Fusiones que no desactiven la mano invisible del mercado

Las grandes operaciones no suelen traducirse en alzas de salarios o precios bajos, sino en elevar el beneficio por acción

De todos es sabido que la competencia escenifica una situación donde las empresas rivalizan en un mercado ofreciendo o demandando un mismo producto o servicio. Ponerla en práctica es sin duda una de las condiciones necesarias para el crecimiento económico de un país. Si esta competencia desaparece sus efectos son pocos, pero agudos: aumento de los precios de los productos, la menor necesidad de realizar inversiones futuras, más barreras de entrada para las empresas emergentes y peores condiciones salariales. Todo ello en su conjunto provoca como efecto colateral un menor dinamismo de la economía de un país y un aumento de la desigualdad salarial.

Cuando esto sucede hablamos de la existencia de mercados monopolísticos y estructuras de mercado que se definen como oligopolios. Menos conocido, pero igual de nocivo, son los monopsonios o también denominados monopolios del comprador. Se trata de un mercado en el que existe un dominio de un único comprador de bienes o servicios, en lugar de numerosos.

Estos tres escenarios, monopolio, oligopolio y monopsonio no tienen por qué generar un dominio global en un país, si no que surgen también de forma velada en zonas geográficas más pequeñas, ejerciendo un dominio en una población, ciudad o provincia.

Hace unos días apareció la noticia sobre la empresa norteamericana de supermercados Kroger que planteaba adquirir a su rival Alberston, pagando un precio de 24.000 millones de dólares (incluida una deuda neta de aproximadamente 4.700 millones de dólares). Actualmente, las dos empresas emplean a más de 700.000 personas que prestan servicio en un total de 4.996 tiendas, 66 centros de distribución, 52 plantas de fabricación y 3.972 farmacias. La entidad combinada ahora operará en 48 estados y en el distrito de Columbia. En este momento en EEUU, el 60% de la venta de comestibles está controlado por 5 o 6 empresas y Kroger y Alberston son dos de ellas. En opinión del consejo de administración, los beneficios de la fusión podrán trasladarse a los clientes minoristas con la rebaja de los precios de venta.

Si miramos al pasado, las dos compañías han sido muy activas en operaciones de adquisición de empresas, asegurando las bondades que producen estas operaciones corporativas. Ahora sería un buen momento para analizarlas y ver su grado de efectividad. En este contexto, pocas veces hemos visto que estas sinergias se destinen a pagar mejores salarios, a acrecentar las inversiones para afianzar el crecimiento orgánico y aún menos a reducir el precio de los productos. Sirvieron para mejorar el beneficio por acción del accionista y quizás para recomprar acciones propias con la misma finalidad.

Así mismo habrá que ver en el futuro el más que seguro deterioro de los márgenes de explotación de ganaderos, agricultores y fabricantes de productos de alimentación cuando constaten que su poder de negociación se va reducido paulatinamente a medida que aumenta la concentración de las grandes corporaciones.

Hace aproximadamente un año, CB Insigths presentaba un informe de las adquisiciones realizadas por los gigantes tecnológicos de Famga (Facebook, Amazon, Microsoft, Google y Apple) en los últimos 30 años, concretamente hasta febrero de 2021. De forma colectiva habían adquirido más de 800 sociedades diferentes, de las cuales 32 habían sido valoradas por más de 1.000 millones de dólares. Ahora, si nos centramos en el conjunto del sector tecnológico, exceptuando a los gigantes del Famga, en general, los datos son muy significativos: estas han invertido más de 264.000 millones de dólares en la compra de rivales potenciales, según FT–Refinitiv. Se trata de una ola de adquisiciones, muchas de las cuales pasaron desapercibidas por la Federal Trade Commisión (FTC), una agencia independiente del gobierno de EEUU cuyo objetivo es preservar los derechos de los consumidores y la eliminación y prevención de prácticas que atentan contra la libre competencia.

Es evidente que estas agencias antimonopolio, como es el caso de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia en España (CNMC) o la Competition & Markets Authority (CMA) en el Reino Unido promueven y defienden el buen funcionamiento de los mercados en interés de los consumidores y empresas. Entre sus labores está la de definir lo que es una situación monopolística y la cuota de mercado que esto supone. Esto permite imposibilitar que las fusiones y adquisiciones alteren esta situación monopolística protegiendo al consumidor ante una posible subida futura de precios.

Sin embargo, estas agencias reguladoras ¿evalúan si la concentración favorece la aparición de grandes corporaciones que desestimulan la innovación y construyen barreras de entrada a nuevos competidores?

Es muy factible que el impacto de la inflación y el deterioro de la economía en general provoquen nuevas rondas de fusiones y adquisiciones, tanto en Estados Unidos como en Europa. Pueden comprender que, como profesor de finanzas corporativas, no me opongo a las fusiones y adquisiciones. Al contrario. El hecho de que las empresas ganen tamaño no deja de ser una bendición para ellas. Eso sí, me opongo a cualquier concentración empresarial que implique la desaparición de aquella mano invisible que equilibra el mercado y los precios por la propia decisión de los individuos.

Rafael Sambola Puig es Economista y profesor de Eada Business School