La imparable moda de los vinos caros y escasos

Las bodegas aprovechan para lanzar ediciones a precios elevados

Buecan atraer a clientes coleccionistas y hedonistas

La imparable moda de los vinos caros y escasos
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Hay dos factores que explican que un vino tenga un precio de lujo, esto puede ser por encima de los 1.000 euros, que solo lo explica la exclusividad de la botella y el conocimiento que se tiene de lo que uno está abriendo. La reflexión es de la consultora Montse Alonso, directora de Mahala Wine&, quien cita como ejemplo de máxima exclusividad a Romanée-Conti, cuya bodega se encuentra en el municipio francés de Vosne, que es, probablemente el vino de mayor reconocimiento y quizá el más caro también. En el caso español, considera otro vino de culto, como es La Faraona DO Bierzo (León), que se vende a más de 1.000 euros la botella de un vino convertido en un icono.

Son vinos de culto, que además se van revalorizando. Son una inversión, advierte Omar Bravo, responsable nacional de vinos en la distribuidora Varma, un grupo que acaba de presentar en sociedad un vino, Oydor 2018, de la bodega Conde de San Cristóbal (Burgos), con una producción limitada de 900 botellas, que se lanzarán en los años de cosecha excelente, a un precio de 300 euros.

Hay mercado para este tipo de vinos, y cuánto más exclusivos mucho mejor. “Y si estos reciben una buena calificación el precio se dispara. Nos pasó con Bollinger Vieilles Vignes 2008, que al minuto de recibir los cien puntos de Parker el precio pasó de los 900 a los 2.500 euros. Se convirtió en un unicornio, y los unicornios siempre se venden”, explica Bravo, que recuerda otra pieza especial de la maison francesa, cuyo vino está ligado desde hace medio siglo a James Bond. “Recientemente, ofrecimos a Mantequerías Bravo una botella de tamaño magnum de Bollinger de 2007, de la edición 007, y nada más llegar la directora de la tienda, Elena Bravo, ya la tenía vendida por 5.800 euros”. La explicación, según este experto, a este fenómeno por los vinos exclusivos y de precio elevado, tiene una mezcla de hedonismo y de ego. “Hay gente a la que le gusta saber que hay una única botella en el mercado y esa botella es suya”. También hay, además del consumidor hedonista que busca epatar, un perfil de coleccionista, que especula y vende, y luego otro grupo que, a raíz de la pandemia, quiere disfrutar, y prefiere no guardar el vino durante 10 o 15 años y beberlo antes.

Es un mercado en alza, señala Jordi Monroig, director de marketing de Primeras Marcas, distribuidora que cuenta en su catálogo con marcas como Louis Roederer, Petrus, Chapoutier o R. López de Heredia Viña Tondonia. “Estamos hablando del mercado de la escasez, en el que es decisivo gestionar cómo lo vendes y a quien lo vendes. Hay que ser selectivo. Un vino de 4.000 euros no lo vendes, te lo compran. En cambio, uno de 10 euros hay que venderlo”, explica Monroig.

Precisamente, para cubrir este nicho, Primeras Marcas lanzó recientemente Insolity, una iniciativa dirigida a los amantes del vino, también de los destilados, y coleccionistas que deseen crear su propia bodega y almacenar joyas de añadas históricas que se pueden revalorizar con el tiempo. Los vinos que ofrecen en esta iniciativa pionera en España, con guarda y custodia incluida, pertenecen al 1% de los mejores terroirs del mundo: Petrus, Louis Roederer, Domaines OTT, Château Lafite-Rothschild, Château Cheval Blanc, Château d’Yquem, Louis Latour, Château Margaux, Gaja o Sassicaia. Además, ofrece a sus miembros el acceso exclusivo a la venta en primeurs, una oportunidad para comprar vinos reputados y de producción limitada antes de su embotellado, a un precio inferior al que tendrán cuando salgan al mercado, con una revalorización, calculan de entre un 4% y un 8% de media cada año.

La industria del vino de alta gama es de las que mantiene un fuerte crecimiento año tras año. En 2021, según el índice de inversiones de lujo de la consultora inmobiliaria Knight Frank, el citado mercado tuvo un buen desempeño, con un aumento promedio de alrededor del 1% mensual. En la categoría del champán, la revalorización llegó al 31%, los vinos de Borgoña subieron un 25%, y los de Burdeos, un 10%. Son los clientes asiáticos, por ejemplo, los que le dan gran importancia a las etiquetas de Borgoña, mientras que los británicos y estadounidenses prefieren el champán.

"En el restaurante 1890 de Gordon Ramsay, en el hotel Savoy de Londres, los clientes llegan a pagar 22.000 libras por una copa de un gran vino”, asegura el portugués Claúdio Martins, fundador de Martins Wine Adviser, que apuesta por los vinos caros y diferentes, con un proyecto que comenzó en 2021 en el Alentejo, con Júpiter, un vino de edición limitada de 800 botellas a un precio de 1.000 euros, que se agotó nada más sacarlo a la venta. Ahora lanza otro, Uranus, elaborado en el Priorat, sale al mercado a un precio de 1.700 euros la botella, del que solo habrá 500 botellas elaboradas por Dominik Huber, de Terroir al Limit. “Estos vinos van dirigidos a gente muy exigente, a la que no puedes fallar, de la que no paga dinero porque sí, ya que tiene un gran conocimiento del mercado”, afirma Martins, que ha detectado una nueva comunidad de clientes “enfocados a invertir en vino, que lo entienden como una inversión”.

Dentro de este furor, apunta Alonso, también hay bodegas que utilizan el precio para posicionarse y así poder ser noticia y poder vender mejor su marca de más volumen. “Es un hecho que se ha utilizado siempre y que la bodega tiene que justificar con una historia que contar acorde. Siempre hay nuevos consumidores que ven al vino como un producto para situarse y juegan con él buscando poder y estatus en sus vidas”, añade la citada consultora.

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