Daniel Traça (director general de Esade): “España tiene potencial para convertirse en un oasis de seguridad y estabilidad”
La escuela de negocios, colaboradora académica del Spain Investors Day, destaca el papel clave de la inmigración y defiende la necesidad de equilibrio político y social


Spain Investors Day podría verse como una prueba dentro de un chequeo a la economía española. Uno para comprobar cómo de sana la ven los inversores internacionales. Bajo ese supuesto, Esade –colaborador académico del foro– sería el cuerpo médico al frente de la revisión. Al otro lado de la videollamada, el director general de la escuela de negocios, Daniel Traça (Coimbra, 1967), entra al juego. Y en su papel de jefe del equipo sanitario, adelanta el diagnóstico final: España es una economía potente que ha demostrado resiliencia. Los números macro le dan la razón: es uno de los motores de la Unión Europea, su Bolsa bate récord de rentabilidad y cotización y el FMI ha elevado del 2,5% al 2,9% la previsión de crecimiento. ¿El reto? Saber apalancar todo su potencial en una transformación estructural.
Pregunta. ¿A qué se debe esta situación de fortaleza?
Respuesta. Al enorme crecimiento en turismo tras la covid, potenciado por una inmigración muy fuerte que ha elevado la capacidad de respuesta del sector a la demanda internacional. Todo ello ha creado mucha actividad económica y una enorme visibilidad internacional para las economías española y portuguesa.
P. Le da mucha importancia al papel de la inmigración.
R. Es el gran tema de la demografía y de la democracia; asegura la sostenibilidad del modelo. Si las democracias no son capaces de integrarla, sin tensiones políticas y sociales, no habrá democracia ni éxito económico.
P. ¿Más factores a tener en cuenta?
R. España sale reforzada de la inestabilidad internacional de Estados Unidos, Latinoamérica y aun de la propia Europa más occidental, conforme se acerca a Rusia. La geopolítica hace de la península Ibérica, con sistemas políticos bastante estables, uno de los sitios más seguros del mundo.
P. ¿Seguirá creciendo el interés internacional por España?
R. Sí, muchísimo. Pero el gran reto es conseguir apalancar todo este potencial de desarrollo a futuro en una transformación estructural. Que no solo sea el inversor internacional el que traiga las tecnologías, sino que las grandes empresas de España lideren estos movimientos.
P. ¿Y las energías renovables?
R. La inversión en renovables es clave. Sabemos que la inteligencia artificial va a necesitar mucha energía.
P. Es decir, que las empresas españolas recojan el guante.
R. Habrá una gran inversión europea en la industria del armamento, y el potencial de Indra de posicionarse allí es alto; también hay empresas españolas en tecnología de datos. Pero, de nuevo, nos hace falta convertir este potencial de escala en un potencial de innovación y tecnología punta. Se trata de atraer innovación y talento. Cada vez hay más investigadores globales buscando desarrollar su actividad.
P. ¿Cómo se hace esto?
R. Asegurando una estabilidad social y política, y con eso me refiero no a que no haya alternancia de partidos, sino a que las leyes no cambien a cada minuto. El país necesita estabilidad normativa, vía fiscal, para la atracción de talento y capital tecnológico. Un gran consenso para los próximos 10-15 años. Sé que no es fácil, pero sí fundamental. Cuanto más complejo se quede el mundo, más se buscarán los oasis de estabilidad económica y política. España tiene el potencial para convertirse en uno de estos oasis.
P. ¿Qué riesgos entraña que Europa pierda peso en el tablero mundial?
R. Cualquier capacidad de España de transformarse en ese oasis pasa por el mercado europeo. Será una pérdida brutal si la UE no es capaz de desplegar acuerdos como Mercosur, con Latinoamérica, para crear un mercado mayor.
P. Opina que un punto a favor de las empresas europeas es su compromiso con la sostenibilidad...
R. En 10 años, quienes no hayan hecho esta apuesta, como Estados Unidos, verán que llegan demasiado tarde. Los chinos ya van al 100% a por ello.
P. China ha acaparado el mercado mundial del vehículo eléctrico.
R. La pérdida de capacidad del mercado del automóvil en Europa es el mayor fracaso de la política de la UE de los últimos 30 o 40 años. Europa ha perdido la competición frente al pragmatismo asiático –el Estado apoya y las empresas hacen su trabajo–. Deberíamos reflexionar sobre qué ha pasado y cómo asegurarnos de no perder otra batalla en sectores importantes en materia de sostenibilidad, que exigen una nueva forma de trabajar entre los Estados y las empresas.
P. ¿En qué medida las turbulencias geopolíticas son un riesgo para el comercio exterior de España?
R. Se ha hecho un enorme ruido en torno los aranceles de Trump, pero está quedando claro que el impacto será mucho menor de lo esperado, y uno o dos años. Tarde o temprano, las empresas se adaptarán. Es un efecto de nivel, no de cambio del tipo de crecimiento.
P. ¿Por dónde vienen las amenazas?
R. El comercio internacional baja también por esferas de influencia, y pérdidas de capacidad, que pueden tener efectos: desde el punto de vista de la inversión, menos potencial, porque hay más incertidumbre; el cierre del mundo en bloques es un riesgo real, y puede pasar que una empresa española tenga que decidir si comercia con los chinos o con los americanos. Tampoco pienso que sea el fin del mundo; creceremos menos, pero es mucho más importante ser capaces de arreglar los problemas de sostenibilidad y desigualdad que una globalización a cualquier precio. En los noventa dijimos: “Vamos a tope con la globalización”, y nos hemos dado cuenta de que sus beneficios no compensan el riesgo climático y social creado.
P. ¿El principal peligro?
R. Los riesgos de la tecnología y la inteligencia artificial, cómo regularla a nivel global. En un entorno geopolítico de bloques, será algo parecido al problema de las armas nucleares en los años ochenta.
P. En clave doméstica, ¿cuál sería el impacto de problemas internos graves como el de la vivienda?
R. En realidad, es un problema sencillo de demanda y de oferta, donde lo que hay que hacer es construir más vivienda. Hay espacio y dinero para hacerlo. Pero llevará tiempo.
P. ¿Y el de la baja productividad?
R. El éxito económico de un país nunca viene de los Gobiernos. Quienes transforman la política económica en éxito para la vida de la gente son los empresarios, con su ambición de invertir, internacionalizarse, crecer y crear oportunidades para proveedores, empleados y consumidores.
P. ¿Qué papel juegan las organizaciones más pequeñas?
R. Serían la tercera palanca. Tienen que asumir esta misión y querer hacer cosas más grandes, salir y conquistar el mundo. Si no tienen esa voluntad de unirse para crear economías de escala será muy difícil llegar lejos.
P. ¿Qué hace falta para despertar esa ambición en las pymes?
R. Hay países asiáticos que hicieron este gran cambio en los años sesenta y setenta; Corea, Singapur…, también Irlanda. Su decisión impacta en la creación de empleo, y el país comienza a transformarse. Aunque es difícil entender el momento del clic, cuándo y por qué los empresarios medianos se dan cuenta de que quieren más.