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El arrastre de pies de Total en Rusia es un problema para los inversores

Se niega a decir que hará con sus activos en el país, quizás para evitar una expropiación, o para esperar a la normalidad

El jefe de Total, Patrick Pouyanne, en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (Rusia), en junio de 2021.
El jefe de Total, Patrick Pouyanne, en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (Rusia), en junio de 2021.

El director general de Total­Energies, Patrick Pouyanné, ha envuelto sus planes para Rusia en un velo de confusión. Desde el comienzo de la guerra en Ucrania, el gigante energético francés se ha negado a decir qué piensa hacer con sus activos en la industria rusa del petróleo y el gas. La incertidumbre debería ser una gran preocupación para los accionistas.

Pouyanné dijo en una reunión de inversores el mes pasado que Total se ha resignado a un futuro “sin Rusia”. Ese críptico comentario no sirve para que los inversores intenten descifrar el presente. Novatek, el grupo gasístico controlado por la oligarquía en el que Total tiene una participación del 19%, acaba de aprobar un dividendo a cuenta que, en teoría, da derecho al grupo francés a unos 430 millones de dólares en efectivo.

Total se ha negado a decir si recibirá el dividendo, que equivale a más del 2% de los beneficios previstos por el grupo en el segundo semestre de 2022, según las estimaciones de Refinitiv. Su derecho a percibir el dinero es incierto, ya que el presidente ruso Vladímir Putin ha prohibido a las empresas pagar dividendos a los extranjeros.

El pago de Novatek es solo una pieza del rompecabezas. A pesar de la guerra, Total recibió unos 1.700 millones de dólares de sus operaciones en Rusia en el primer semestre del año. Sus activos en el país incluyen también una participación del 20% en una planta de licuefacción de gas en Yamal, al noroeste de Siberia. El grupo francés ya ha hecho una provisión de 7.600 millones de dólares en relación con Rusia, rebajando el valor de su participación en Novatek y teniendo en cuenta el impacto de las sanciones en uno de sus yacimientos de gas en el Ártico. Pero a diferencia de otras grandes petroleras como BP, que ha anunciado la venta de su participación en el grupo petrolero controlado por el Estado Rosneft, Total no ha dicho nada sobre sus participaciones en Novatek.

El silencio puede reflejar la esperanza de Pouyanné de que su grupo pueda esperar y permanecer en el país hasta que se reanude la actividad normal. Eso sería ilusorio. Pero el jefe de Total también puede pensar que el silencio reduce las probabilidades de una expropiación por parte del Gobierno ruso, y que los antiguos vínculos amistosos de su grupo con el Kremlin, forjados en los últimos 20 años, le ayudarán a asegurarse un trato favorable.

Pero la incertidumbre es incómoda para los inversores. Los analistas de RBC calculan que los flujos de caja relacionados con Rusia deberían de ascender a 3.000 millones de dólares este año. Eso sugiere que podrían esperarse otros 1.300 millones en el segundo semestre. Los accionistas deberían saber si Pouyanné tiene una forma inteligente de mantener ese flujo de dinero.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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