Protestas y caída del PP en 2003 que Ayuso debería estudiar

La movilización contra la gestión de la sanidad en Madrid recuerda al clima que se creó con el Prestige, la invasión de Irak, el trasvase del Ebro o el Yak 42

La masiva manifestación que se vivió el domingo pasado en Madrid contra la gestión de Isabel Díaz Ayuso de la sanidad madrileña, puede ser un espejismo o el inicio de un cambio de tendencia para la inesperada líder del PP. Esta movilización cobra especial relevancia, cuando apenas quedan seis meses para las elecciones municipales y autonómicas.

Manuel Jiménez, Antonia María Ruiz y Luis Navarro, profesores de sociología de la Universidad Pablo de Olavide, publicaron en 2019 el estudio Protesta y cambio electoral en España 2003-2013. Su conclusión es clara: “La protesta y el voto están conectados, al menos en tiempos de mayor movilización social, cuando las demandas contra la actuación de los Gobiernos se generalizan y las consecuencias electorales adquieren relevancia nacional, convirtiéndose en movilizaciones electoralmente significativas o transformadoras”.

En opinión de los investigadores, la traslación de la reivindicación “se expresaría en una especie de voto de castigo entre los votantes de los partidos en el poder” y en la “movilización electoral del abstencionismo, con una tendencia a votar a los partidos alternativos a los dominantes”. En cambio, aseguran que los resultados de su estudio no son determinantes entre los que ya votaban a los partidos de la oposición. Por tanto, estas conclusiones apuntarían a que las movilizaciones de Madrid mermarían el voto al PP y podrían favorecer que la abstención vaya a Más Madrid, ya el PSOE sería de los que denominan dominantes.

La situación económica general, con una fuerte subida de los precios de la energía que ha contaminado a todos los productos y servicios, invitaba a pensar que el Gobierno de Pedro Sánchez sufriría movilizaciones. Hasta ahora, ha sorteado todos los conflictos gracias al presupuesto, ha demostrado cintura ideológica y ha contado con los dos grandes sindicatos (CC.OO. y UGT) a su lado. El mayor riesgo lo tuvo en marzo con la huelga del transporte reclamando ayudas para soportar el precio del combustible, pero como los problemas de inflación son globales, la UE enseguida abrió la mano del déficit con todos los países con el fin de evitar males mayores entre las familias y empresas más vulnerables.

En aquellos días de marzo, el sector agrario convocó una manifestación en Madrid que llevó a más de 150.000 personas, muchas de ellas movilizadas por las federaciones de caza, abiertamente en contra del proyecto de Ley de Bienestar Animal promovida por el Ministerio de Asuntos Sociales de Ione Belarra. El PSOE, que vio como esta ley le quitaba apoyo en las elecciones andaluzas de junio pasado, afeitó el proyecto de ley hasta evitar la pretensión de Podemos de convertir a los perros de caza y a los ganaderos en una suerte de Snoopies. Organizaciones agrarias como Asaja han estado siempre próximas al PP, al igual que es histórica la colaboración entre los dos grandes sindicatos y los partidos de izquierda, pero hasta este Gobierno jamás había habido un mimetismo tan fuerte entre el Ministerio de Trabajo (Yolanda Díaz) y los sindicatos, y mira que ha habido ministros de Trabajo procedentes de UGT. Gobierno y sindicatos hacen tándem frente a la patronal CEOE.

Esta evidente panoplia de situaciones de acción y reacción del Gobierno central no ha servido para nada a Isabel Díaz Ayuso, cuya estrategia parece dirigida exclusivamente a atraer a los 333.000 votantes que tuvo Vox en la Comunidad de Madrid, abandonando el centro. De ahí las salidas de tono acusando a Pedro Sánchez de querer encarcelar a la oposición, o pretender proteger el Valle de los Caídos.

Díaz Ayuso se encierra en que la movilización contra su gestión sanitaria es cosa de rojos. Es más cómodo que abrir el debate real sobre cuál es su modelo de sanidad pública. Nada es casualidad; menos aún que todo suceda cuando la economía madrileña está en manos de Javier Fernández-Lasquetty. Él fue el consejero de Sanidad del gobierno de Ignacio González que tuvo que dimitir en 2014 cuando los tribunales paralizaron la externalización de la sanidad madrileña.

Díaz Ayuso debería repasar los periódicos de hace 20 años. Verá que la crisis del Prestige movilizó a cientos de miles de personas en Galicia y Madrid; que la invasión de Irak, en la que José María Aznar alineó a España con Estados Unidos y Reino Unido, sacó a más un millón de personas en Madrid, otros tantos en Barcelona y medio millón en Valencia; o que el trasvase de agua del Ebro a Levante llenó las calles de Valencia a favor y las de Zaragoza en contra.

Todo aquello fue determinante para que el PP, que entonces gobernaba España con mayoría absoluta, perdiera el 25 de mayo de 2003 las elecciones municipales, donde venía ganando al PSOE desde 1993, y lo que era mucho más simbólico: el gobierno de la Comunidad de Madrid. Esperanza Aguirre sacó 55 diputados, uno menos que la suma del PSOE e IU. Sin embargo, Rafael Simancas no alcanzó la presidencia debido a que dos diputados del PSOE (Eduardo Tamayo y Mª Teresa Sáez) se abstuvieron en su investidura. El tamayazo, uno de los episodios más sórdidos de la democracia española, que sigue sin esclarecerse, provocó que se repitieran las elecciones y Aguirre volvió a sacar mayoría absoluta. Luego vino la tragedia del Yak-42, con 62 militares muertos en una nave chatarra de Ucrania, y el 11-M y perdieron hasta las generales de manera insospechada.

Ayuso venía con el viento de cola y con Vox atrapado en su incapacidad. Todo listo para lograr mayoría absoluta en seis meses sin despeinarse. Sin embargo, el liberalismo a ultranza de su equipo, con personas muy ideologizadas, como Lasquetty (patrono de FAES), le ha arrastrado a políticas absurdas en tiempos de crisis y tras una pandemia, como reducir impuestos y avanzar en la externalización de la sanidad.

Es lo mismo que propugnó Liz Truss en Reino Unido, lo que provocó el desplome de la libra y los mercados y la hizo dimitir. Ayer, su sucesor, el también liberal Rishi Sunak, aprobó el contraprograma económico, con subida de impuestos a las empresas energéticas, a los tramos altos de renta, actualización de las pensiones con la inflación y protección de los servicios públicos. Todo con fuerte aroma a Sánchez. Ayuso está a tiempo de dar un paso atrás y no dejarse atrapar por su personaje.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información y profesor de la Universidad Complutense