_
_
_
_
Banca
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Bienvenidos al mundo del Banco Políticamente Correcto

Las entidades financieras deberían ser un santuario de neutralidad en un entorno de extrema sensibilidad

Greenwashing
Imagen de una protesta de activistas contra el 'greenwashing' en Fráncfort, en enero de 2022.picture alliance (dpa/picture alliance via Getty I)

En el mundo de lo políticamente correcto se podría asumir que los bancos deberían ser un santuario de neutralidad. Un bastión de imparcialidad donde los euros y los céntimos reinan de forma suprema por encima de otras consideraciones. Grave error. Bienvenidos al mundo del Banco Políticamente Correcto, donde incluso la calderilla tiene que pasar un curso de sensibilidad y “la manipulación del lenguaje se convierte en un arma para el control de la mente y el abuso de poder”, como dijo George Orwell en 1984.

Después de haber disfrutado de pérdidas en la compra de productos tales como bonos convertibles, acciones preferentes, suelos hipotecarios, salidas a bolsa y capital privado decidí, armado con una paciencia que ya le hubiese gustado al Santo Job y un optimismo digno de Groucho Marx, acercarme a mi sucursal para cobrar los dividendos de mi última adquisición, el Fondo Apalancado Reforzado con Crédito Estructurado de Alta Calidad, con la esperanza de retirar unos ahorros que me permitieran, por primera vez en mucho tiempo, dada la inflación, tomarme un café en Starbucks.

Según me aproximaba a la ventanilla me puso en alerta el cartel de la pared indicándome que el banco valoraba la inclusividad y la diversidad en todas las transacciones financieras y que evitase utilizar el lenguaje de género. Ansioso por no cometer un error ni caer en ninguna microagresión me acerqué al mostrador sin saber bien cómo referirme a mi cuenta corriente. Para cuando llegó mi turno el cajero me informó que mi fondo había sufrido cuantiosas pérdidas. Alarmado, le indiqué que eso no era posible ya que se me había vendido indicándome que tenía muy buena reputación. Pero el cajero me corrigió haciéndome ver que lo que el fondo tenía era buen nombre, no buena reputación. Hubiese sido mucho más difícil que lo hubiésemos vendido de haberlo llamado Fondo Desapalancado con Crédito Desestructurado Débil de Baja Calidad, concluyó.

Pero la diversión no había hecho nada más que empezar ya que el gobierno acababa de reducir el importe para pago en efectivo de cualquier transacción de 1.000 euros a cero para luchar contra el blanqueo y narcotráfico y reforzar la seguridad nacional. No me extraña. Un 90% de los billetes en circulación contiene restos de cocaína (*). Y aquí empezó mi odisea ya que no sólo se trata de las palabras que se deben utilizar o no sino de las causas que uno apoya o deja de apoyar. Cada transacción se analiza cuidadosamente por la Policía del Pensamiento para asegurarse de que el dinero no está apoyando ninguna causa considerada como ofensiva o problemática por Gran Hermano.

Resulta que el dueño del bar de la esquina donde me tomé un café antes de acudir al banco escribió algo en Twitter que alguien consideró ofensivo y compró el grano de café a un proveedor distinto del aprobado oficialmente, así que de ahora en adelante ya no puedo pagar en ese tipo de establecimientos reaccionarios. Mi tarjeta había sido bloqueada. Todo sea por el bien común.

Sintiéndome un poco mareado por la falta de café decidí acudir a tomarme un bocadillo a otro bar cercano sólo para comprobar que tampoco podía pagar en él ya que, quien lo iba a decir, compran el tomate a una granja en la que hay falta de representación diversa y el banco decidió que mi tarjeta no podía apoyar ese tipo de prácticas. Qué sabía yo. Sólo quería comer algo. Pensé en coger el coche para ir a otro sitio pero ya me avisaron que tampoco podría pagar en la gasolinera ya que ese tipo de combustibles no están aprobados por el Hermano Que Todo Lo Ve.

Pero lo políticamente correcto no sólo se refiere al escrutinio pormenorizado de las transacciones mundanas sino que está firmemente comprometido con las ideas que se discuten. Así, el banco prohibió todo tipo de discusiones acerca de las pérdidas y ganancias de la entidad focalizándose en temas más relevantes como el cambio climático y la responsabilidad social corporativa (ESG por sus siglas en inglés), al igual que ya hace el BCE (*). Cuando quise apuntar que muchas empresas lo único que hacen es postureo y darse una capa de pintura verde (greenwashing) para poder ser consideradas adecuadas para los fondos “sostenibles” que invierten en ESG (Es Sólo Greenwashing) me miraron como si fuese un hereje poseído por un espíritu demoníaco.

En ese momento se me hizo firmar un documento para ofrecerme productos eco-sostenibles (*). Como inversión alternativa se me ofreció comprar los resultados de la entidad, denominados Doble EBITDA Sorpresivo Antes de Sustanciales y Tremendos Resultados Extraordinarios (coloquialmente denominados D.E.S.A.S.T.R.E.). Atónito, indiqué mi ignorancia acerca de a qué se referían con eso y pedí si era posible comprar algo más anticuado centrado en el libre mercado y en la obtención de beneficios. Agradezco que llamasen a un exorcista para quitarme esas ideas del cuerpo y hacerme ver lo equivocado de mi camino. Errar es de humanos, perdonar es divino, rectificar es de sabios.

En su lugar me dieron un billete y me dijeron que hiciese lo que el ECB, que lo fuese cortando en dos y cortando en dos (a través de la inflación) y que vería que con sólo hacerlo 50 veces tendría una montaña de papel suficientemente grande como para cubrir la distancia de la Tierra al Sol (*). Cuando les mencioné lo que Ludwig Von Mises había dicho en Las Consecuencias Económicas del Dinero Fácil; “los defensores del dinero fácil se enorgullecen en llamarse a sí mismos heterodoxos y calumnian a sus opositores llamándoles anticuados y reaccionarios” me comentaron que la Policía del Pensamiento ya hacía tiempo que había prohibido las ideas de Mises por ser un peligroso agitador con sus revolucionarias ideas acerca de la libertad personal y el libre mercado.

Finalmente se me ofreció la opción de comprar en Bolsa, ya que el mercado es un toro (representación del mercado alcista) fuerte y vigoroso. En mi inocencia indiqué que a mí se me asemeja más a un Bonasus, criatura mitológica también con forma de toro con cuernos hacia atrás (inútiles para atacar), fácilmente asustadizo que huye despavorido de sus enemigos expulsando estiércol ardiente que lo quema todo a su paso.

Este artículo está parcialmente inspirado en ‘A Modest Proposal’ publicado por Jonathan Swift en 1729.

Los datos marcados con (*) son información real.

Sigue toda la información de Cinco Días en Facebook, X y Linkedin, o en nuestra newsletter Agenda de Cinco Días

Newsletters

Inscríbete para recibir la información económica exclusiva y las noticias financieras más relevantes para ti
¡Apúntate!

Para seguir leyendo este artículo de Cinco Días necesitas una suscripción Premium de EL PAÍS

_
Tu comentario se publicará con nombre y apellido
Normas
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

_
_