pague por sus actividades informativas. Es decir, no logran diferenciarse del promotor de acciones o del publicista: difunden información al mundo no como resultado del ejercicio de un criterio sobre su interés periodístico, sino exclusivamente para aumentar el valor de los activos que poseen”, explica el último auto al respecto.
Para el magistrado de distrito, “resulta revelador” que ni Yu ni De Weck afirmen en su exposición que se dediquen a recopilar la información sobre una empresa como consecuencia de una valoración acerca del interés que dicha información tendrá para su audiencia “y que solo después adopten la posición corta con el fin de financiar su labor informativa”. “Tampoco indican que su investigación se base, al menos en parte, en una consideración acerca de qué empresas podrían interesar a su audiencia, en contraposición a qué empresas constituyen objetivos fáciles para adoptar una posición corta”, añade.
En esta línea, toda la decisión del juez Liman insiste entre lo que diferencia una labor periodística y la que los dos máximos responsables de Gotham y GIP han declarado a menudo que desempeñan en su función como fondo oportunista. Ellos mismos, subraya el magistrado, admiten que su objetivo final no es informativo. Así, califica de “notoriamente ausente” en la defensa de los demandados “cualquier afirmación de que Gotham publique sus informes, al menos en parte, basándose en un criterio sobre su interés periodístico”. Todo lo contrario: lo hacen “exclusivamente porque se refieren a una empresa respecto de la cual Gotham y GIP habían constituido —o podían constituir— una posición corta considerable”.
Grifols, mientras tanto, siempre había defendido que la firma de inversión buscaba la apelación de este privilegio legal como “espada y escudo”, invocándolo únicamente para evitar proporcionar el material que considera más sensible mientras entregaba voluntariamente otros que sí respaldaban su posición.
Grifols y Gotham habían alcanzado un acuerdo a mediados de junio para acelerar la fase de discovery, centrada en la obtención de pruebas de cara a la vista oral. Pero esa colaboración fue apenas un espejismo. Por un lado, el fondo recurrió la decisión ahora tumbada sobre la Shield Law. Y por otro, los abogados de ambas partes han intercambiado escritos en los que discrepan sobre qué documentos forman parte del universo de pruebas que Gotham debe poner a disposición de Grifols. La batalla sobre qué información se aporta continúa, con la española reclamando más material y la estadounidense tratando de exponer al mínimo sus cartas.
Para intentar reconstruir cómo se gestó el informe que ocasionó la crisis bursátil, qué información manejaban sus autores antes de difundirlo y si el fondo bajista actuó con malicia real, el estándar exigido por la legislación estadounidense para que prospere una demanda por difamación, Grifols solicitó una amplia batería de información relacionada con comunicaciones con periodistas y organismos gubernamentales, registros de operaciones financieras, así como los documentos que los demandados dijeron haber entregado a los reguladores estadounidense y español, que abrieron sendas investigaciones.
La farmacéutica llevó a los tribunales a Gotham por la difusión de un informe el 9 de enero de 2024 en el que aseguró que la compañía catalana había maquillado sus cuentas y donde afirmaba que su valor era “cercano a cero euros”. Sin embargo, el juez estadounidense consideró que solo la afirmación de que Grifols ocultó un préstamo de 95 millones de dólares a Scranton Enterprises (empresa vinculada a la familia Grifols) podría ser difamatoria, puesto que sí lo había revelado.