Las baterías eléctricas marcarán la diferencia

La expansión de las multinacionales chinas de la automoción puede ser el mayor desafío a las ventajas competitivas de las grandes marcas europeas

Asia está marcando el ritmo de la geopolítica para las próximas décadas. Si en la industria de los chips son la élite tecnológica asiática y las potencias occidentales las que acaparan la tecnología más avanzada, el mercado de los coches eléctricos queda bajo el dominio de China, diseño y fabricación de baterías eléctricas incluidos. El cambio de ciclo geopolítico va tomando forma y la evolución de los coches eléctricos impactará en los cuatro principales polos de producción mundiales, China, Asia, Europa y Estados Unidos.

Y es que estamos a las puertas de un cambio de paradigma, en el que las ventajas competitivas ya no son exclusividad de las grandes potencias. Se anticipa el fin del esquema del business as usual, mientras China impulsa un nuevo entorno competitivo, liderando la tecnología de baterías eléctricas, a la vez que genera nuevas ventajas competitivas que trascienden el ámbito de la industria para dominar la geopolítica de la tecnología.

El dominio de China de dos tercios de la producción mundial de baterías eléctricas deja poco margen a la competencia, Corea del Sur apenas representa un séptimo del mercado. Además, las empresas chinas CATL y BYD lideran la tecnología de las baterías, y esta última además es la startup china de automoción que rivaliza con Tesla en la fabricación de coches eléctricos. La novedad no es que esta nueva generación de global champions se internacionalicen por el Sudeste Asiático y Europa, sino que llevan consigo la expansión de estándares chinos en movilidad sostenible, generando una novedosa ventaja competitiva, el Designed in China.

El dominio de las baterías apenas es una parte del tablero geopolítico. China además lidera la producción de tierras raras, una ventaja competitiva diferencial, y cualquier fluctuación en los precios de estos elementos estratégicos, como en el suministro de baterías, podría desestabilizar el mercado impactando severamente sobre el abastecimiento de dispositivos electrónicos y tensionando las cadenas de suministro globales. De hecho, los minerales estratégicos y las tierras raras se han convertido en un factor geopolítico de riesgo que tendrá mayor impacto sobre la cadena de suministro que la propia reorganización del modelo, precisamente por el dominio que tiene China de estos elementos. Y esto aplica tanto al sector de los coches eléctricos como a la industria de los semiconductores.

Del lado asiático, Corea del Sur y Japón son parte esencial en las cadenas de valor tecnológico como generadores de tecnología avanzada en coches eléctricos, además de fuente de talento digital. De ahí, que Estados Unidos haya definido su estrategia para contrarrestar el auge de China ampliando su asociación con sus socios asiáticos, que ya incluye la fabricación de chips y la defensa y seguridad, entre otras, a la tecnología de coches eléctricos para atraer nuevo talento tecnológico y capacidades de vanguardia.

Sin embargo, el nuevo escenario que plantea Estados Unidos está generando una disrupción añadida al desafío que supone la competencia con las startups chinas de automoción. El fomento de una mayor producción local que penaliza a los fabricantes que no produzcan y se abastezcan en Norteamérica plantea una situación de gran impacto para los intereses de Corea del Sur y Japón, los principales socios de Estados Unidos en la construcción de nuevas plantas en suelo estadounidense. Hasta que las plantas estén operativas en un par de años, estas medidas de la Administración Biden podrían reducir sus ventas y, por tanto, su participación en el mercado global de coches eléctricos, justo en su momento de mayor expansión.

Sin embargo, en esta geopolítica en transición, que tiene el desafío de acomodar el ascenso de China en múltiples escenarios, va a ser el entorno de la movilidad sostenible donde el auge del gigante asiático impacte de forma importante sobre intereses europeos. Mientras Europa negocia con Estados Unidos que se le aplique la misma consideración que México y Canadá como socios, y evitar así llegar a una guerra comercial, la expansión de las global champions chinas de la automoción puede ser el mayor desafío a las ventajas competitivas que han situado a las marcas europeas en la élite de la industria automotriz.

En este cambio de ciclo, las startups chinas han seleccionado Europa como principal objetivo estratégico en su expansión internacional, invirtiendo en suelo europeo mientras compiten con los grandes de la industria en su propio mercado. Por su parte, las marcas europeas siguen priorizando la producción de coches eléctricos en China, mientras en Europa mantienen el coste de los coches de combustión hasta 2035.

Se trata, por tanto, de visiones estratégicas distintas que irán transformando la reorganización de las cadenas de suministro en los próximos años y sobre las que depende que Europa alcance la ansiada autosuficiencia. Mientras tanto, el anuncio de TSMC, el gigante taiwanés de los chips, de construir una fábrica en suelo europeo sienta las bases para incentivar la autosuficiencia tecnológica. El siguiente paso será afianzar la ventaja competitiva automotriz incorporando

Águeda Parra Pérez es Analista del entorno geopolítico y tecnológico de China. Fundadora y editora de #ChinaGeoTech, autora de ‘China, las rutas de poder’ y colaboradora de Agenda Pública