Ayudas para el eslabón más frágil de la industria electrointensiva

La aprobación por parte del Gobierno de la última remesa de ayudas a la industria electrointensiva, una de las medidas con las que el Ejecutivo despidió el año, ha levantado ampollas en algunos pequeños sectores, que se quejan de no haber sido incluidos y de tener que afrontar sin apoyo las dificultades de la crisis energética y del alza de las materias primas. Es el caso del colectivo de las panaderías artesanas, integrado por más de 12.000 microempresas y pymes y que da empleo a 190.000 personas en España. Desde el sector se calcula que este año han cerrado sus puertas unos 600 establecimientos y que entre un 15% y un 20% más puede hacerlo en 2023, estrangulados por el aumento del precio medio de las harinas hasta en un 120%y por un rally de la energía que ha triplicado el coste de mantener encendidos los hornos. También la industria textil, en concreto el subsector de acabados, está molesta por haber sido excluida de las ayudas, más aún porque no lo fueron en las adoptadas anteriormente. Como en el caso de las panaderías, se trata de un sector integrado por pequeñas empresas, cuyo consumo energético equivale a entre el 30% y el 40 % del coste ponderado final del servicio que desempeñan. La logística del frío es otra de las afectadas; reclama el apoyo del Gobierno con los argumentos de 6.000 millones de facturación, 20.000 empleos y unos costes de energía que llegan al 50%.

Pese a la diversidad de perfiles de las empresas que se han quedado fuer, todas comparten un tamaño similar, pymes o micropymes, el peso inasumible de unos costes de producción que han crecido de forma exponencial y la imbatible competencia –en el caso de las pequeñas panaderías– de grandes sectores como el de la distribución, que operan con productos cuyo coste de fabricación es incomparablemente más bajo. Si se tiene en cuenta que la inmensa mayoría del tejido empresarial español está integrado por pequeños negocios y que en conjunto estos dan empleo a más de 9,2 millones de trabajadores se vislumbra la importancia de justificar la exclusión de estos sectores de las ayudas para afrontar la crisis energética.

Mientras Europa trata de resolver la compleja ecuación de su dependencia energética en el marco de tensiones geopolíticas crecientes, los Gobiernos de la zona euro deberían poner el foco en las necesidades no solo de la gran industria electrointensiva, sino de los miles de pequeños negocios que integran el rico tejido industrial europeo y constituyen su principal fuente de empleo.