Subida de tipos: ¿qué se puede esperar del mercado de deuda?

A pesar del panorama incierto, el mercado está preparado para nuevas subidas de tipos y sigue ofreciendo oportunidades para los inversores

La búsqueda de ingresos en el actual panorama económico se ha complicado, ya que la inflación en muchos de los principales mercados desarrollados se ha disparado a máximos no vistos desde la década de 1980.

A principios de año, creíamos que los niveles de inflación aumentarían a un ritmo más gradual, pero no ha sido así. Es cierto que los indicadores de transmisión de la inflación han sido más bajos, pero también lo es el hecho de que se ha producido un claro y creciente aumento de los precios. En este contexto, y tras un prolongado periodo de tipos de interés históricamente bajos en los principales mercados, los bancos centrales han comenzado a endurecer sus políticas monetarias, con la Fed liderando una subida global de tipos.

A diferencia de otros periodos de aumento de los niveles de inflación, ahora nos enfrentamos a una inflación impulsada por la oferta, lo que plantea un problema mayor para los banqueros centrales y sus posibles cambios de política. Aunque el panorama es difícil, una cosa es segura: los bancos centrales de los principales mercados están decididos a hacer frente al aumento de la inflación y, para ello, se están alejando gradualmente del enfoque más moderado, que dependía sobre todo de dónde esperaban que estuvieran los precios dentro de dos años.

Sin embargo, los bancos centrales, especialmente en la zona euro, no tendrán una tarea fácil, ya que no hay un camino claro tras la última subida del tipo de depósito del Banco Central Europeo de cero al 0,75%,anunciada el pasado jueves, y que supone el nivel más alto desde 2009. La deuda pública de varios países europeos es elevada, lo que puede limitar la capacidad de tomar medidas contundentes.

Los cambios en la política monetaria están afectando sin duda al espectro de la renta fija en su conjunto, y el mal comportamiento global del sector en agosto es prueba de ello. Con la subida de los tipos de interés, los rendimientos de las carteras de renta fija se han vuelto negativos para muchos inversores y estos rendimientos, o la falta de ellos, afectarán sin duda al apetito de los inversores. Aunque aumenta la cautela entre muchos inversores, que empiezan a aceptar que sufrirán pérdidas, seguimos siendo positivos a medio y largo plazo.

A lo largo de 2022, hemos visto un importante descenso en los volúmenes de emisión. En España han caído un 22% en el primer semestre y en la zona euro un 12,6% respecto al mismo periodo del año anterior. En los dos últimos años, muchos emisores han optado por ampliar los vencimientos de la deuda y anticipar las emisiones aprovechando los tipos comparativamente bajos de entonces. Otros, que no lo hicieron, están empezando a sentir la presión y la dificultad de intentar acceder al mercado de financiación. Un tercer grupo ha decidido retrasar sus planes de financiación y buscar alternativas, como reducir el capex u optar por otras opciones de financiación.

Ante este reto, las empresas están reevaluando sus planes de financiación e inversión. A pesar de esta ralentización del mercado a corto plazo, seguiremos viendo emisiones de deuda por parte de empresas de alta calidad, donde las tasas de impago están bien controladas. En un entorno de subida de los tipos de interés, estas empresas son capaces, a través de sus flujos de caja, de hacer frente a las obligaciones financieras derivadas del aumento del coste de su deuda.

En este difícil contexto se plantea la cuestión de si las empresas de todo el mundo están preparadas para nuevas subidas de tipos. La respuesta es sencilla: sí, están mucho mejor preparadas que en 2007 o que antes de la crisis de la deuda soberana. Los emisores se han apresurado a obtener duración en su financiación y han alargado la vida de su deuda en los últimos años. Un buen ejemplo es el principal índice bursátil español, el Ibex 35, donde la deuda de las empresas tenía una vida media de entre 3 y 5 años y ahora está más en el entorno de los 5-8 años.

Muchos inversores en deuda también están modificando sus carteras, centrándose cada vez más en propuestas de low beta para reducir los niveles de volatilidad en sus carteras. Teniendo esto en cuenta, los inversores se están alejando del high yield cuando buscan rendimientos superiores. Aunque la economía española se ve menos afectada por la exposición al gas ruso que la de algunos de nuestros países vecinos, los inversores están actuando con cautela tratando de identificar países o sectores que dependan de Rusia, especialmente de sus recursos naturales. En contra de la creencia popular, fue el mercado de deuda el que lideró las emisiones ESG, mientras que la renta variable tardó un poco más en adaptarse. Aunque la demanda de ESG ha aumentado considerablemente en los últimos años, con la subida de los tipos y la volatilidad mundial, las emisiones e inversiones ESG han perdido momentáneamente algo de fuelle. Sin embargo, el ESG está integrado en el Adn del sector, y las empresas están viendo sus beneficios, por lo que esperamos que vuelva a surgir con toda su fuerza una vez que los mercados se estabilicen.

Pedro Santamaria es Head of Debt Capital Markets de HSBC