Ferrovial busca abrir antes de Navidad su terminal con tarifas libres en el JFK de Nueva York
El retraso en la puesta en marcha de la primera fase, inicialmente prevista para este mes de junio, tiene a 30 aerolíneas de todo el mundo a la espera


La Nueva Terminal 1 (NTO por sus siglas en inglés) del aeropuerto neoyorquino JFK, proyecto estrella en la rampa de lanzamiento de Ferrovial, afronta meses decisivos para iniciar sus operaciones el próximo otoño, previsiblemente a final de año. La concesionaria que lidera el grupo español ha perdido ya el verano por precisar un margen extra de tiempo frente a un primer plazo de apertura que estaba fijado en junio para la primera fase del proyecto. La nueva misión es no dejar pasar la próxima campaña de Navidad. En un entorno de fuerte incertidumbre para el sector aéreo, por la escalada del precio del queroseno derivada del conflicto en Oriente Próximo, hay una treintena de aerolíneas a la espera de la inauguración. La última en sumarse como cliente de la NTO fue Air Europa, el pasado 11 de mayo, con lo que se totalizan 21 acuerdos firmados y nueve cartas de intención.
Las obras en la terminal se acercan al 90% de grado de avance y la concesionaria tiene en marcha desde el primer trimestre las pruebas básicas de puesta en servicio, en las que se incluye el sistema de gestión de equipajes. La instalación alojará a compañías que en su mayor parte están alineadas en las alianzas Sky Team y Star Alliance. Entre ellas se encuentran Air France, KLM, Etihad, LOT Polish Airlines, Korean Air, EVA, Air Serbia, SAS, Neos, Philippine Airlines, Turkish, Air New Zealand, Royal Air Maroc, Air China, China Airlines, Gulf Air, Qatar Airways, Egyptair, China Eastern, Azores Airlines, Ethiopian, Viva, Saudia y la citada Air Europa.
La NTO, con 223.000 metros cuadrados de superficie, se está levantando sobre la actual T1, la demolida T2 y la antigua T3. Las compañías aéreas atendidas por Ferrovial tendrán como vecinas en otros emplazamientos del JFK a dos de las cuatro grandes estadounidenses: American Airlines (T8) y Delta (terminal 4). También a las compañías extranjeras de la alianza Oneworld, con British, Iberia o Quantas entre ellas, que estrenaron la terminal 8 en noviembre de 2022. Las locales United y Southwest, por su parte, tienen sus hub en Newark (New Jersey), a 24 kilómetros de Nueva York.
El equipo de inversores que acompañan a Ferrovial en la NTO son Carlyle (4% del vehículo por el que Ferrovial controla el 51% de NTO), JLC Infrastructure (30% de NTO) y Ullico (19% directo). La compañía que preside Rafael del Pino ha desplegado ya la mayor parte del esfuerzo financiero previsto: su compromiso para este proyecto es de 1.142 millones de dólares en capital propio (2.330 millones de dólares entre todos los socios), de los que 1.068 millones de dólares habían sido ya desembolsados al cierre de 2025. Entre los analistas que siguen a la compañía se aprecia este proyecto aeroportuario como un claro generador de valor para el grupo de infraestructuras. La decisión de Ferrovial para lanzarse en Nueva York no fue menor: puso fin a sus 17 años de estancia al frente de Londres-Heathrow para centrarse en la infraestructura estadounidense, con plazo de operación hasta 2060 y un sistema de ingresos basado en tarifas no reguladas.
El objetivo de los desarrolladores de la NTO es hacer saltar el tráfico de la terminal 1 desde unos ocho millones de viajeros al año hasta los 23 millones de usuarios en 2050. Según el plan de negocio, el tráfico debería alcanzar los 14 millones de pasajeros en el primer ejercicio completo de operación, aunque todavía con obras por completar hasta finales de 2029 o entrado 2030.
Más ingresos aeronáuticos
Un 84% de la facturación de la terminal se espera por las tasas que pagarán las aerolíneas a cambio de posiciones en alguna de las 23 puertas de embarque previstas (la T1 tiene diez en la actualidad), de las que 14 deberían abrir antes de final de año. El 16% restante del negocio llegará, según estimaciones internas, por el aprovechamiento comercial. La NTO reserva 28.000 metros cuadrados para tiendas, restaurantes, establecimientos financieros, etcétera, sobre un total de 240.000 metros cuadrados. La compañía Unibail Rodamco Westfield se ha dedicado tanto al diseño de esta parte comercial como a la selección de las concesionarias.

La apertura de la nueva terminal 1 se incluye en el programa de modernización del aeropuerto JFK, promovida por la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey (PANYNJ) con un valor total de 19.000 millones de dólares. El desafío es acompasar las mejoras con el funcionamiento del tráfico aéreo y pasar de una capacidad de 63 millones de viajeros a 75 millones en 2030.
El macroproyecto de la NTO tiene como principales cifras los 6.200 millones de dólares en gastos desde la obtención de la concesión hasta finalizar la fase de construcción, y los 4.200 millones de dólares que se prevé pagar a la Autoridad Portuaria durante el periodo concesional.
Ferrovial consolida su 49% indirecto en la JFK NTO LLC, concesionaria de la NTO (96% del paquete del 51% que controla junto a Carlyle) por el sistema de puesta en equivalencia. El activo concluyó su refinanciación en julio del año pasado con la emisión de bonos verdes por 1.400 millones de dólares. El vencimiento medio de esa emisión es a 28 años y el coste, del 5,4%. La financiación total de la fase inicial asciende a 6.000 millones de dólares y paga un interés del 5%.
El aeropuerto JFK, quinto por tráfico de Estados Unidos (tras Atlanta, Los Ángeles, Chicago y Dallas) y primero por flujo internacional, está dotado con cuatro pistas. En ellas se reparten las operaciones de un centenar de aerolíneas, atendiéndose a una población de 22 millones de habitantes en el entorno de la infraestructura. La cuota de mercado del JFK en Nueva York alcanza el 70%.
La NTO va a ser la terminal aeroportuaria más moderna de Estados Unidos y aspira a entrar en la lista de primera clase mundial. La operadora está aplicando la inteligencia artificial a los procesos de gestión del viaje de cada usuario, ha previsto la instalación de señalización en múltiples idiomas, o sistemas más ágiles de identificación de los viajeros en los puestos de aduana, donde la mayoría podrán ser atendidos en su lengua materna.