La inesperada batalla de las máquinas de fabricar chips

EEUU busca no solo dominar la fabricación de semiconductores, sino las herramientas. Europa debe desarrollar ambas si quiere luchar por su soberanía

Los semiconductores marcaron de modo silencioso la geopolítica desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial. En su obra magna sobre la historia de los chips, Chip War, Chris Miller descubre para muchos cómo Estados Unidos ganó la Guerra Fría. Los semiconductores permitieron a la industria de defensa americana producir menos armas más efectivas, mientras que la Unión Soviética solo podía intentar una superación numérica que terminó por arruinar su economía. El pasado siglo, EEUU consiguió que la URSS no tuviera la posibilidad de hacer uso de los semiconductores más avanzados de entonces; la actual política comercial de la Administración Biden busca cerrar el acceso a China a disponer de los chips más sofisticados de hoy. La meta va más allá de no exportar estos chips a China, también se anhela impedir que sus fábricas de semiconductores dispongan de las herramientas adecuadas para producirlos.

La obsesión de los Estados por disponer de fábricas de chips ha mantenido hasta ahora fuera de foco la batalla alrededor de las máquinas que las producen. No se trata de un solo tipo de herramienta, se trata de un conjunto, cada una con una función específica y un operador dominante. Así, empresas americanas son las prevalentes en la aplicación de películas químicas sobre las obleas (Applied Materials), el cortado de obleas grabadas en chips (Lam Research) o la metrología para verificar la calidad (KLA), y es de origen europeo la dominante en el grabado de los chips en las obleas (ASML). Pero todas ellas tienen en común estar construidas, mayoritariamente a partir de patentes o productos norteamericanos y tener limitada la exportación a China. Incluso las producidas por ASML: entre los 457.329 elementos que las componen se encuentran los que implementan tecnología de grabado (Extreme Ultra Violet o EUV) ideada por Intel.

El bloqueo ha dejado a las empresas fabricantes de chips chinas (Hua Hong Semiconductor, SMIC o YMTC) de la noche a la mañana sin herramientas, y sin el personal que las utiliza que las acompaña. Pero las consecuencias alcanzan también a los productores de las máquinas, que han rebajado sus expectativas de ingresos para 2023. Con el final de las ventas a China, tanto Applied Materials como Lam Research estiman una disminución en torno a los 2.500 millones de dólares, mientras KLA sitúa la rebaja en 900 millones. ASML estima que no podrá vender un 5% de su cartera de pedidos.

La interrupción del flujo comercial hacia China de las principales máquinas de manufactura de chips consolida su retraso en producir los más avanzados, estimado entre tres y cinco años. La nación asiática aspira a cerrar la brecha reforzando su ecosistema propio, impulsado por Huawei durante años de bloqueo que le ha obligado a producir los chips para sus productos en el mercado interior. Los ingresos combinados de los cinco principales fabricantes chinos de equipamiento de producción de chips (Naura, AMEC, ACM Research, Hwating y Piotech) aumentaron un 121% entre 2019 y 2021, superando ya los 2.230 millones de dólares. El propio Huawei trabaja en producir máquinas de litografía basadas en su propia tecnología EUV, pilar central para alcanzar los chips por debajo de los 7 nanómetros.

En los países con un fuerte sector de tecnología autóctona surgen operadores alternativos en el mercado de las máquinas de chips. Es el caso de la empresa surcoreana NextIn Solutions, fabricante de herramientas de metrología, que alcanzó durante el tercer trimestre de 2022 ingresos de 31,68 millones de dólares y un beneficio operativo de 17,53 millones, aumentandolos, respectivamente, un 180% y 230% frente al año anterior. La posición de fuerza de Corea del Sur para desarrollar este sector quizás explica su reticencia a entrar de modo activo en la alianza Chip4.

La criticidad demostrada de las máquinas de fabricación de chips debería hacer reflexionar a la Unión Europea. La inutilidad de los centros de producción de chips chinos sin las máquinas adecuadas cuestionan que la única meta europea haya de ser la creación de grandes fábricas de chips. La recuperación de la soberanía estratégica de la UE en el sector solamente puede alcanzarse consolidando un rango de fabricantes europeos de maquinaria que cubra todas las fases del proceso de producción, haciendo uso, a ser posible, de tecnología europea. Además de reforzar las posiciones de la industria holandesa en este ámbito (ASML, ASMI) y resistirse a someterla sin condiciones a la estrategia norteamericana, es necesario una apuesta por las startup del sector, como el caso de la española Wooptix.

La inesperada batalla desatada en el ámbito de las máquinas de chips obliga a los bloques a desviar la dedicación de recursos a este frente dentro de la guerra de semiconductores y reconfigurar sus estrategias. Todo parece indicar que la batalla actuará de acelerador del desarrollo del sector en China, podrá dar lugar a un cuestionamiento de las alianzas con Estados Unidos (Corea) y levantará resistencias al subyugamiento total a su política comercial (Europa). La reconfiguración del mercado global de semiconductores sigue en marcha.

Emilio García García es Exdirector de Gabinete de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales.